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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento Técnicas de escritura

 

TEC Módulo VI La trama
Consigna T 5 A partir de los datos del inicio que se transcribe, organice una trama y escriba un relato. (Máximo 1 pág.).

El coronel volvió a abrirse paso, sin mirar a nadie, aturdido por los aplausos y los gritos, y salió a la calle con el gallo bajo el brazo.
Todo el pueblo ?la gente de abajo? salió a verlo pasar seguido por los niños de la escuela. Un negro gigantesco trepado en una mesa y con una culebra enrollada en el cuello vendía medicinas sin licencia en una esquina de la plaza. De regreso del puerto un grupo numeroso se había detenido a escuchar su pregón. Pero cuando pasó el coronel con el gallo la atención se desplazó hacia él. Nunca había sido tan largo el camino de su casa.


Todos dejaron de comprar los medicamentos y giraron sus cabezas hacia el general.

Todos esperaban noticias porque la epidemia del olvido estaba haciendo estragos. Calles con basura, olores nauseabundos, negocios con las cortinas cerradas, frutas y verduras podridas tiradas en las calles. Desesperación. Incertidumbre.  Desasosiego.Todos sentados mirándose la cara pidiéndose ayuda mutuamente, sabiendo que nadie podría ayudar al otro, porque todos estaban en igualdad de condiciones. El general sabía que su palabra era la que todos querían escuchar. Era como un sabio al que todos veneraban y esperaban que tenga siempre la respuesta para cada insignificancia diaria. Así, funcionaba la vida en ese paraje hace quinientos años. Había venido a dar la cara, tal como se lo aconsejaban sus principales consejeros, desde el asesor económico hasta el bufón del reinado. La felicidad era parte de un archivo bien guardado, de un pasado cercano y alejado a la vez en ese reino. Era como si esos tres días hubiesen borrado todo lo que habían vivido anteriormente los habitantes de Urunbundus o, sólo lo que podían recordar, como un truco de magia donde la memoria había desaparecido por completo culpa de esa epidemia del olvido.El general empezó su alocución y los ojos expectantes de los presentes esperaban oír cómo iba a solucionar la epidemia. El hombre fue sintético, dijo que había leído en un libro que eso ocurría cada doscientos años, y que justo les había ocurrido a ellos. Que duraba una semana. Que había que ser paciente, vivirlo como una experiencia reconfortante más, y que como toda experiencia debían registrarla para que otras futuras generaciones estén preparadas cuando regrese y no sufran demasiado los vestigios de la epidemia. Que había que tener fe y esperanza. Nadie se movió del lugar, se hizo un silencio gigantesco, que ningún hombre o mujer podía romper animándose ni siquiera a respirar. Un silencio que abrazó la atmósfera curiosa, un silencio que fue transformándose en la envoltura de la desesperanza, un silencio que fue dando lugar a las ironías, a la rabia, al odio, a las  puteadas, y al que nunca más nadie olvidaría. Sin embargo, el gallo osó romperlo cuando el negro con su culebra a cuestas se acercaban con la urgencia y sagacidad de alguien que sentía que su negocio se derribaba como un mazo de naipes. El kirikiki fue el inicio de la crónica de su final anunciado. La culebra lo engulló. Acto seguido, el negro dejó las palabras para pasar a la acción y atravesó un cuchillo en el corazón del general, que ya no daría ningún discurso más de esperanza y fe.El pueblo volvió a ese sonido inconfundible de la muchedumbre que está sola y expectante, esperando nuevamente otra respuesta.  Otra respuesta donde alguien les solucione la vida. Y el negro, les dijo:?Compren esta medicina. Con esto, se acabarán sus males.

 

 

El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez.

 

 


Copyright©Diego Salzman.  Enero, 2016

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