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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC EL CUENTO Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura

Escribir un relato que presente alguno de estos conflictos (Máx. 1 pág.):

 

• Personaje contra el destino.

• Personaje contra su propio instinto.

• Personaje contra la máquina.

 

 

Le voy a recordar lo que me acuerdo de aquel día y de tantos otros.¿Qué miran ingenuos niños? Era lo único en que pensaba todo el tiempo que pasaba ahí metida en la cueva del horror, cosiendo quince horas al día. Igual no tenía forma de escapar de esa cárcel. Ahí abajo, en el centro de la tierra, éramos veinte, quince trabajando y los cinco pibes que jugaban entre los cables como si fueran sogas para saltar. Me ponían nerviosa. Muy nerviosa. La ingenuidad de los niños podía ser más violenta que el maltrato de un jefe.

No sabía cuánto más podía aguantar en las penumbras, a veces sin tiempo ni para respirar. ¡Mi único deseo era un trabajo mejor! Pero antes tenía que escaparme. Como si habría sido fácil escapar de la esclavitud. Civilizaciones enteras murieron y, ahí abajo, sentía la ausencia de todos. Nos ignoraban a todos. En cambio, las ratas siempre vivían mejor que nosotros, ellas podían vagar libremente por las noches y trabajaban para sí mismo. Y encima, la gente compraba veneno o trampas para matarlas. O sea, se ocupaban de ellas. ¿Y a nosotros? Nadie nos buscaba. Eso era parte de mis monólogos cuando pensaba en escaparme, mientras no trabajaba. De repente, el encargado atendió el teléfono. Aproveché ese descanso para escribir con hilo la carta que usted tiene en la mano, mientras el tipo le rendía pleitesía a la Señora, la que compraba toda esa mercadería. Nunca la vimos, pero sabíamos que tenía una cadena importante de negocios de ropa. Perdón x escritura en ropa. Estamos esclavizados. 20 hacinados en 15 metros. Presos. Un alma caritativa. ¡Hagan algo! ¡No aguantamos más! ¡Sálvennos! Murguiando 1458, Mataderos. Gracias. Y Dios los libre y guarde. Después de escribir la carta caí rendida por los nervios a que me descubrieran y me dormí. Recuerdo el sueño que tuve. Me había transportado unos años atrás cuando confeccionaba prendas, me pagaban lo que yo quería, pero desde que habían aparecido esas máquinas industriales, había perdido toda forma de competir y ya nadie valoraba lo artesanal. La máquina fue reemplazando al arte de los hombres y fuimos perdiendo la autonomía de pensamiento. No podía hacer dos prendas iguales. La moda cambió eso, y veía que las personas querían vestirse igual, perder su identidad para parecerse al otro, dejando de elegir lo que querían ser. Pero aunque se vistieran iguales, siempre había pensado que sus pieles eran diferentes. Esa pesadilla me mostraba cómo fui perdiendo mis clientes, hasta que dejé de trabajar empecinada en mi idea. Eso fue lo último que me acordé de ese sueño cuando se hacía más real, en esos últimos instantes entre el sueño y el regreso a la conciencia. Me interrumpió el grito autoritario en mis oídos del encargado, quien me llamó para incorporarme y seguir laburando. “Otra noche más”, pensé. Culpa de esos niños que no paraban de jugar en la oscuridad del hacinamiento. No sé cómo hacían, pero sin juguetes ellos se las ingeniaban para gemir a la madrugada. Pendejos alienados al divertimento.El jefe me sancionó por dormirme en el horario de trabajo con la quita de diez centavos que me entregaban por prenda, por las próximas diez que hice. Y si repetía ese mal comportamiento, me iba a quitar el arroz del mediodía y el guiso de la noche. Luego de escuchar la sanción, le dije al encargado:?¿Por qué no te morís traidor hijo de puta? ?luego, seguí trabajando con esas remeritas todas blancas, iguales, para el Colegio de la Virgen Niña. Ese día me quedé sin arroz y sin guiso, pero la dignidad nunca tuvo precio para mí.Después, esta prenda se vendió y gracias a usted, hoy puedo comer este asado.

 

 

 

Copyright©Diego Salzman.  Diciembre, 2015

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