Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC EL CUENTO, Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo III. Decir y mostrar

Consigna D12 Combine cada uno de sus rasgos (prosopografía, etopeya) y escriba un texto en el que predomine el retrato. (1 página)


¿Uno es el mejor para conocerse? ¿O a cada uno de nosotros nos terminan o nos terminamos de conocer cuando dejamos de respirar? Como no creo en el Cielo ni en el Infierno, ya que mi hereje ateísmo no me lo permitiría, lo que queda de nosotros es nuestra esencia embalsamada en fotos, en palabras o en hechos que recuerden los cercanos de lo que fuimos o lo que intentamos ser. Esa es la eterna duda, “Ser o no ser”. Igualmente, a lo largo de nuestra existencia parecemos camaleones y nunca dejamos de sorprendernos.

El hecho de vivir en la ciudad de Santa Fe, me ha ido convirtiendo en un león salvaje que sólo se relaciona con la manada que elige y, por ello, sólo se interesa por lo que le pasa a los suyos. Así es cómo funciona la vida de los que nos levantamos todos los días con la obligación de cumplir el horario de trabajo y que tenemos el compromiso de pagar regularmente la soga de la hipoteca, la que disfruta de ahorcarnos el salario.Mis ojos son mi principal barrera en este mundo. Los que utilizo para vincularme con los demás. Del color verde de la naturaleza y transparentes hacia la hipocresía de saludar a cualquiera, evitando la falsedad que muchos utilizan. Nunca pude entender esa faceta que rasga las vestiduras de muchos y que con orgullo ejercen. Por encima de mi barrera, el cabello pensativo, bañado en el oro castaño de sueños, fantasías y utopías de un hombre nuevo y solidario, en un antagonismo extremo a quienes proclaman el individualismo y el dejar a la deriva al otro, a las garras del salvaje capitalismo. Por debajo, mis labios carnosos que simulan un erotismo volcánico, lleno de lava, listos para derramar y hacer gozar al extremo cuando tocan otros labios, los superiores o inferiores. Sin embargo, cuando mi cuerpo firme, acostumbrado a la musculatura del deporte que disfruté desde mi niñez, es poseído por la pasión de un tema que le cubre su agenda, mis perseverantes y entusiastas manos se revisten de gotas ansiosas de transpiración. No es que el miedo se apodera de mí, sino que mi mundo gira en torno a esa trama y esos movimientos de rotación y traslación los da con la seguridad de quien tiene un candado pero con  la convicción y la voluntad de tener la llave para abrirlo.Asiduo de camisas y jeans, estos nunca simulan la pulcritud de la plancha, a pesar de las constantes instrucciones que le doy a quien me ayuda con las tareas hogareñas. Por lo que resignado, lo hago por mi cuenta, le paso el metal caliente en una evidente intención de no necesitar el auxilio de nadie y, al final, logro que algunas partes de las prendas luzcan estéticamente alisadas. Sino tampoco me hago mucho problema, el orden, para los conservadores.Lo peor de mí sale cuando me huelen el perfume del rencor que expulso como un zorrino enojado, en contraste al perdón religioso que todo lo acepta y permite. Es tan pestilente ese jazmín que emerge de mí que me deleito envenenando a los traidores. Jamás podría permitirme entregar segundos de mi vida a esos liberales del bien.Pero todo rencor se diluye, y todo vuelve a empezar como el renacimiento que me transporta a mi rol de padre, cuando mis niños cierran sus indefensas persianas que iluminan mi universo, abrazándome y tomándome de la mano para dormirse, después de contarle historias de piratas, indios y granaderos que ellos se ilusionan vivir.

 

Copyright©Diego Salzman. Octubre, 2015

Todos los derechos reservados