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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC EL CUENTO Técnicas de escritura

 

 

(TEC) Módulo III. Decir y mostrar

Consigna D5 Escriba un texto en el que defina un personaje, respetando la brevedad, la concisión y la economía de palabras que advirtió en el fragmento de Los hermanos Karamasov. (1/2 pág.)

 


EL ÉBANO RONDINA

 

Curiosa vida la de Sergio, el ébano Rondina, pero más curiosa fue su muerte. Así, le decían porque su piel era negra y dura como el árbol y, además, curtida por la tortura de años a la intemperie en los algodonales cercanos a su ciudad de Tostado. A los dieciocho, se fue a Buenos Aires desafiando el destino de vivir sin el acoso de sus padres. Al llegar, la intuición para elegir de quien rodearse lo unirían a Curto, quien fuera su maestro, un sindicalista que había luchado en la Resistencia . Desde que se instaló allí, alquiló en casas ubicadas en las villas. Así, Sergio percibía cómo avanzaban o retrocedían los suyos, la clase obrera, a la que con orgullo pertenecía.

Fue creciendo en la vida gremial en los noventa, tenía la lucidez y el liderazgo que lo hacían un cuadro interesante para la burocracia del sindicato, y ese camino lo fue marcando con tipos sin escrúpulos que hacían de los negociados sindicales su idiosincrasia. Se relacionaba con ellos para saber cómo se movían sus opuestos. Es decir, los intimaba como quien trata a un vecino, con rigor y una mezcla justa de amabilidad, frialdad y soberbia, pero se cuidaba porque sabía que en cualquier momento podría ser traicionado por la espalda. O sea, Sergio prefería dignificar la honestidad de la lucha obrera y saboreaba sus actos cuando sus manos daban más de lo que recibían. Por ello, nunca quiso convertirse en un burócrata entreguista que relativizara la vida de los demás en beneficio de su gremio o en su propio beneficio.Sin embargo, cuando llegaban los viernes, él daba un vuelco considerable. Colgaba en el armario su vida austera y se compraba seis atados de cigarrillos Marlboro y dos Jack Daniels, de quienes no se separaba hasta que llegaba el domingo a la noche después de ir a la popular de Boca. En esa línea, se dejaba la barba que le crecía como una angustia desalineada. Y se calzaba las ojotas o pantuflas, según la estación del año, en un claro ejemplo de relajación de las responsabilidades sindicales a las que él se sometía. Si bien en la semana era reacio a mostrar su desmoronamiento, fue difícil para él tolerar como sus protegidos se iban quedando sin trabajo, y esos vicios le permitían velar su realidad. Nunca se le conoció una mujer. Llegó a decir que las relaciones sexuales era un entretenimiento para burgueses. Por eso, cuando la soga tirante del techo le envolvió su cuello como una anaconda enfurecida en su casa de la villa, nos sorprendió una mujer que goteaba a moco tendido a sus pies, y nos alegramos porque algunos considerábamos que él pateaba para el otro lado y vimos que, al final, el ébano era de los nuestros.

 

 

Copyright©Diego Salzman. Septiembre, 2015

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