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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC EL CUENTO Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo II. Adecuación, coherencia y cohesión 

Consigna A14 Redacte un breve texto en el que la técnica sea similar al fragmento de H. de Balzac. (1/2 pág.)

 

Carlos se acostó soñando recibir al día siguiente la bendición del matrimonio que fue a buscar a unos quinientos kilómetros a la ciudad de Avellaneda. Su futuro suegro le pasaba la lupa al recién llegado, constantemente, desde su vestimenta hasta cómo se dirigía hacia los demás cuando conversaba, cuántos vasos de vino tomaba, cuántas veces repetía los diferentes platos que le servían de comida, si agradecía, si pedía por favor. Esa minuciosidad le permitía catalogarlo como potable pretendiente de su hija y de su correspondiente herencia o bajarle el pulgar y hacerle la vida imposible hasta que el joven suicidara esa relación recién empezada. En esa estrategia, no había actos que pudieran llamarse impuros, todos eran justificados cuando se trataba de defender la propiedad privada conquistada por el ex Diputado Tassam y, más aún, cuando alguien osaba querer tomarle la leche al gato, o mejor dicho león, como éste se sentía.

Al otro día y cuando las agujan marcaban las cinco del domingo, el muchacho se levantó temprano como esas personas que tienen diagramado el cuerpo para madrugar todos los días a la misma hora. No era una cuestión biológica, sino que pensaba que dormir era una pérdida de oportunidades. Es más, descansar menos tiempo era una forma de ganarle temporariamente la pulseada a la muerte y, por ello, calculaba las horas que pernoctaba cada siete días, intentando superarse semana a semana como queriendo establecer récords de atleta deportivo en su esplendor. Carlos creía a la existencia como una secuencia aritmética, donde iba haciendo cálculos a cada paso que daba y cuando una circunstancia le traía dividendos, ganancias, rentabilidades era cuando se decidía a avanzar en los casilleros sinuosos del juego de la vida.Luego de bajar las escaleras, se dirigió a la habitación de su amada a despertarla ya que habían dormido separados, porque en esa época no era conveniente que los novios duerman juntos y menos en esa localidad que conservaba la lujuria de los buenos modales religiosos. Esto nuestro paciente protagonista lo sabía y trataba de no entrar en conflictos innecesarios ya que conocía que las posesiones que eran de su novia, en el futuro las disfrutarían juntos. Entonces, su ideología se iba acomodando a la nueva vida llena de banquetes, falsas sonrisas y sumisión al poder de su suegro, como esos malabaristas que recorren la delgada línea elástica de extremo a extremo y utilizan cualquier maniobra para seguir en esa senda.La habitación donde ella descansaba estaba al finalizar el corredor de los dormitorios, casi pegada a la pieza donde dormían sus padres. Carlos, pasó previamente por el baño, se lavó los dientes para darle el primer beso del día a su novia, para poder cumplir con el ritual que tenían los dos al empezar las jornadas, ya que no les gustaba sentirse con mal aliento para besarse y, de repente, escuchó unos gemidos. Leves pero evidentes gemidos de mujer, de goce, de estímulos recibidos en forma constante como si fuera la doma de una yegua que se resiste, pero que se termina ahogando a la resignación que produce el transe de salvaje a sometida. Carlos no quiso abrir esa puerta, quería cerrar sus ojos, pensaba que se le podía acabar el viejo anhelo de una vida de nobleza, pero no pudo hacerlo y se quedó, ahí, escondido, petrificado, como esperando una vuelta de hoja que le permitiera negar lo sucedido.Repentinamente, cuando salió el hombre del dormitorio de la novia, Carlos descubrió que era su suegro, quien al mirarlo le envió una sonora y cínica sonrisa a su yerno y ambos impartieron una orden militar a sus helados cerebros para compartir el cómplice, violento, incendiario, subversivo silencio de esa canonizada sexualidad fenecida.


Copyright©Diego Salzman. Septiembre, 2015

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