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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC EL CUENTO, Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I. La narración
Consigna LN 8 Escriba un relato combinando analepsis y prolepsis (1 página)

 
Era el primer día de clases. Ya había dejado la sala de profesores y caminaba hacia el salón de quinto año de la promoción dos mil dos. Un nuevo grupo se aproximaba a mis clases de historia y llegaba con la ilusión de siempre: entrar y ser recibido con entusiasmo. Antes de ingresar al aula, como cada año, siempre venía a mi mente la misma anécdota del grupo que finalizó sus estudios en el año noventa y ocho. Aquella vez, había vivido uno de los actos más horrendos de mi vida. Jamás podría olvidarlo aunque pasen años, lustros, décadas.

Recordé cómo una alumna nueva, oriunda de Paraguay, en su primer día de clases fue abucheada, insultada y lastimada por un grupo de mujeres que le recriminaba su acento a la salida del colegio y a la vista de todos los padres y alumnos que estaban mirando esa escena trágica. Cuando vi que la muchacha lloraba, me acerqué y reté a las chicas que la acosaban con vomitiva xenofobia gritándole injurias, insultos, ofensas de todo tipo sólo por ser paraguaya y las mandé que se retiraran a sus casas. Luego, le pregunté a la joven, tratando de tranquilizarla “¿Cómo te llamas?”. Ella me contestó que se llamaba Ramona. La levanté del suelo y la llevé a la Dirección a curarse las heridas que tenía esparcidas en su cara por los golpes que había recibido de otras niñas. Sí, de otras niñas. Increíble la violencia desatada por esas mujeres o, mejor dicho, bestias. Nunca había sentido tanta vergüenza ajena. Cuando terminé de aliviarle los dolores, ella me confesó que el problema había sido por un chico que era novio de una de ellas y que se había acercado a brindarle la bienvenida a la escuela. Y ahí, cuando la observé mejor, me di cuenta que, a sus diecisiete años, era una mujer muy atractiva y no había pasado desapercibida entre sus pares. A la media hora, la retiró su madre y, entre las dos, no pararon de agradecerme hasta que se fueron. Sólo había cumplido mi deber.Cuando me disponía a entrar al salón, en ese instante levemente anterior, elegí cambiar el tema de la jornada. Decidí enseñarles el concepto de Patria Grande, esa utopía que soñaron Bolívar y San Martín. En los años siguientes, esa denominación sería utilizada en forma asidua por los presidentes de nuestra región sudamericana, lo cual sería un deleite para todos los profesores que nos sentíamos identificados con la corriente revisionista socialista-latinoamericana o federal-provinciana.Al terminar esa clase, logré que el grupo se interesara por conocer un poco más a los próceres de nuestra historia, como lo eran los dos Libertadores de América. Había contribuido con mi granito de arena para que los estudiantes comprendieran que éramos iguales a nuestros hermanos americanos y que los pequeños matices que podíamos tener no nos hacían mejores o peores, sino tan sólo diferentes.



Copyright©Diego Salzman. Agosto, 2015

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