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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura

Consigna C 3 Escribir un relato que comience con la siguiente frase: "Cuando se acercó, se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver". Dé predominio a los acontecimientos y que el comienzo sea el final de la historia (analepsis). (Máx. ½ pág.)

Cuando se acercó, se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver, el olor no resistía la náusea y es así que Ajani corrió a orillas del río Congo para bendecirlo con el fruto de sus entrañas, sujetó su cabeza humedecida por el sudor y tironeó de sus cabellos intentando despertar, ahora estaba solo y lo único que pudo consolarlo fue el matiz violáceo del atardecer, entonces recordó aquellas tardes en las que Iana le traía rooibos calientes para reconfortarse luego del trabajo, el aroma penetró su corteza y por un momento se sintió en su hogar. Entrevió la carne enrojecida, no eran grandes amigos, es cierto, pero se tenían el uno al otro, inevitablemente, como una conspiración de seres únicos.

Se miró ondulante y de un manotazo desdibujó su rostro salpicando la única prenda que aún le quedaba. Cuestionó su decisión, se preguntó si salvar a esos animales justificaba la vida de su camarada. Entonces corrió tanto como pudo, su aroma era el rastro para aquellos criminales, casi sin aliento se detuvo bajo una raphia en donde reposó escasos minutos, bebió un poco de agua sucia al tiempo que su corazón se aplacaba y sintió como todo giraba a su alrededor. Ardía y sus extremidades se tornaron heladas, sintió frio. Su contexto de pronto había cambiado, todo le era familiar, desde el comienzo yacía en la tierra, entendió que se había extraviado hace unos días sin precisar cuántos y recordó el momento justo en el que lo había picado. Un insecto, el delirio, una muerte.

Se observó y vio a los perros a su lado.

 


Consigna C 4 Escribir un relato que presente alguno de estos conflictos (Máx. 1 pág.):

• Personaje contra el destino.

• Personaje contra su propio instinto.

• Personaje contra la máquina.


Se aproximó a la ventana, tras la distorsión se divisaba el camino marcado por un blanco que casi lastimaba los ojos, los árboles se perdían en la bruma y el paisaje se descomponía en pequeñas gotas. Una bocanada se amuralló contra el vidrio, el cigarrillo se anudó en sus dedos y su puño extinguió la brasa hasta penetrar la carne. No hubo dolor, ni emoción, su mirada seguía aislada, observando el afuera, la pureza, como queriendo huir de sí mismo. Lo necesitaba, indudablemente, incluso más de lo que hubiese querido, pero no podía permitirse alejarlo. Su debilidad era su compañía, su secreto humeante.

La casa estaba tibia y el contraste le recordó su propia agonía, se alejó tres pasos sin perder de vista el exterior, inclinó su torso hacia una pequeña mesa que había ubicado justo debajo de una mueca en la pared, las colillas competían con viejos papeles, sujetó medio cigarro y lo encendió. Avanzó los mismos tres pasos, a su vez pudo notar el cartel de “se busca” engrampado en el poste de luz, y no es que pudiera leerlo, es que hacia dos semanas estaba allí. Se analizó y creyó que no había remordimiento, que unas buenas pitadas eran la culminación del placer, entonces ¿qué lo sometía a la angustia?  Intentó compararlo a la última lágrima del sexo con amor, pero esa sensación le era ajena.

Muchas veces había atado sus manos, incluso intentó cortarlas, pero su deseo no resistía represiones. Atónito por la blancura del paisaje lloró, sin pestañear dio un giro, vio a la muerte correr por la mesada y una mano coagulada asomando por detrás de la puerta de la cocina. Se acercó lentamente, el olor a sangre se hizo penetrante, inhaló, como quien olfatea un exquisito perfume francés, se agachó y recogió uno de los senos del cadáver.

 


Consigna C 5 El primer texto, La habitación cerrada, pertenece a Paul Auster; el segundo es de mi autoría. Escriba otro en el que imite el estilo del escritor norteamericano, tome como parámetro el relato El reflejo, más abajo transcripto.

Tal vez una docena de veces o más fueron las que salí y volví a ingresar, en este punto no podría precisarlo.

La cafetera estaba tibia y presumía una borra pantanosa digna de ser vista o leída, como una guía espiritual para noctámbulos, pero ¿qué caso tiene presentar nimiedades? cuántos podrían interesarse en el insomnio que padezco… ¿Cuántos podrían continuar mis líneas? Quizá estamos más cerca de lo que creemos y es esa misma cercanía la que nos mantiene extenuados. Lectores autómatas. Una vez intenté seguir el hilo de la vida de un amigo que decía padecer la rutina, sus palabras exactas fueron las siguientes, “Me agobia caminar por la oficina tomando café”, no pude comprenderlo, no sentí empatía por su posición laboral y ciertamente su reflexión carecía de sabor. Estaba claro que no disfrutaba su trabajo o es posible que solo le faltara azúcar. Sin embargo, la opacidad detrás de su comentario me resulto análoga, advertí un padecer dilatado. Volví a ingresar.

A lo mejor, mi única certeza o aproximación a ella partían del absurdo. Mi mayor miedo; mi carencia, mi nada para el todo, un agotarse trascendental. La aceptación a una trágica incompatibilidad en nuestra existencia. Entonces, intenté responder mi propia pregunta “¿Cuántos podrían continuar mis líneas?”. Todo aquel que lo apetezca o si se alimentan, nadie.

 


Consigna C 5 El primer texto, La habitación cerrada, pertenece a Paul Auster; el segundo es de mi autoría. Escriba otro en el que imite el estilo del escritor norteamericano, tome como parámetro el relato El reflejo, más abajo transcripto.

Tal vez una docena de veces o más fueron las que salí y volví a ingresar, en este punto no podría precisarlo.

La cafetera estaba tibia y presumía una borra pantanosa digna de ser vista o leída, como una guía espiritual para noctámbulos, pero ¿qué caso tiene presentar nimiedades? cuántos podrían interesarse en el insomnio que padezco… ¿Cuántos podrían continuar mis líneas? Quizá estamos más cerca de lo que creemos y es esa misma cercanía la que nos mantiene extenuados. Lectores autómatas. Una vez intenté seguir el hilo de la vida de un amigo que decía padecer la rutina, sus palabras exactas fueron las siguientes, “Me agobia caminar por la oficina tomando café”, no pude comprenderlo, no sentí empatía por su posición laboral y ciertamente su reflexión carecía de sabor. Estaba claro que no disfrutaba su trabajo o es posible que solo le faltara azúcar. Sin embargo, la opacidad detrás de su comentario me resulto análoga, advertí un padecer dilatado. Volví a ingresar.

A lo mejor, mi única certeza o aproximación a ella partían del absurdo. Mi mayor miedo; mi carencia, mi nada para el todo, un agotarse trascendental. La aceptación a una trágica incompatibilidad en nuestra existencia. Entonces, intenté responder mi propia pregunta “¿Cuántos podrían continuar mis líneas?”. Todo aquel que lo apetezca o si se alimentan, nadie.

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Marzo, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.