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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI La Trama

Consigna T6 A partir de los datos del desenlace que se transcribe, organizar una trama y escribir dos relatos. (Máximo 1 pág., cada uno)

Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papeld e diario o una taza de leche, al Cielo.

Informe del cielo y del infierno, de Silvina Ocampo

 

Relato 1

Cuando se desbordaba, les daba con el palo de la escoba. Los hermanos padecían estoicos, acurrucados en el piso ajedrezado del baño. Luego a los manotazos, reducían el objeto de tortura y atajaban a su madre con brazos firmes. Esperaban hasta que los puñetazos y las patadas se fundían en un llanto desconsolado. Se quedaban dormidos y despertaban con los músculos y el alma exhaustos. ¿Cuántos episodios violentos tendrían lugar hasta la edad de emanciparse? ¡Si al menos hubiera habido modo de anticiparlos!

Ella los esperaba en la cocina, con un mate dulce recién hervido, con el que pretendía disuadirlos de callar sobre el tema. Ellos callaban para no alterar sus delicados nervios.

El padre de los hermanos trabajaba todo el día, por lo que quedaban a la buena o a la mala de la situación emocional de la mujer. Las visitas no anunciadas de su tío eran lo único que los libraba de los ataques. Como si ella no quisiera mostrarse tal cual era, se comportaba según lo esperado de una dueña de la casa, dispensándole las atenciones que como invitado le aplicaban.

Nunca la culparon. Y es que no puede uno dejar de querer a una madre, ni pensarla deseosa de hacer daño. Buscaron la razón de sus ataques de manera tenaz, durante años.

Póstumo a su funeral, se hallaban el padre y los hermanos, ya convertidos en hombres, honrando las pertenencias de la difunta, cuando el menor sopló la tapa polvorienta de una caja de madera pesada como el plomo y con la llave cosida a la cerradura por tupidas telarañas enmohecidas.

El padre arrojó un zarpazo rompiendo la llave en dos partes, una de las cuales quedó adentro de la cerradura. A continuación, otro zarpazo arrancó una lonja de piel del brazo que sostenía la caja. Los hermanos se acurrucaron sosteniendo estoicamente el tesoro.

—¡Estás loco! —gritó el mayor, al tiempo que alcanzaba con el brazo izquierdo el palo de escoba que asomaba por debajo del bargueño.

Huyeron con la caja de madera como todo equipaje. A salvo de cualquier atentado, fueron con el que oficiaba de cerrajero para que la abriera y rescatara de ser posible el pedazo de llave rota. Retornaron a su refugio y tras un parpadeo del mayor, levantaron la tapa. Encontraron una hoja de superficie ondulada por efecto de una humedad persistente. Las lágrimas habían borrado lo escrito casi por completo, pero lo que descifraron fue suficiente información para dar cierre a la búsqueda eterna: “AL INFIERNO” “HASTA LA TUMBA” “TE MATO” “NO SON MIS HIJOS”.

 


Relato 2

Las tazas blancas son artículos de bazar bastante corrientes: un café con leche más tres medialunas, viene en taza blanca; una lágrima y un cortado, también; cualquier casa más o menos conservadora tiene tacitas blancas en la alacena, para el café de los invitados.

Las que te dan cuando te morís, son blancas, y tienen en el fondo dos círculos que se intersectan y forman los conjuntos A, B y C: “A”, de Ascender al Cielo; “B”, de Bajar al Infierno y “C”, de Consuelo.

En contraria a las leyes matemáticas de los conjuntos, Consuelo no aloja casi elementos comunes entre A y B. De hecho, el 99,9% de los C van a parar a B –esto se le oculta a los fallecidos, para evitar reclamaciones e intentos de fuga hacia A–.  Para colmo, bastante polémica se armó cuando el Ángel administrativo de C, le dio por error su taza de leche a un recién llegado y, en consecuencia, tuvo que negociar con “El de Arriba”, la creación de un puesto  de trabajo que le  otorgara un lugar de pertenencia al damnificado –y que salvaguardara el suyo –.

El trabajo del Ángel administrativo es sencillo –por eso no se explica cómo pudo haberse equivocado –, pero… ¿qué sería del casicien, sin el error del Ángel?

La secuencia es así: llega un nuevo y deposita su taza en el escritorio del Ángel; a continuación, el Ángel vierte leche o café en la taza; cuando el novicio percibe que el contenido de su taza es aromático, descifra el carácter infortunado de su destino; estampillado, y al conjunto B; que pase el que sigue.

El día de la polémica, en lugar de esperar la hora en la que los ingresos son escasos o casi nulos, el Ángel adelantó unos minutos el momento de su refrigerio. Entonces apareció un trasnochado y, ¡zas!, el Ángel, desprevenido, le entregó su taza de leche y se quedó con el café. Decir que se espabiló e hizo un firulete con la mano, para evitar que los labios tocaran la taza, porque sino hoy estaría en el Infierno. En cuanto al trasnochado, ni cosquillas le hizo beber  la leche, porque evidentemente era un B definido –y perspicaz–; rompió la taza de café.

Las tazas  de reposición  no se consiguen -y el  puesto del Ángel  menos que menos-.

Desde ese día, el casicien es la mano derecha del Ángel, quien ya no agarra la taza ni para tomar.

 


Consigna T13 Escriba un texto en el que las aclaraciones no usen paréntesis sino comas. (Máx. 1/2 pág.)


El doctor Linares despidió jocosamente a su último paciente y volvió para sentarse sobre el escritorio. Con una torsión sonora del tronco alcanzó los cigarrillos, y saboreó la finalización de la jornada. Le fastidió mirar hacia la ventana y recordar que las cortinas tapiaban la vista por pedido expreso de uno de sus pacientes, el homofóbico: un caso florido.

Con el humo del segundo cigarro, arrancó el saco del respaldo del sillón y, antes de salir, se volvió para mirar las cortinas, que optó por dejar abiertas con deliberado desdén.

Se duchó para ir al espectáculo y sobre el aroma cándido del agua y del jabón atomizó una fragancia exuberante y exótica, aplicó una capa espesa de maquillaje en el cuello y en el rostro, borró las cejas y las transmutó en dos hileras de deslumbrantes strass. Poli irrumpió, atropellado por el impulso de la música.  —¿Qué hacés, diosa? Seguís vos, dejame que te ayude. —Ella se dejó ayudar.

Luego, nada más salir y ser otra. El público, de gusto sofisticado, celebró la puesta en escena. Y para alguien ella fue singular. Alguien suspiró: «¡¿Quién pudiera penetrar la mirada oculta bajo las costras maquilladas de sus párpados?!, ¡¿quién, recorrer la arquitectura audaz de sus pómulos?! ¡¿Quién osaría beber el carmesí turgente de su boca y besar el efluvio sugestivo de su escote?!». «¡Yo, yo lo haría!». Fantasías floridas pusieron a alguien en un asalto de excitante horripilación y así, conturbándolo incansablemente, lo arrastraron hasta el fin de fiesta.

En cuanto al doctor Linares, su semana pasó sin pena ni gloria; pacientes nuevos, algunas ausencias y señales de transferencia negativa en el homofóbico: el paciente le había consultado por la viabilidad de gestionar una derivación hacia otro profesional y siendo Linares muy docto en cuestiones del inconsciente, lo disuadió de sostener el tratamiento al menos por una semana más.

El jueves, después del segundo cigarro, tomó el saco y se volvió para verificar que las cortinas hubiesen quedado cerradas.

Alguien esperaba que singular apareciera, pero la fiesta llegó a su fin sin ninguna novedad.

Linares, sólidamente docto en cuestiones del inconsciente, comprobó a la semana siguiente que el proceso transferencial de su paciente homofóbico era ahora positivo de nuevo.

 


Copyright©Marina Falces

Febrero, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.