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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura

Consigna C 1 Reescribir A la deriva en primera persona (desde el punto de vista de cualquier personaje) y observar cómo se altera la historia. Justificar. (Máx. 1 pág.)

Sentí la vibración, la tierra me advirtió que algo se aproximaba. La tensión me puso en alerta, mi cuerpo macizo y pesado habló con el entorno, de pronto empecé a reptar intentando alejarme, la hierba aumentaba su crujir y las aves se alejaban como queriendo alertar a la selva, o tal vez solo fue el temor que me inducía a un sentido de sincronismo. El peligro.

Me alejé bastante, pero él se arrimó lo suficiente como para ponernos en jaque, ya no tuve alternativa, en otra situación mi temperamento me hubiese permitido agredir sin piedad ante el primer ruido, pero necesitaba hacerme invisible y ya no era posible, solo podía atacar. Me invadieron sentimientos de duda y sin pensar hinqué mis colmillos en algo blanduzco, enseguida la sangre brotó lenta y abultada, engrosándose dificultosamente. En cierto modo eso me calmó, el efecto no tarda demasiado, las toxinas empiezan a invadir los tejidos, y las defensas, como en otras oportunidades, se ocuparían de su muerte. Inmediatamente sentí una sacudida, el hombre se defendió, me preparé para la ofensiva, me enrollé y esperé el momento justo. De pronto sacó un machete de su cintura, sin duda ya había visto ese tipo de arma, aunque nunca el brillo había turbado mi vista, hundí mi cabeza en el centro de la espiral sabiendo que no tenía protección, el filo se acercó vertiginosamente, mis vértebras se separaron al instante.

Me observo desmembrada recapitulando lo ocurrido. Mi último momento de conciencia.

Estoy segura de que mis crías están a salvo.


Justificación: En este caso elegí representar a la yararacusú y mostrar la perspectiva de la otra muerte, su propia historia. El cuento original describe el suceso de la mordida de forma breve y concreta y con mayor detalle todas las etapas del personaje hasta su muerte. En este caso quise respetar eso invirtiendo el sentido, el desarrollo del miedo hasta la brevedad del momento de la muerte. Respeté algunas palabras y frases que consideré fuertes en el relato de Horacio Quiroga para generar analogía.

 


Consigna C 2 Escribir una historia en tono irónico, en tercera persona, desde el punto de vista de un animal doméstico, por ejemplo, un gato, un perro, un canario. (Máx. 1 pág.)

Desde esta perspectiva solo podía visualizar una bola de suave pelo blanco, tal es así que elaboré la necesidad de palparlo, sin embargo, nada detuvo mi euforia por echarle excremento. Digamos que su nombre es Patitas, llegó a esta casa una tarde en la que el sol se filtraba por mis barrotes dibujando rectas en el pulido piso de porcelanato, cuando ingresó, salto directo a las estrías que se distribuían dolorosamente, su cola oscilaba como el péndulo de un reloj antiguo y sus patas rascaban el piso queriendo desarmar cada una de esas inmundas líneas. Lo miré y por un momento imaginé que podía ser libre, el tiempo se detuvo sobre su cuerpo y mis ojos se posaron con fuerza, creí que podía poseerlo. Un velo de plumas me devolvió al momento en que Patitas se distraía con la alfombra de piel que bien podía ser su hermano, en ese momento pude notar que traía un collar azul, su cuello se veía tieso, también él era prisionero ¿cómo podía su torpeza disfrazar el contexto? Cómo podía gozar de esa ridícula alfombra.

Solía deleitarse con una media sucia preso de su inocencia y a la vez someterse a viles elogios.

Al caer la tarde, la libertad ingresaba por la ventana, los insectos se apoderaban del lugar y hacían de aquel sitio una fiesta, pero ese felpudo con patas quería asesinarla, asesinar el único vestigio de decencia que sonorizaba la casa, entonces corrió, corrió tanto como pudo, hasta que el olor a tierra húmeda invadió su olfato. De un salto sus patas se perfumaron de lluvia y su cuerpo giraba por el césped; al tiempo que su pelaje se tornaba oscuro, mis garras se aferraban al acero. Al entrar, cientos de huellas se distribuían dibujando un mapa de hazañas, de pronto un silencio de muerte invadió el espacio, el frio recorrió su cuerpo, pude sentirlo como mi fuera el mío, el miedo. Un chillido me desconcertó, una patada seca lo desplazó un metro, se acurrucó mirando mi esquina, tal vez hasta ese momento no me había notado y yo por primera vez me sentí a salvo.

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Febrero, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.