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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I  La narración

Consigna LN1 Ud. es un escritor consagrado; su hija le pide consejos acerca de cómo debe ser la escritura literaria. Escriba un texto epistolar en el que explique sus convicciones e intuiciones. Recuerde que Ud. quien previamente debe tener la representación mental y saberla transmitir a su destinatario.

 

 Bahía Blanca, 17 de julio de 2020

María Paz:

Hola, mi amor, ayer me quedé pensando sobre nuestra charla acerca de tus intenciones de iniciarte en el arte de escribir y sobre tu inquietud de cómo debería ser la escritura literaria. Mientras armaba mi contestación no he dejado de recordar tu avidez por la lectura ya desde temprana edad, como así también las horas compartidas releyendo algunos párrafos de Harry Potter mientras lográbamos conciliar el sueño. Me ha sido muy grato que hayas confiado en mí para hacerme esta consulta.

Primeramente, te daré el mismo consejo que recibió Josephine March por parte de su marido, seguramente te estará viniendo a la mente y se estarán formando los hoyuelos en tu bonita sonrisa. La escritura debe ser acerca de cosas que conozcas, tan tangible como tu casita de madera, la que construimos en el patio de la casa del abuelo. Cuando abordes sentimientos, soy de opinión que los mismos los debes haber experimentado. Particularmente a mí me ha sido muy complicado dedicar unas líneas a cosas que no he conocido, yo no he podido.

Paz, deberás encarar la escritura de forma concreta, concisa y te aconsejaría empezar con cosas breves. A papá siempre le ha gustado la prosa sencilla, con una rica descripción. Por ejemplo, la de García Márquez que logra hacerte transpirar cuando menciona a Macondo.  Particularmente en el relato coloquial de Eduardo Sacheri, he encontrado un espacio para revivir las vivencias de barrio, de mi infancia y de mi juventud.

No seas timorata cuando debas concluir tu obra. Tómate el tiempo necesario para revisarlo y que lo escrito sea coherente, que gramaticalmente sea correcto. Pero que dicha revisión no se torne en una constante e interminable enmienda en busca de la perfección. Este aspecto ha sido verdugo mío durante mucho tiempo.

Celebro que intentes iniciarte en la escritura, y deseo que en este camino encuentres la misma pasión y felicidad que has hallado en la lectura.

Te quiero mucho, papi.

 

 GONZALO GORDILLO

 


Consigna LN2 Seleccione a su criterio párrafos en Madame Bovary (G. Flaubert) y Eugene Grandet (H. de Balzac) y transcríbalos. Según definiciones convencionales, ambos autores pertenecen a la escuela realista. Justifique por qué los consideró realistas, una de las claves es la inferencia del narrador frente al hecho narrado.

Básese en el concepto de R. Barthes acerca de la falsedad de lo real en la escritura literaria. (max ½ pág. cada rexto)


Madame Bovary

[…] Estábamos en la sala de estudio cuando entró el director. Es seguido de un «novato» con atuendo pueblerino y de un celador cargado con un gran pupitre. Los que dormitaban se despertaron, y todos se fueron poniendo de pie como si los hubieran sorprendido en su trabajo. El director nos hizo seña de que volviéramos a sentarnos; luego, dirigiéndose al prefecto de estudios, le dijo a media voz:

-Señor Roger, aquí tiene un alumno que le recomiendo, entra en quinto. Si por su aplicación y su conducta lo merece, pasará a la clase de los mayores, como corresponde a su edad.

El «novato», que se había quedado en la esquina, detrás de la puerta, de modo que apenas se le veía, era un mozo del campo, de unos quince años, y de una estatura mayor que cualquiera de nosotros. Llevaba el pelo cortado en flequillo como un sacristán de pueblo, y parecía formal y muy azorado. Aunque no era ancho de hombros, su chaqueta de paño verde con botones negros debía de molestarle en las sisas, y por la abertura de las bocamangas se le veían unas muñecas rojas de ir siempre remangado.Las piernas, embutidas en medias azules, salían de un pantalón amarillento muy estirado por los tirantes. Calzaba zapatones, no muy limpios, guarnecidos de clavos.  […]

[…] Comenzaron de nuevo a amarse. Incluso, a menudo, en medio del día, Emma le escribía de pronto; luego, a través de los cristales, hacía una señal a Justino, quien, desatando rápido su delantal, volaba hacia la Huchette. Rodolfo venía; era para decirle que ella se aburría, que su marido era odioso y su existencia espantosa. -¿Qué puedo hacer yo? -exclamó él un día impacientado. -¡Ah!, ¡si tú quisieras!... Estaba sentada en el suelo, entre sus rodillas, con el pelo suelto y la mirada perdida. --¿Y qué? -dijo Rodolfo. Ella suspiró. -Iríamos a vivir a otro lugar..., a alguna parte...

-¡Estás loca, la verdad! -dijo él riéndose-. ¿Es posible? Emma insistió; Rodolfo pareció no entender nada y cambió de conversación. Lo que él no comprendía era toda aquella complicación en una cosa tan sencilla como el amor. Emma tenía un motivo, una razón, y como una especie de apoyo para amarle. En efecto, aquella ternura crecía de día en día, a medida que aumentaba el rechazo de su marido. Cuanto más se entregaba a uno, más detestaba al otro; jamás Carlos le había parecido tan desagradable, con unas manos tan toscas, una mente tan torpe, unos modales tan vulgares como después de sus citas con Rodolfo, cuando se encontraban juntos. Entonces, haciéndose la esposa y la virtuosa, se inflamaba ante el recuerdo de aquella cabeza cuyo pelo negro se enroscaba en un rizo hacia la frente bronceada, de aquel talle a la vez robusto y elegante, de aquel hombre, en fin, que poseía tanta experiencia en la razón, tanto arrebato en el deseo. Para él se limpiaba ella las uñas, con un esmero de cincelador, y se maquillaba con tanto cuidado y se ponía pachulíl en sus pañuelos. Se cargaba de pulseras, de sortijas, de collares. Cuando él iba a venir, llenaba de rosas sus dos grandes jarrones de cristal azul, y arreglaba su casa y su persona como una cortesana que espera a un príncipe. […]


Eugenia Grandet

[…] Aquella alegría familiar en el salón gris mal alumbrado por dos velas; aquellas risas acompañadas por el ruido de la rueca de Nanón y que sólo eran sinceras en los labios de Eugenia y de su madre; tanta pequeñez unida a tan grandes intereses; la pobre muchacha que, semejante a ciertos pájaros, víctimas del elevado precio que les asignan y que ellos ignoran, se hallaba acosada, colmada de falsas pruebas de afecto; todo contribuía a dar a la escena un triste acento cómico. ¿Por ventura tiene la menor novedad? ¿No es una escena de todos los tiempos y de todos los lugares, sólo que reducida a su más simple expresión? La figura de Grandet dedicado a explotar la fingida devoción de las dos familias y sacarles todo el jugo posible, dominaba aquel drama y le alumbraba con vivísima claridad. El dios Dinero, el único dios moderno, aparecía allí con todo su poder. A los dulces sentimientos de la vida no les quedaba más que un lugar subalterno; sólo hallaban asilo en tres corazones puros: el de Nanón, el de Eugenia y el de su madre. ¡Cuánta ignorancia, para preservar su ingenuidad! Eugenia y su madre no sabían nada de la fortuna de Grandet; juzgaban de la vida a la luz de sus pálidas ideas; no apreciaban ni despreciaban el dinero a fuerza de estar acostumbradas a prescindir de él. Sus sentimientos, heridos sin que ellas mismas lo advirtiesen, pero vivaces, así como el secreto de sus existencias, las convertía en algo aparte de aquellas gentes cuya vida era puramente material. ¡Horrible condición la del hombre! No hay una sola de sus dichas que no esté. edificada sobre una ignorancia. En el momento en que la señora Grandet ganaba un lote de diecisiete sueldos, el mayor que se había apostado en aquella sala, y que la gran Nanón reía feliz, viendo como su señora embolsaba semejante suma, sonó el picaporte con tal violencia que las mujeres se sobresaltaron […]


Justificación

Los párrafos en ambas obras intentan una reproducción cercana a los detalles de la realidad. En ellos se utilizan gran cantidad de descripciones. Las mismas robustecen el relato con la utilización de detalles, superfluos por momentos, pero que dan cuenta del lugar, sus personajes y las cosas.

Los párrafos reflejan la realidad individual y social en el marco histórico. Ambos párrafos observan un criterio de realidad, pero coincidiendo con el semiólogo Roland Barthes, dicha realidad jamás podrá ser reproducida de manera idéntica. Siempre queda algo dispuesto al azar de la imaginación o percepción.

Otros aspectos que he observado en los párrafos y que se condicen con el realismo es la ausencia de escenarios exóticos. Que el tema central de ambas obras son los problemas sociales planteados desde una óptica burguesa y materialista.

 


Consigna LN4  Tome los ejemplos más arriba citados (tiempo del relato y tiempo de la cosa contada), redacte dos textos ( máx, cada uno de ellos, ½ pág). Uno de los textos deberá ser el tiempo del relato y el otro la cosa contada.


TIEMPO DEL RELATO

El mediodía frío de aquel feriado invitaba a degustar una vez más del rico locro de la abuela. Aquel veinticinco de mayo del año dos mil lejos estaría de ser una fecha más, al menos para mí. Y no se bien por qué, no me lo pregunten, porque arriesgo a decir que quizá no podría responderlo.

Me acuerdo como si fuese hoy, almorzábamos religiosamente cada cual en su lugar, así se estilaba. Era como si todo fuese un ritual, una celebración protocolar hasta por momentos, donde normalmente las mujeres auspiciaban de cheff, metre, y maestro de ceremonia.

-¿Vas a la cancha? Me dijo mi abuelo. En el diario dicen que vuelve a jugar Quijano. José Luis había sido un gran gambeteador, uno de los mejores que yo había visto luciendo los colores de Rosario Puerto Belgrano.

-Ahora que me decís, terminamos de almorzar y salimos para Bahía, ¿Querés  venir?,  le dije guiñándole un ojo.

-Va a estar fresco, lo escucho por la audición deportiva.

Terminado el almuerzo salí para el estadio, iba escuchando la previa, estaba que me moría de ansiedad, “el Pepe” llevaba ya unos años retirado pero seguía en buena forma. Era tanta la alegría, los recuerdos que regresaban que sin duda esa tarde no sería una tarde más.


TIEMPO DE LA COSA CONTADA

Gervasio caminaba a través de la escasa luz de calle Irigoyen, llevaba una ajetreada parka combinando con la boina le daban protección del frío. Tranquilidad de pueblo, pensó, caminar por la madrugada en una soledad absoluta, con el frío que le daba en el rostro. En su lento andar, daba grandes bocanadas a un cigarrillo, garabateando formas que se disipaban en el denso rocío del ambiente. Una agradable sonrisa se le dibujaba en el rostro, mientras su ligera marcha avanzaba rumbo a la estación de servicio de la pequeña ciudad.

¿Iría por cigarrillos o tan solo el café que tanto amaba? Ese brevaje fuerte, aromático, que solía aliarse en favor del insomnio durante sus solitarias noches. No dejaba de sonreir mientras era atendido, en su mente se mantenía un constante devenir de números y de colores. Aquellas representaciones le acercaban tanta felicidad como el calor que le propinaba el vaso de café a sus congeladas manos.

Una inmensa tranquilidad le ahondaba, había tenido una de esas noches donde la suerte le había acertado tres plenos en la ruleta del casino y ya nada lo aquejaría, por lo menos en lo inmediato.

 

 

 Consigna LN5 Evoque algún recuerdo, utilice el recurso de analepsis, y redacte una narración base. (1/2 pág)

El cortejo no era seguido por una multitud, pero contaba con un imponente marco. El agua nieve en el aire tajeaba los rostros, el avanzar era lento y penoso. El paisaje conformaba una postal que me será muy difícil olvidar. Aquel invierno crudo y el atardecer lúgubre de aquel once de agosto del año dos mil tres cubrían de tristeza el entorno.

Los que lo acompañaban “al mingo” en su recorrida final no eran de su generación, pues aquella gloria del básquet se iba con sus nueve décadas. Aún así todos lo conocían, todos alguna vez habían oído alguna anécdota. Algunos de ellos, ex jugadores también que en sus años mozos soñaran poder driblear como él o arrojar sus  certeros pases y porqué no tal vez con tener su carisma para encantar a la tribuna.

-Me quiero ir, había dicho en sus últimos momentos de soledad. Estoy solo.

Frente al sepulcro, el sacerdote lo despidió en cauta ceremonia, siendo él mismo quien empezara a vitorear como en los años cuarenta, mientras todos coreaban emocionados “vea, vea, vea no se tan tarado y vea como juegan los bichitos colorados. Y dale y dale y dale mingo dale”. Yo mientras tanto secaba mis lágrimas y mirando al cielo despedía a mi querido abuelo.

 


Consigna LN6. Escriba un relato en que la narración base sea breve y la analepsis extensa (1/2 pág)

El partido había sido reñido, trabado y de mucha presión en la mitad del campo. No era nuestro estilo, lejos estaba de serlo, pero las cosas se habían dado así. El juego exquisito, y las destrezas individuales estaban opacadas, se habían ausentado, al menos en aquella ocasión.

Se acercaba el epílogo, íbamos un gol abajo y la sensación era que no se nos escapaba, no esa vez, nuestras novias allí estaban expectantes. El clásico de la capilla Cristo Rey, presenciaba un capítulo más entre ellos y nosotros.

Ricardo Jacinto Úbeda, árbitro controversial si los había, a falta de dos minutos nos pita un penal, posiblemente porque al “Petro” le habían propinado semejante patada en la tibia, o a lo mejor porque el hijo del juez era de nuestro equipo.

-Déjenmelo a mí, dije, agarrando la pelota. La acomodé lentamente, miré a la tribuna, y avanzando con mucha decisión estrellé el balón contra un poste yéndose así toda ilusión.

Pero esta vez no me pasará, ya entrado en años y con la pelota en frente, observo al arquero agazapado. Avanzo hacia el balón, ya no miro a nadie, solo importa lo que vendrá, un impacto certero, el roce de la bola contra la red y mi carrera interminable a abrazar la bandera tricolor con los colores de mi club.

 


Copyright©Gonzalo Gordillo

Agosto, 2020.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor