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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I La narración

Consigna LN 1 Ud. es un escritor consagrado; un amigo/a, o un discípulo/a, o un hijo/a le pide consejos acerca de cómo debe ser la escritura literaria.  Escriba un texto epistolar en el que explique sus convicciones e intuiciones. Recuerde que es Ud. quien previamente debe tener la representación mental y saberla trasmitir a su destinatario.  Tome como ejemplo la carta de R. M. Rilke. (Máximo 1 pág.)


Estimado amigo:

No tengo la menor idea de cómo debe ser la escritura literaria. No me siento capaz de ser para ti un seguro tutor en estas artes. Bien sabes que he dedicado demasiados años a lidiar con las matemáticas y otras ciencias de la exactitud como para ahora, a esta edad y sin formación pretender aconsejar o zanjar tus inquietudes. Un observador diría que escribo por no hallar otro asunto de interés, intentando llenar el vacío de estas horas jubilado. Quizás aventuraría, además, que lo hago para volcar mi memoria en algo más confiable que unas viejas neuronas. Ambas hipótesis son correctas. Pero no abarcan ni de cerca la verdad. Considerando cierta la imagen de la consciencia como la punta de un grávido iceberg de bullente inconsciencia, podría decir que el torrente de su deshielo me impele al papel. Debo escribir. Necesito hacerlo para obtener la serenidad suficiente que permita mi descanso en un calmo gozo.

¿Tú tienes algo que decir? Hazlo. Involúcrate en ello. Pon más que tu razón. Pon tus palabras. Tus emociones. Tus vínculos. Desnúdate. No lo narres imparcialmente, como quien lista las órdenes de un menú. Deja en ello tus tripas. ¿Piensas en los lectores, en cómo recibirán tu obra? No está mal. Pero me remite a aquellos que con tal de pertenecer usan la máscara apropiada. Lo he hecho. Es frustrante pretender complacer a costa de quien se es. En esto no sé ayudarte. La mayor parte de aquello que narro no será de utilidad ni de placer para nadie. Solo para mí, que al releerlo hallo rumbos delineados para mi propia vida, revelaciones, profecías. A veces me pregunto si no he sido tan solo la mano ejecutora de otras voces pues me maravilla descubrir lo que he hecho, sobre lo que no hallo una explicación apropiada. Ya no la busco. Sólo hago silencio. Contemplo. Presto atención. Por momentos nada sucede. En otros, ya no soy y soy al mismo tiempo. Mi derredor no me circunda, sino que está en mí. Yo lo contengo. Lo sé todo. Lo comprendo todo. No puedo retenerlo. Estallaría de júbilo. Eyecto palabras sin conciencia por tiempos sin medida. Otras veces se trata sólo de ordenar ideas, vivencias. Lo que inicia con serenidad toma el rítmico vaivén en alta y baja de la mar. Lo que empezó como tarea objetiva de registro adquiere contornos de ficción. Pero que mayor ficción que la materia, la innegable solidez de todo cuerpo que tan sólo es energía en estados bajos de vibración, tan hueca y vacía como el abismo que nos separa del Sol.

Amigo mío puedo darte un único consejo: si te hace feliz, hazlo, sin esperar por ello beneplácito ni aplausos. Si llegan, en buena hora. Si no, haz sido dichoso.

 


Consigna LN 2 Seleccione a su criterio párrafos en Madame Bovary (G. Flaubert) y Eugene Grandet (H. de Balzac) y transcríbalos. Según definiciones convencionales, ambos autores pertenecen a la escuela realista. Justifique por qué los consideró realistas, una de las claves es la inferencia del narrador frente al hecho narrado.  Básese en el concepto de R. Barthes acerca de la falsedad de lo real en la escritura literaria. (Máx. ½ pág. por cada texto).


“Nunca Madame Bovary estuvo tan bella como en esta época: tenía esa indefinible belleza que resulta de la alegría, del entusiasmo, del éxito, y que no es más que la armonía del temperamento con las circunstancias. Sus ansias, sus penas, la experiencia del placer y sus ilusiones todavía jóvenes, igual que les ocurre a las flores, con el abono, la lluvia, los vientos y el sol, la habían ido desarrollando gradualmente y ella se mostraba, por fin, en la plenitud de su naturaleza. Sus párpados parecían recortados expresamente para sus largas miradas amorosas en las que se perdía la pupila, mientras que un aliento fuerte separaba las finas aletas de su nariz y elevaba la carnosa comisura de sus labios, sombreados a la luz por un leve bozo negro. Dijérase que un artista hábil en corrupciones había dispuesto sobre su nuca la trenzada mata de sus cabellos: se enroscaban en una masa espesa, descuidadamente, y según los azares del adulterio, que los soltaba todos los días. Su voz ahora tomaba unas inflexiones más suaves, su talle también; algo sutil y penetrante se desprendía incluso de sus vestidos y del arco de su pie. Carlos, como en los primeros tiempos de su matrimonio, la encontraba deliciosa y absolutamente irresistible.”


El texto es una descripción lenta, minuciosa, dedicada a resaltar los detalles. El narrador infiere las emociones de Emma y de su esposo Carlos a partir de lo que observa como rasgos objetivos. A pesar de que pretende mostrarse como un narrador omnisciente objetivo, alejado de la trama, su subjetividad se expresa en el recorte de ambiente y personajes, pero sobre todo en las emociones que narra como subordinadas a los efectos corporales que produce (mayor belleza, rubor, emanaciones, adelgazamiento del talle)

Emma es una mujer normal. No es una diosa o una princesa. Una mujer con la que puede identificarse cualquier otra, no contemporánea.

El realismo se atribuye al modo de abordar la redacción en la que el narrador se sitúa como un observador imparcial del ambiente y los personajes, dedicado a observar y contar la sociedad con un estilo sencillo, sobrio, coloquial, estudiando el ambiente y los personajes como si los estuviera diseccionando en un laboratorio.

 


“¡Al pie de la cuesta, pasado el puente, comienza una calzada plantada de jóvenes chopos temblones, que lleva directamente hasta las primeras casas del pueblo! Éstas están rodeadas de setos, en medio de patios llenos de edificaciones dispersas, lagares, cabañas para los carros y destilerías diseminadas bajo los árboles frondosos de cuy as ramas cuelgan escaleras, varas y hoces. Los tejados de paja, como gorros de piel que cubren sus ojos, bajan hasta el tercio más o menos de las ventanas bajas, cuyos gruesos cristales abombados están provistos de un nudo en el medio como el fondo de una botella. Sobre la pared de yeso atravesada en diagonal por travesaños de madera negros, se apoya a veces algún flaco peral, y las plantas bajas y las puertas tienen una barrera giratoria para protegerlas de los pollitos, que vienen a picotear en el umbral, migajas de pan moreno mojado en sidra. Luego los patios se estrechan, las edificaciones se aproximan, los setos desaparecen; un haz de helechos se balancea bajo una ventana en la punta de un mango de escoba; hay la forja de un herrador y luego un carpintero de carros con dos o tres ejemplares nuevos fuera invadiendo la carretera. Después, a través de un claro, aparece una casa blanca más allá de un círculo de césped adornado con un Amor con el dedo colocado sobre la boca; en cada lado de la escalinata hay dos jarrones de hierro; en la puerta, unas placas brillantes: es la casa del notario y la más bonita del país.”


Nuevamente una descripción lenta, minuciosa, objetiva. Como si se tratara de un informe de situación. Describe el pueblo de Ruan, uno más de tantos de la campiña francesa. No hay nada mágico ni maravilloso en el ambiente elegido para el desarrollo de la trama. Puede extrapolarse la descripción a los pueblos de campiña de cualquier otro lugar. El lector podría reconocer su cotidiano en ello. Muchas enumeraciones. Subordinación de ideas. Lenguaje directo, sencillo, llano.

 


-¿Cree usted que para ser agrónomo es necesario haber cultivado la tierra por sí mismo o engordado aves? Lo que hay que conocer, más bien, es la constitución de las sustancias de que se trata, los yacimientos geológicos, las acciones atmosféricas, la calidad de los terrenos, de los minerales, de las aguas, la densidad de los diferentes cuerpos y su capilaridad, ¿qué sé yo? Y hay que conocer a fondo los principios de la higiene, para dirigir, criticar la construcción de las obras, el régimen de los animales, la alimentación de los criados, ¡es necesario, señora Lefrançois, dominar la botánica, poder distinguir las plantas!, ¿me entiende?, cuáles son las saludables y las deletéreas, cuáles las improductivas y cuáles las nutritivas, si es bueno arrancar aquí y volver a plantar allá, proteger unas y destruir otras; en resumen, hay que estar al corriente de la ciencia por folletos y publicaciones, estar siempre atentos para indicar las mejoras.”


Tomé este párrafo de un diálogo para poner en evidencia otra característica del realismo literario: la exaltación de las ciencias, en especial las ciencias exactas y naturales. la incorporación en la narración de situaciones que explican la época – sus males, sus contradicciones, sus expectativas, las posibilidades que ofrece la técnica y la ciencia aplicada -, como un modo también de educación de los lectores (se me ocurre a mí). Se observa aquí a personajes comunes: de clase media el farmacéutico que explica su posición; de clase baja la Señora Lefrancois, la mesonera que descree de la habilidad de un estudioso para plantear mejoras a la agricultura en las reuniones de toma de decisiones de la comunidad. Una situación que habrá sido muy habitual en el siglo XIX y que continúa observándose en toda sociedad: la tensión ante el cambio entre aquellos con posiciones más conservadoras del status quo y los progresistas, que intentan ejecutar nuevos modos de acción. Esa conversación narrada por Flaubert podría bien describir las que se dan hoy en Formosa entre los campesinos y los técnicos del INTA.

 


“Una vez en él abrió no sin viva emoción de placer, el cajón de una antigua cómoda de encina, de las obras más hermosas de la época, llamada del Renacimiento en la cual se veía aún la famosa salamandra real. Cuando hubo abierto el cajón, Eugenia sacó de él una bolsa de terciopelo rojo procedente de una herencia de su abuela, y después se dedicó a hacer la olvidada cuenta de su pequeño peculio. Primeramente sacó veinte portuguesas, nuevas aún, acuñadas bajo el reinado de Juan V, en 1725, y que valían, según decía su padre, ciento sesenta y ocho francos, teniendo en cuenta la escasez y belleza de tales monedas, que relucían como soles. “Item” cinco genovesas, o monedas de cien libras de Génova, también muy raras, cuyo cambio estaba al ochenta y siete, pero por la cual daban cien francos los numismáticos. Estas proveían del anciano señor Bertelliere. “Item” tres cuádruplos de oro españoles de Felipe V, acuñados en 1729, de la señora Gentille, la cual, al regalárselos, le decía siempre la misma frase: “Esta monedita amarilla vale noventa y seis francos; guárdala bien, hija mía, que será la flor de su tesoro”. “Item”, lo que su padre estimaba más; cien ducados de Holanda, acuñados en 1756…”


En “Eugene Grandet. Los avaros de provincia” también las descripciones son demasiado largas y detalladas. Este párrafo dedicado a las monedas, “su tesoro”, con tal detalle que resulta agotador, tiene en sí la importancia de exaltar la fascinación o la obsesión por ellas. La avaricia queda clara, aunque en este caso no me parece presentada como una debilidad de carácter o vicio. No lo tengo claro por no haber leído todo el texto, pero creo que lo presenta más como una conducta devenida de la época ante las penurias y necesidades pasadas por largos tiempos de escasez. Si fuera así, se trataría de una característica del recorte o el abordaje de las letras realistas: describir la sociedad. Intuyo, desde un sesgo contrario a la moralina sobre las virtudes. Su subjetividad se expresa en la expiación que da a los personajes cuyas conductas los acercan a una moral más fundada en la objetividad, el sentido común y el materialismo que en los dogmas religiosos.

 


“Nanón hilaba, y el rumor de su rueca fue el único que se oyo bajo las grises vigas de la sala.

-Lo que es hoy, poco cansamos la lengua?dijo la criada mostrando sus dientes blancos.

-Es preciso no gastar nada, ni aún la lengua?respondió Grandet saliendo de sus meditaciones.

El avaro veía en perspectiva ocho millones al cabo de tres años, y bogaba ya por aquel inmenso océano de oro.

-Acostémonos, que ya es hora. Yo iré a darles las buenas noches a mi sobrino por todos y a ver si quiere tomar algo.

La señora Grandet se quedó en el descansillo del tercer piso para oir la conversación que iba a tener lugar entre Carlos y su marido. Eugenia, menos tímida que su madre, subió dos peldaños más.


En este párrafo nuevamente se expresa la carencia en la que parece vivirse, y los sueños o esperanza de grandeza como fruto del trabajo, para más adelante. Realismo. Descripción detallada de las situaciones del mundo físico, del mundo social y cultural.

Lenguaje llano, coloquial, directo. Registro del habla popular de la época. Hace uso de los diálogos para mostrar los perfiles de los personajes. Estos son comunes y corrientes, son descriptos como un testimonio de la época.

 


Consigna LN 3 Transcriba los párrafos que eligió, luego redacte dos textos literarios imitando el estilo de uno y de otro. (Máx. ½ pág. cada texto).

1.

Párrafo de “Madame Bovary”

-¿Cree usted que para ser agrónomo es necesario haber cultivado la tierra por sí mismo o engordado aves? Lo que hay que conocer, más bien, es la constitución de las sustancias de que se trata, los yacimientos geológicos, las acciones atmosféricas, la calidad de los terrenos, de los minerales, de las aguas, la densidad de los diferentes cuerpos y su capilaridad, ¿qué se yo? Y hay que conocer a fondo los principios de la higiene, para dirigir, criticar la construcción de las obras, el régimen de los animales, la alimentación de los criados, ¡es necesario, señora Lefrancois, dominar la botánica, poder distinguir las plantas!, ¿me entiende?, cuáles son las saludables y las deletéreas, cuáles las improductivas y cuáles las nutritivas, si es bueno arrancar aquí y volver a plantar allá, proteger unas y destruir otras; en resumen, hay que estar al corriente de la ciencia por los folletos y publicaciones, estar siempre atentos para indicar las mejoras.”

 

-Weepiuuu… te estoy hablando nicó, prestá pué atención che.

El hablante es el kinesiólogo del poblado de frontera con Paraguay. Un gringo al que llaman “kurepí”, sobrenombre despectivo que refiere a los “argentinos” de piel blanca como el chancho, que se expresa de este modo con el fin de ser socialmente aceptado entre los criollos aparaguayados de este lado del Pilcomayo. Alto, fornido. La tez excesivamente clara denota su ascendencia alemana. Bucles de varias tonalidades de rubios, como la barba de tres días, enmarcan un rostro sereno, inteligente, cuya seguridad en sí mismo se trasluce en la sonrisa franca apenas esbozada –que hace juego con los destellos amarillos de sus ojos verdes? en el porte derecho con el mentón apenas levantado, los brazos en jarras y el total desapego por mostrarse ilustrado.

-Peina. Si te estoy oyendo pué. Pero qué ta me va curá la maquinita esa. Vo me hacé caminá y caminá nomás ahí en tu cinta esa. Cómo me via curá así.  Cuando me voy me enduele todo otra vé. Por eso te digo, me refriego bien esa mi pierna con el mejunje que me preparé: un espiral bien molido en alcohol y listo. Con eso bien frizionado todo, ya tá. Si é caliente, enmejor. Pa qué nico via seguir pagando con papelito esto de vení acá a caminá no más. Explicame un poco aver? el anciano de músculos turgentes por el trabajo rudo de toda la vida en el monte a temperaturas que hacen huir a las hormigas, no se resigna a que un “dotor” no sea un maduro señor que peina canas y habla difícil. A esos sí los respeta.


2.

Párrafo de “Eugene Grandet. Los avaros de provincia”

“Viñeros, propietarios, comerciantes en madera, toneleros, posaderos, marineros, en una palabra, todos están allí al acecho de un rayo de sol, y al acostarse tiemblan pensando que al despertar pueda encontrarse todo helado; temen la lluvia, el viento, la sequía, y quieren agua, calor y nubes a su gusto. En aquel país hay una lucha constante entre el cielo y los intereses materiales, y el barómetro entristece y alegra sucesivamente la fisonomía de sus habitantes. Las palabras: “¡Vaya un tiempo hermoso!” corren de puerta en puerta de un extremo al otro de aquella que antaño se llamaba Calle Mayor, y todo el mundo dice a su vecino que llueven luises de oro, dando a entender con esto que saben lo que vale un rayo de sol o una lluvia oportuna. Los sábados por la tarde, durante el buen tiempo, os sería imposible adquirir cinco céntimos de mercancía en las tiendas de los honrados industriales, porque todos tienen su viña o su quinta y se van a pasar los días al campo. En este pueblo, como lo tienen todo previsto es decir, compra, venta y ganancias, los comerciantes pueden emplear de las doce horas del día, diez en alegres giras, en observaciones, comentarios y continuos espionajes. Allí, una mujer no compra una perdiz sin que los vecinos pregunten al marido al día siguiente si estuvo bien aderezada. Una joven no asoma la cabeza a su ventana sin que sea observada por todos los grupos de ociosos. De modo que en aquel paraje las conciencias están a la luz del día, de la misma manera que carecen de misterios aquellas casas impenetrables, negras y silenciosas. La vida se hace casi al aire libre: cada familia se sienta a su puerta y almuerza, come y disputa allí.”


Se llega a El Colorado atravesando el puente Libertad sobre el Rio Bermejo. Frontera natural entre Chaco y Formosa. Su pórtico -río amarronado que discurre de oeste a este entre barrancas engamadas coronadas de monte frondozo, que extienden sus tupidas ramas sobre la ruta creando la impresión de un túnel vegetal- despierta en el visitante inexperto el anhelo de transponerlo a la espera de la magia. Magia malograda por la decepción que genera el observar, tan de inmediato, la incuestionable realidad de la pobreza, el abandono, el costumbrismo, la desesperanza, la rendición, que se respira en las casas bajas, con multicolores revoques caídos, techos de zinc que potencian el calor en sus interiores y lo reflejan multidireccionalmente pintando de amarillos el aire que se respira. Perros flacos que apenas caminan orillando la ruta junto a gallináceas enérgicas picoteando la gramilla crecida en las banquinas por falta de cuidados. Por allí un cansino caballo embichado mal atado a un tronco. Por acá un tractor desvencijado y oxidado junto a una moto. Entre la banquina y las cuadras iniciales de la “ciudad”, extensiones amplias de “veredas” sin lozas, cubiertas de cacharros varios y desperdicios. Un pozo paralelo a ellas recoge las aguas servidas, cubiertas de camalotes y flores de aguapey, en un intento de la naturaleza por cubrir los plásticos y la pestilencia.

Habiendo traspasado el pórtico natural de ensueño, el ambiente humano carece de belleza, de higiene, de urbanidad. Entristece la mirada. A la izquierda, el aserradero semi cubierto de óxido y enmarañadas enredaderas, funcionando cansinamente con un único operario. A la derecha los grandilocuentes carteles de la Estación Experimental del INTA que contrastan con su acceso descuidado. En todas partes el rostro sonriente del sempiterno gobernador divulgando las delicias de la vida del Hombre Nuevo Formoseño. Se adivina un tiempo pasado de trabajo hercúleo que ha sucumbido ante la vida ociosa de los planes sociales.

 


Consigna LN 4 Tome los ejemplos más arriba citados (tiempo del relato y tiempo de la cosa contada), redacte dos textos (máx. cada uno de ellos: ½ pág.). Uno de los textos deberá ser el tiempo del relato y el otro, la cosa contada.


Tiempo del relato

Por las tardes se servía café negro acompañado de “chipitas”, la versión patricia de la “chipa”, pan con queso y harina de mandioca, típico de la cocina rural guaraní, de Paraguay y el nordeste argentino. Los tapes (1) y criollos preparan la masa más seca, con aceite, agua y  queso de campo. Quizás esta sea la receta original, que se degusta mucho en las calles de Formosa y Asunción.


Tiempo de la cosa contada

Contar las historias de cocina que se albergan en el seno de nuestra familia, es un modo de transmitir sus recetas evitando que se pierdan, rescatar la memoria de quienes ya no están, registrar la experiencia de nuestros mayores que fundaron este territorio de Formosa adentro, revivir los sabores que despiertan hermosos recuerdos, y llenar el corazón de gratos sentimientos.

Dante, mi esposo, cocina maravillosamente. Sus habilidades abarcan desde los embutidos típicos de la migración europea que cultivó con sus abuelos y padre, hasta la pastelería francesa, que aprendió por placer, pasando por distintas cocciones de carne de presas de caza y pesca, panes, pastas y dulces. Intentaré registrar todo aquí.  En su formación ha tallado mucho su abuelo Jorge Telbisz, húngaro, quien es el padre de siete mujeres entre las cuales se halla mi suegra, Angelita. Trenzaré, brevemente, anécdotas de estas mujeres a través de los platos que mejor las representan.

 


Consigna LN 5 Evoque algún recuerdo, utilice el recurso de analepsis, y redacte una narración base.  (1/2 página)

La receta de chipá, me recuerda a Doña Ángela, que curaba el empacho con una cinta de medir, y a las tardes en mi hogar de la infancia, junto a la abuela que me enseñó a cocinarlas. La abuela Delia era de ascendencia italiana. Rossi de apellido. Ella decía, un poco en secreto, que tenía una abuela india, guaraní. Aunque era común el mestizaje, en las clases medias con aspiraciones, este detalle se escondía bajo la alfombra, y se daba gracias a Dios por tener la piel clara y ondas en el cabello. Tan es así que cuando en verano, tomaba sol, la abuela se espantaba por arruinar la coloración de mi piel. Para ella era muy importante mantenerse de un blanco lechoso, que en mi caso se tornaba amarillento, si una se quería “casar bien”. En casa, no se tomaba mate ni tereré. Sólo café o té a la usanza inglesa. Las únicas recetas autóctonas que se preparaban eran la chipa y la sopa paraguaya, también en su versión más patricia, cambiando la calidad de algunos ingredientes, otorgándole una textura menos seca que la original.

 


Consigna LN 6 Escriba un relato en que la narración base sea breve y la analepsis extensa. (1/2 página)

La Sopa Paraguaya también es un plato típico de la gastronomía paraguaya y del nordeste argentino. Históricamente, ha nacido como un producto del sincretismo guaraní -español durante el tiempo de colonización jesuítica, que nos ha dejado una herencia cultural de enormes dimensiones, en todas las ramas del arte. Los guaraníes acostumbraban a elaborar comidas pastosas en base a las harinas de maíz y de mandioca, algunas de las cuales envueltas en hojas de güembé (2) o de bananas, se cocían directamente sobre las brasas. Los jesuitas, generalmente españoles, agregaron huevos, leche, queso y otros derivados de la leche como crema y manteca, a estas comidas, e incorporaron la cocción en el horno de leña. Al horno de barro, a leña, los guaraníes lo llamaron tatakua, que significa cueva de fuego y lo adoptaron rápidamente, al punto de que en su zona de influencia prácticamente no hay hogar rural que no tenga uno, 400 años después.

 


Consigna LN 7 Escriba un relato en que la narración base sea extensa y la prolepsis breve. (1/2 página)

Se diluye la sal en el agua caliente y se reserva. En un bol grande colocar el almidón ahuecando su centro. Añadir la manteca en punto pomada o cortada en trozos pequeños, los huevos, el agua salada. Unir los ingredientes desmenuzando la manteca, con la mano, sin batir. Volver a ahuecar y agregar el jugo de naranja y cantidad necesaria de leche para que se incorporen todos los ingredientes secos. Debe adquirir textura de masa húmeda, que se desprende de los dedos. Puede trabajarse en este punto sobre la mesa, fuera del bol. Amasar lo necesario para que se torne homogénea. Mi abuela decía que el punto justo es cuando se desprende de los dedos y la mesa, sin dejar rastros, y “suena” entre los dedos, como si emitiera un leve y suave silbido. Cuando llegamos a esta instancia del proceso, extendemos la masa y agregamos queso, la cerramos y amasamos para homogeneizar. Repetimos esto hasta incorporar todo el queso. Se arman bollitos pequeños, de unos 4 cm de diámetro que se cocinan en horno muy caliente en placa enmantecada, entre 15 y 30 minutos, dependiendo del diámetro de las bolitas y de la temperatura del horno.

Si por la humedad ambiente, o por exceso de líquido, la masa quedara muy chirle, puede añadírsele harina de trigo, o almidón de maíz en caso de no contar ya con almidón de mandioca, hasta volverla al punto justo.

 


Consigna LN 8 Escriba un relato combinando analepsis y prolepsis. (1 página)

La chipa es un pan de harina de mandioca y queso que se degusta habitualmente en el nordeste argentino, Paraguay y sur de Brasil, los ex territorios guaraníticos. La versión citadina que conocí de pequeña, se nutre de quesos varios, leche y manteca en reemplazo de la grasa. En esa época, los años 60-70, no se vendían por las calles. La abuela Delia, que había nacido en Clorinda, preparaba su propia receta. Teníamos una vecina, Doña Ángela, mestiza, de origen guaraní, que preparaba unas chipas impresionantes. Ella era ya muy anciana cuando me convidaba estas en forma de aviones, gallinas, estrellas, en su intento de engordar a la niña que fui, que a mis cuatro años solo comía un huevo poché, una manzana o una taza de arroz con leche por día. Ese era todo mi repertorio nutricional.

Actualmente, este pan guaraní ha conquistado el paladar de todos los argentinos. En Brasil la llaman pao de queijo y es usual que al almidón de mandioca lo mezclen con harina de trigo.  En Formosa y Paraguay, la llaman en femenino: chípa, así, acentuada la i. En cambio, en Corrientes, en su versión sonora masculina: chipá. Su origen histórico se remonta a las misiones jesuíticas guaraníes. Los misioneros narran en sus bitácoras la elaboración de panes de harina de mandioca que se asaban en un palo sobre las brasas. Esta cocción se conoce como chipa m´boca, cuya traducción es torta en el palo. Esta versión que hoy reaparece en las calles, es menos esponjosa que la horneada.

La mixtura cultural acaecida en las reducciones, en el siglo XVIII, hizo que se incorporaran al amasijo de mandioca, los huevos y la leche. En el interior de Corrientes, es habitual que se le agregue anís, y jugo de naranja.

Este invierno he degustado, con sorpresa, un blend acompañado de magníficas chipas en Ushuaia, en una típica casa de té en la zona de Esquí del Cerro Martial. De continuar esta expansión de su consumo, anticipo que veremos una cadena de “chipa m´boca” o “pao de queijo” en China o New York.

 


Consigna LN 9 Escriba un monólogo interior en el que el control del discurso esté a cargo del personaje principal. (Máx. ½ pág.)

El abuelo vestía de traje gris o negro, con chaleco abotonado y botamanga, zapatos con cordones muy lustrosos, camisas lisas o a rayas finitas, corbatas oscuras, peinado a la gomina, sombrero de paño color gris humo ladeado sobre la derecha. Llevaba un reloj de bolsillo de oro con una larguísima cadena de eslabones, también de oro, muy repujados, de la que, a su vez, pendía un llavero del tamaño de San Pedro, que no sé cómo hacía para que desaparezcan en sus bolsillos. Tenía la pinta de los galanes hollywoodenses de los años 40-50. Ojos oscuros con cejas pobladas y pestañas largas. Ganador, con su sombrero ladeado, su sonrisa pícara, silbando entre dientes. Abrazaba a la abuela por la espalda, en la cocina, y le pellizcaba la cola, para horror de esta que lo expulsaba a repasadorazos por “tocarla frente a los nietos”, una desvergüenza inusitada. Con él aprendí a bailar el tango parada sobre sus zapatos. Tan es así, que bailé “El Firulete” en el Teatro Vera, a la edad de 11 años, cuando aún soñaba con ser artista. Papá, en cambio, era un dandy al estilo Isidoro Cañones. La sonrisa ladeada y los ojos pícaros pasaron del abuelo a papá, y a Gastón, el menor de mis hijos. Trajes de corte inglés e italiano para trabajar. Camisas de seda en colores vivos, pantalones blancos, mocasines, sombrero Panamá, pañuelos búlgaros con pasador enjoyado, gemelos, boquilla de nácar, barba candado. Era un bohemio en papel de financista. En esa época narraba fascinado haber degustado Lomo al Champignon en un restaurante porteño. Por eso aprendí a hacerlo para él a los 14 años.

 


Consigna LN 10 Escriba un nuevo texto en el que el narrador reproduce enunciados ajenos. (Máx. ½ pág.)

Aquiles cuenta que tenía 14 años cuando sus padres lo depositaron, con su hermano, en un barco con destino a Brasil. Ellos ya habían perdido un hijo en la Primera Guerra, no estaban dispuestos a ver morir a los que quedaban. El viaje en sí mismo fue una experiencia traumática para Aquiles y los millares de migrantes que huían de la Segunda Guerra en Europa. Era habitual enfermar de tifus, difteria, viruela, a causa del hacinamiento, la falta de higiene y la escasa nutrición. Muchos no llegaban a América. Edmundo D´Amicis, en su libro “Sobre el océano”, narra el sentimiento general de los inmigrantes: “peor no me puede ir, como mucho pasaré hambre, como en casa”.

 

(1) Tape: persona morena, aindiada, robusta y de baja estatura, del tipo físico de los guaraníes que habitaron el amplio territorio paraguayo, norte argentino y del sur brasilero. Denominación de origen guaraní. 
(2)   Nombres comunes de la planta de Güembé: Aimbé, Filodendro, Guembepi, Huembé, Huembepi, Imbé, Mbuambé, Wembé, etc. En Brasil: Guaimbê, Banana-do-mato, Banana-de-morcego, Banana-de-imbê, Guaimbê-da-folha-ondulada, Imbê. Es una hierba perenne, de hojas grandes con profundas hendiduras, y márgenes ondulados. Produce un fruto de sabor semejante al ananá al que se lo llama banana qüembé, comestible.

 


Copyright©Delia Plazaola

Julio, 2019. Todos los derechos reservados por su autor

Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.