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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII Punto de vista o focalización

Consigna F5 Escriba un enunciado en el que el narrador utilice la segunda persona e incorpore los siguientes personajes y acontecimientos: un obituario, una hija que se ha fugado de su casa, vive en una pensión y le escribe a sus padres reprochándoles los injustos castigos de que ha sido víctima cuando adolescente (Máx. 1 pág.)


Querido diario:

Hoy quiero darte una fabulosa noticia: mi padre ha muerto. Lo acabo de leer en el obituario. Como a ti no puedo ocultarte absolutamente nada, no esperes que derrame sobre tus páginas unas lágrimas de mentira, que para eso están los que me conocen y piensan que estoy terriblemente triste. Ninguno sabe de mi alegría infinita, que me viene una carcajada de solo imaginármelo en el ataúd, con la cabeza apoyada en una suave almohada de seda blanca, muy distinta de aquella de tela basta, rellena de lana apelmazada, que silenció mi llanto en las interminables noches en la pensión llena de alimañas, a la que acudí cuando él me echó sin piedad de nuestra casa. Me río sin culpa ni remordimiento alguno, y ya quisiera verle la cara cuando en la puerta del cielo San Pedro le pregunte si tiene algún pecado para confesar, claro que tiene, y el peor de todos fue cuando una noche de invierno manoteó a su única hija de los cabellos, la sacó a la calle y le cerró la puerta para siempre. Solo tú sabes, mi querido diario, el calvario por el que tuve que pasar desde aquel aciago día. Hoy me siento plena y en paz, eso no quiere decir que olvide, es más, yo sé que algún día mis hijos o mis nietos leerán en tu primera hoja cómo fue tratar de dormirme con hambre, en la siguiente, cómo aprendí a defenderme sola, a puro insulto y patadas, de los degenerados de las habitaciones vecinas. No recuerdo en qué página te conté lo que fue despertarme a medianoche con cucarachas recorriendo mi cuerpo congelado, pero me acuerdo como si fuera hoy de que en la número catorce volqué en ti a mi corazón sangrante, mientras yo buscaba la manera de terminar con mi vida. Por todo eso, mi querido compañero, quiero que éste sea el epílogo de la historia, en el que lleno mis pulmones de aire y exhalo una carcajada liberadora que me repercute en todo el cuerpo, porque mi padre, por fin, ha muerto.

 

Consigna F6 Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientes personajes: Paulina; hijo de Paulina (aprox. 35 años); Juan, el almacenero del barrio. (Máx. 1 pág.)

Paulina detiene el movimiento del pie sobre el pedal de la máquina de coser y, por sobre los anteojos, mira a su hijo que va saliendo del local. Cuando la puerta se cierra, Paulina vuelve a su posición de costura, pero se arrepiente, apaga la luz accesoria de la máquina, se saca los anteojos y se levanta muy despacio, sobándose la espalda a la altura de los riñones. El taller de corte y confección es más pequeño que su nombre, tiene un mostrador gastado de madera que sirve tanto para atender a los clientes como para cortar las telas, una máquina de coser Singer a pedal, una estantería de chapa (casi vacía), destinada a los trabajos para entregar y algunos rollos de tela apoyados en cualquier parte. La vidriera ocupa todo el frente, y a través de ella Paulina mira a su hijo cruzar la calle, saludar a alguien que le toca bocina desde un auto y entrar en el almacén del frente. Como todos los frentes de los negocios de la cuadra son vidriados igual que el suyo, Paulina puede ver, desde atrás de su propio mostrador, la sonrisa con que Juan, el almacenero, recibe a su hijo. Hablan entre ellos, se ríen. En un momento Juan se pierde de vista, pero al instante regresa, continúan hablando por unos minutos hasta que su hijo sale del local, cruza la calle y vuelve a entrar al taller de corte y confección. Paulina sale de atrás del mostrador, y borra la sonrisa de su hijo con una sonora cachetada de mano abierta que resuena en todo el local, antes de bajar la mano aprovecha el dorso y le estampa otra, más fuerte aún, en la otra mejilla. Paulina, agitada, vuelve a sentarse en la máquina de coser y se desquita con el pedal. Como si fuera el culpable.


Consigna F7 Escriba un enunciado en el que el narrador omnisciente narre desde lo psicológico.

Cuando el agua helada y espumosa le cubrió los pies, miró hacia el horizonte y la inmensidad le golpeó el rostro, la del mar y la de su propia pena.

Marina amaba el mar, quizás ese amor ya venía desde antes de nacer, porque según sus padres, ella había sido concebida en una vacación, de ahí el nombre que le pusieron. Lentamente se adentró hasta que el agua le llegó a las rodillas y sintió como que miles de agujas se le clavaban en las pantorrillas. «Una infancia feliz no garantiza nada», pensó mientras daba pequeños pasos y le venían a memoria sensaciones bellas y reconfortantes: saltar, tomada de la mano de su padre, en el momento justo en que venía la ola. La arena, los caracoles y la sal. Los barcos, los pescadores y los pulpitos escondidos entre las piedras. El agua le ciñó la cintura como lo había hecho aquel amante de pasada la adolescencia, con el que jugaban a dejarse atrapar en la marea baja y, una vez exhaustos, comían mejillones y ella le secaba amorosamente el aceite que le caía por la barba espesa. Aquel noviecito se borró entre la bruma de la adultez, la misma que se había llevado a un par de amores más. Desaparecieron, pero el mar no, él siempre iba a estar ahí, para ampararla y consolarla cuando todo se desmoronaba, pero a Marina ya no le bastaba con el abrazo de escarcha líquida, necesitaba más, el mundo tal como lo conocía se le había hecho trizas, y necesitaba que su amigo el mar la absorbiera hasta que pudieran ser uno solo. El agua ya le rodeaba cariñosa y peligrosamente el cuello, Marina sonreía y seguía avanzando, por fin sus oídos se taparían y no escucharía voces humanas, tampoco sería necesario hablar, discutir ni callar, porque el agua entraría a raudales dentro de su boca y acallaría su voz. Estaba cada vez más cerca de que el torrente salado lavara, por dentro y por fuera, su cuerpo agotado. Ella se lo permitiría gozosa, y luego se dejaría arrastrar por su amigo el mar adónde quisiera llevarla, con él, y sólo con él, estaría segura y en paz.

En el instante fugaz en el que el agua cubría su cabeza y arremolinaba sus largos cabellos, a Marina le pareció escuchar un grito.


Consigna F8 Escriba un enunciado en el que el narrador protagonista tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo. (Máx. 1 pág.)

Yo me pregunto lo mismo que vos, no es que te esté pidiendo “dame la solución”. No, porque yo tampoco la tengo. Me acuerdo, por darte un ejemplo, porque como éste hay miles dando vueltas, que hace unos años, ni idea cuántos, que en algún lugar de Asia había dos Budas gigantes esculpidos en piedra desde hacía más de mil quinientos años. Re tranqui los buditas, no le hacían mal a nadie, te digo más, de tantos años que hacía que estaban y por ser tan bellos, ya los habían declarado patrimonio universal de no sé qué cosa, o sea que por el resto de los tiempos, para adelante y para atrás, los tipos iban a continuar ahí donde estaban, intocables, estoicos y dignos de admiración, visitas de turistas incluídas, fotos y esas cosas. Un día, no me voy a olvidar nunca, los talibanes se levantaron con los cables cruzados y decidieron que los Budas de los que te estoy hablando, eran ídolos contrarios a lo que predicaba el Corán y no tuvieron mejor idea que subirse a los tanques y dinamitarlos, así como te lo cuento. A la mierda, se acabaron los Budas, la historia, el patrimonio de la humanidad y a llorar al campito. ¡Ahí tenés!, es lo mismo. Hoy no quise mi mirar los pormenores, si fueron los soldadores, yo sabía que la estaban restaurando, o si fue, como dicen por ahí, que un ebanista había hecho un trato con el diablo que si le dejaba terminar las puertas a tiempo para poder cobrarlas le entregaba la catedral, no sé, me inclino más por las predicciones de Nostradamus, un capo el Nostradamus éste, que vaticinó que al llegar la primavera una iglesia de todos los tiempos ardería por los pecadores. Andá a saber. El tema es que ¡PLUM!, se fueron, no existen más, siglos de historia desaparecen de un plumazo y ¿a quién nos podemos quejar?, a nadie, hermano, a nadie. Por más que encuentren a los culpables, que haya sido a propósito o por un descuido, ya está. Imposible recuperarlas. Y te juro, que se me cae una lágrima.

 


Copyright©Diana Cornejo 

Mayo, 2019.  Todos los derechos reservados por su autor