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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento

Consigna C2 Escribir una historia en tono irónico, en tercera persona, desde el punto de vista de un animal, por ejemplo, un gato, un perro, un canario (Máx. 1 pág.)


-Sí, voy a dejar todo lo que estoy haciendo y voy a entrar corriendo a la casa. El gato gordo y gris, encaramado en la rama más alta del árbol, retuerce su cuerpo peludo sobre la pata trasera estirada y se lame con gran parsimonia la parte interna del muslo.

-Dale, seguí con el “mishi, mishi” y haciendo sonar el comedero que ya pareces la reina de la pandereta, de acá no me bajo hasta no estar inmaculado, ¿qué te vas y me dejás afuera?, ¡con este frío!

Un sonido lastimero corta el silencio de la noche.

-Miauuu.

La muchacha se vuelve sobre sus pasos para encontrarse con el gato que se refriega, con la cola parada, entre sus piernas.

-Menos mal que este noviecito era solo para divertirte, te toca un solo bocinazo y ya me abandonás. El anterior llegó a los cinco.

La puerta de entrada se cierra, la llave da dos vueltas en la cerradura, se escucha un taconeo apresurado, un auto que arranca y en el interior de la casa el silencio es total.

-Al fin solos, bola de pelos, bueno para nada, yo sé que te encanta dialogar conmigo, pero hoy no estoy de humor, y como soy el rey de esta casa te obligo a que desalojes ese sillón para que yo pueda reposar mis huesitos cansados, como corresponde.

El Dogo de Burdeos mira al gato cuando le pasa por el lado, se levanta, se rasca la oreja, y se vuelve a acostar.

-Quedate con ese sillón incómodo, que yo prefiero mirar la vida desde las alturas -el gato, subido arriba del ropero, se hace un ovillo-, pero te aconsejo que duermas con un ojo abierto, por las dudas.

 


Consigna C3 Escribir un relato que comience con la siguiente frase: “Cuando se acercó, se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver”. Dé predominio a los acontecimientos y que el comienzo sea el final de la historia (Máx. ½ pág.)


Cuando se acercó, se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver. Lo que tanto temió durante la tarde y noche anterior en ese momento era una triste realidad, que le golpeó el pecho como una feroz trompada de pena y, más aún, de vergüenza.

Los habitantes más ancianos del pueblo no recordaban otro invierno como ese, tan cruel y largo, en eso pensaba Amílcar mientras vertía café hirviendo en la taza, y que planeaba beber, muy despacio, frente a la chimenea viendo cómo se quemaban los troncos de algarrobo. Lo vio por la ventana de la cocina, el hombre se acercaba por el sendero de la entrada, encorvado por el sobretodo cubierto de nieve y por los años. Antes de que Amílcar hiciera un paso al costado y se pegara de espalda a la pared, sus ojos se encontraron por un instante. En los tres débiles golpes a la puerta se notaba el frío que sentía el forastero en los dedos, Amílcar pensó en eso y en lo de darle cobijo al peregrino y de comer al hambriento, pero para cuando sonaron los próximos tres golpes, más débiles aún, pensó en los tantos crímenes que aparecían en las noticias y no abrió. Donde estaba, y casi sin respirar, Amílcar cerró los ojos, y se encontró nuevamente con aquella mirada suplicante de pestañas nevadas, y le suplicó al cielo que los tres golpes se repitieran, como una señal del destino. Pero la puerta no sonó.

 


Consigna C4 Escribir un relato que presente alguno de estos conflictos (Máx. 1 pag.)


Personaje contra el destino

Analía elige las dos naranjas más gordas de la frutera, las coloca en una tabla de madera con el ombligo apuntando hacia el costado y con un corte de ida y vuelta de la cuchilla las transforma en cuatro mitades perfectas. En el exprimidor de vidrio grueso, herencia de su abuela, les saca hasta la última gota de jugo. Lo vierte en su vaso preferido, saca con el dedo las tres semillas que flotan en la superficie y, junto con las cáscaras, las tira a la basura. No tiene ganas de ensuciar una cuchara para después tener que lavarla. Busca en la alacena hasta que encuentra una bolsa pequeña que contiene un polvo de color ocre, y que en una etiqueta adhesiva, escrito con fibra dice “maca peruana”. Le echa al jugo, directamente de la bolsa, una cantidad de polvo que llenaría una cucharita de té. Analía, bizqueando, observa la corriente de jugo anaranjado a medida que sale del vaso y que ingresa en su boca, refrescándole de sabor la lengua hasta que se pierde en la garganta, pero la maca ha quedado como un iceberg perdido en el mar que se mueve en contra de la corriente y se desliza, lentamente, hacia el fondo del vaso. Analía detiene la deglución por unos instantes y el mar queda en calma, continúa y el alud cítrico arrasa con todo lo que encuentra a su paso, pero el polvo amarillo se niega, y se sigue alejando. Queda poco jugo en el vaso y ninguna naranja en la frutera, por lo que Analía empina el vaso hasta que queda vertical y las cervicales le avisan que duele. El mar dulce arremete embravecido, tironeando sin piedad al islote solitario que ya no puede luchar contra la corriente y, por fin, se deja llevar, pero su orgullo es tal que al tocar la base de la lengua decide no caer en picada por el oscuro túnel, en cambio, saborea la venganza ante tal atropello ordenando a todas sus partículas que asciendan por la caverna de ventilación y que corran desaforadas en busca de luz.

Analía tose cuando siente la picazón en las entrañas mismas de las fosas nasales, pero solo logra empeorar la situación, y tose más fuerte cuando el aire no puede ingresar, generando un pandemónium de vómito naranja que se mezcla con el polvo amarillo y los mocos que le escurren por la nariz y las lágrimas que brotan de sus ojos.

Analía maldice el instante en que dejó de lado el sentido común al no usar una cuchara.

 


Copyright©Diana Cornejo

Febrero, 2019.  Todos los derechos reservados por su autor

 

Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.