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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Modulo VIII El personaje 

Consigna P 2: Escribir una ficha, lo más completa posible, de alguno de estos personajes:

-Una señora de clase alta del siglo XIX

-Un pintor fracasado

-Un músico ciego


Consigna P 4 A partir de la misma ficha, escriba una historia breve que tenga al personaje como testigo. 

Elección del tallerista: Un músico ciego

 

Ella había visto mi espectáculo un par de veces antes de solicitar mis servicios. Lo sé porque su perfume y su andar oscilante no me pasaron desapercibidos. Por su voz supe que su juventud aún era palpable en su rostro. Gracias a su trato cordial, pero con una marcada ansiedad en la acentuación de las palabras, me percaté que sus nervios hacían acto de presencia en los momentos menos esperados. Por eso y porque no éramos muchos los músicos ciegos decorando las esquinas, supe que su elección no había sido al azar.

Llegué puntual. Cuando me abrió la puerta, estaba desnuda. Para la gran mayoría de los mortales que gozan de la posibilidad de ver brillar el sol diariamente, vivir entre sombras te convierte en una. A su entender los colores no pueden tocarse ni saborearse. Ni siquiera imaginaban que con un simple roce podía saber el matiz de su sonrisa. La de ella era tímida, casi imaginaria.  

No había nadie más dentro de la casa. El eco de nuestros pasos entumecía las paredes. Me ubicó en un borde de la habitación, de pie, y me pidió que tocara la misma serie de canciones que conformaban mi repertorio habitual. Debo admitir que me temblaban las manos y el sudor que caminaba por mi frente debía de ser bastante exagerado. Ella, paciente, esperó hasta que logré templar mi espíritu y mis dedos recordaron los primeros tonos. 

Al principio se limitó a escuchar hasta que su cuerpo estuvo lo bastante a gusto para despertar. Bailó. El aire se agitaba constantemente, creando olas que chocaban contra mis brazos. Me hizo sentir poderoso. Toqué con más ímpetu haciendo que su cabello se convirtiera en un ave en pleno vuelo. De pronto la vida me pareció aún más exquisita, mágica y ante mí un hada danzando al son de mis satíricas melodías. Quise pensar que se movía para mí, aunque estoy más que seguro que fue para alguien que hacía mucho que no estaba. Dejaba una estela triste. Las lágrimas debían surcar su agraciado rostro y una larga despedida la impulsaba a seguir el ritmo. 

Me hubiese gustado seguir, hasta caer desplomado por el agotamiento y la felicitad absoluta. Lamentablemente, con el último de los acordes, la quietud volvió a reinar sobre nosotros. Tomó el vestido que colgaba en el perchero. Me pagó sin rozarme los dedos y me abrió la puerta para volver a desaparecer dentro de su propia oscuridad.

 


 

Consigna P 9 Escriba un texto en estilo indirecto libre, e incluya algunos de los refranes citados: 

-El que a hierro mata, a hierro muere

-A caballo regalado, no se le miran los dientes. 

-El que no corre, vuela.

Elección del tallerista: El que a hierro mata, a hierro muere

Extrañaría el color rojizo del cielo. Poder cerrar los párpados y absorber las minúsculas partículas que desprendía la luz del atardecer. La humedad del suelo subiendo por sus pantorrillas. Sus pensamientos moviéndose con soltura entre las ramas del álamo. Alzó los brazos y abrazó el aire.  

No se lamentaba por ninguna persona, nadie había logrado aferrarse a su corazón. Echaría de menos la esencia de la vida, los imperceptibles detalles que la conformaban. El equilibrio reinante que imponía para lograr esa belleza tan imperfecta que poseía. Adoraba el fuego al igual que el rocío de las nubes desmembrándose contra los murales de rocas, la aridez de los suelos despellejando los caminos, el silencioso arco iris circundante de las cascadas, las huellas de las aves fundiéndose en las orillas de los mares. 

Podía escapar. Correr durante décadas en busca de refugio en las entrañas de la Tierra. Tendría que ser capaz incluso de cambiar su aspecto, su forma de vida y convertirse en ese otro hombre que siempre añoró ser. Moldear su alma desde los cimientos, hacer elecciones acertadas. Dar vuelta el paradigma de sus convicciones. Liberarse. No quería. Su elección se cernía sobre él.  

Caminó apenas unos pasos antes de sentir el desgarró en la piel. El mundo se giró y cayó de cara contra el pasto. Respiró el íntimo olor de la hierba, intentó lamer los trozos de tierra húmeda hasta que unas manos firmes lo hicieron voltearse y la luz ardió en sus ojos. Otra bala le atravesó la garganta e inmediatamente sintió la nostalgia del sonido de su voz. Recordó el fugaz estribillo de la última canción que había entonado. El fervor de la sangre comenzó a invadirlo. Le rogó al Dios del cual descreía que le dispensara un segundo más para volver a sonreír. Como era de esperar, lo único que le concedió fue el eco del viento bramando su sentencia: “el que a hierro mata, a hierro muere”.

 


Copyright©Laura Ferreyra

Septiembre, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.