Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización 

Consigna F 6: Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientes personajes: Paulina; hijo de Paulina (aproximadamente 35 años); Juan, el almacenero del barrio.


El almacén olía a pan recién horneado. El horno eléctrico era la última adquisición de Juan, por lo que, a todas horas, se podía pasar y comprar pequeños baguetines que se encargaba de dorar y embolsar en tiempo y forma. El negocio había sido de su padre y desde hacía veinte años él lo mantenía. Solía jactarse de pasar más tiempo en aquel pequeño recinto que en su propia casa. Hombre bien parecido y de buenas maneras, cuyas clientas tenían en alta estima y que intentaban no traicionar, salvo por alguna oferta insuperable de los supermercados de renombre. Paulina, mi madre, era la excepción a la regla. Salvo en raras excepciones nunca iba.

Aquella tarde en que fui a visitarla fue una de esas raras excepciones. No había podido conseguir un ingrediente que necesitaba para cocinar y no concebía reemplazarlo porque aseguraba que no sabría igual y cualquier otro modificaría el gusto final de la preparación. La cara le cambió por completo con solo poner un pie dentro del negocio. Debo ser justo y decir que el rostro de Sergio también adquirió un gesto atípico y la sonrisa se le ensanchó al posar los ojos sobre mi madre. Yo había ido varias veces a lo largo de los años, por supuesto sin confesárselo a ella, pero esta era la primera vez que lo hacíamos juntos, por lo que me sorprendí sobremanera al notar el cambio repentino del ambiente. Una especie de nube cargada de sentimientos inexplicables tomó forma sobre nosotros.

De pronto mi madre adquirió una energía recargada. Apuró el paso y con una determinación implacable se dirigió hasta el mostrador. Prácticamente le exigió a Juan el producto que necesitaba y este, con sabiduría, o ahora que lo sé, con conocimiento del carácter de su adorada Paulina, apenas se inmutó con el trato. Le dedicó un guiño fulminante que ruborizó las ya exaltadas mejillas de mi madre y con un ademán exagerado, rozándole casi imperceptiblemente la punta de los dedos, se lo alcanzó. A mí se me escapó una risita involuntaria al comprender que Juan era ese hombre con el que mi madre hacía tiempo que tenía una relación. Mis padres se separaron siendo yo muy pequeño por lo que pocos eran los recuerdos que poseía de ambos como familia unida. Mi padre había vuelto a conformar pareja en poco tiempo (en verdad creo que ya la tenía estando casado), en cambio mi madre se había reservado sus amoríos, al menos para conmigo.

En vano mi madre intentó seguir con el juego, era evidente que le costaba ignorarlo. Tentado estuve en decirle que ya era un hombre que entendía perfectamente la situación. No lo hice. Dejé que continuará con su travesura, que se sintiera nuevamente como una dulce niña enamorada y me excusé para salir antes de la tienda.

Fuera aspiré el olor del pan que se filtraba por la rendija de la puerta. Tenía el matiz azucarado propio del amor.

 


Consigna F 7 Escriba un enunciado en el que el narrador omnisciente narre desde lo psicológico.

No se caracterizaba por ser creativo, más bien se lo podría definir como un hombre práctico y rudimentario. Dueño de una serenidad que por momentos resultaba opresora para aquellos que lo trataban con frecuencia. Jamás elevaba el tono de voz, ni se irritaba por las injusticias a las que suele enfrentarnos la vida cotidiana. La mayor parte del tiempo intentaba pasar desapercibido y dedicarse a las tareas que consideraba necesarias, nada más. El único hábito que mantenía desde que había logrado dominar las letras, era el de escribir sus sueños. Todas las noches se acostaba con una sonrisa sabiendo que, al cerrar los ojos, un mundo inesperado le abriría sus puertas.

En la repisa de su habitación estaban caratulados los cuadernos en los cuales anotaba sus somnolientas vivencias. Ya ocupaban la mayor parte del estante. Esa mañana estaba sentado en la cama sin poder sacarles la vista de encima. Su preocupación era tangible en cada paraje de su ser. Desde hacía varios días, y por primera vez en lo que recordaba de su vida, al levantarse no recordaba sus sueños. Sus noches se habían tornado negras y su despertar demasiado silencioso. Intentó recordar algún hecho que hubiese alterado su existencia en estos últimos días y no tuvo más remedio que llegar hasta el miércoles pasado cuando había tenido la última de las ensoñaciones que había podido registrar.

Esa noche el diablo había venido a buscarlo. Con su manera petulante y correcta, lo había invitado a contemplar la basta destrucción del inframundo. De pie ante el caos imperante, el calor sofocante de un paisaje encasillado y la espesura de una oscuridad abrumadora. La visión le había proporcionado tal placer que los músculos se le habían tensado hasta dolerle. La ansiedad de tocar el suelo mancillado, la risa desvariada de un hombre en traje y corbata que se hacía llamar Lucifer, bastante similar a su jefe, y él, un simple mortal, al filo de la desesperación de la humanidad. La visita había sido corta, no había almas en pena ni torturadas, solo una acuarela de matices enrojecidos que se desplegaba sobre el llano que se asemejaba, notablemente, al pueblo de su infancia.

Se había despertado apacible a pesar de estar transpirado y con un dejo de agitación en el pecho. No tardó en dejarlo asentado para continuar su día con total normalidad. Luego, comenzaron las noches vacías en las cuales aún guardaba la terrible sensación del gozo de verse inmerso en un caos injustificado.

Pasó varias semanas en un estado de letargo. Dormía más de la cuenta y, aun así, el cuerpo le pesaba. La rutina lo fatigaba y cada vez que miraba a su jefe lo asociaba con las avasallantes llamas del infierno. Fue entonces, una mañana en la que llegó demasiado temprano a la oficina, después de horas de agonía sin poder siquiera cerrar los ojos; dejó caer casi por descuido, la chispa de un fósforo encendido. El lugar ardió arrasando años de trabajo. Fundiéndose con la nada hasta deshacer los cimientos.

Desde afuera, mientras los chorros de agua surcaban los cielos en forma de arcoiris, aspiró el humo que volaba sublime por las calles, despojándolo de la terrible desazón que lo agobiaba. Nadie salió herido, ni se sospechó del empleado que se sentaba junto al armario mansamente. Las pericias conjeturaron: negligencia.

Por supuesto, desde aquel episodio, sus sueños dorados retornaron.

 


 

Consigna F 8: Escriba un enunciado en el que el narrador protagonista tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo.

Me quitas y me devuelves el aire. Pones mi mundo patas para arriba y me giras con esa manera tan tuya de demostrarme que la vida puede mirarse de mil formas.

Soy el loco que te adora con desmesura. Ese que no podía, que no quería aguantar un segundo más, sin hacerte suya. Porque eres mía porque desde siempre he sido tuyo.

Deja que mis fantasmas me abandonen en tus brazos. Que abra las puertas que dejé cerradas para no ver que el amor estaba entrando por la ventana. Toma mi mano para que el huracán que arranque los miedos de nuestros corazones sepa que estamos preparados.

Regálame tus carcajadas, la sonrisa de tus ojos, el brillo incandescente de tu piel. Permíteme cortejarte hasta perderme en el bucle infinito de tu alma. Destruyamos los relojes, los calendarios. Hagamos nuestra esta corajuda vida. Seamos tú y yo y nosotros. Seamos todo.

No me da vergüenza hundirme en tus pies para implorarte que te quedes, que me dejes quedarme. Que veas mis lágrimas deslizarse por tus dedos que están rozando mi mejilla. Sumérgete en el verde de mis ojos que en este instante buscan el sol que esconden los tuyos. Ilumina mi existencia. Deslúmbrame casándote conmigo. Sé mi esposa. Eres mi presente. Acepta ser mi futuro. Toma mi vida y hazla tuya.

 


Copyright©Laura Ferreyra 

Agosto, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor 

Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.