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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I La narración 

Consigna LN 1 Ud. es un escritor consagrado; un amigo/a, o un discípulo/a, o un hijo/a le pide consejos acerca de cómo debe ser la escritura literaria.

Escriba un texto epistolar en el que explique sus convicciones e intuiciones. Recuerde que es Ud. quien previamente debe tener la representación mental y saberla trasmitir a su destinatario. Tome como ejemplo la carta de R. M. Rilke. (Máximo 1 pág.)


Querido amigo, con respecto a tu pregunta de cómo se debe escribir, te puedo decir que no hay una receta, escribir es una necesidad, el cuerpo, el corazón piden papel y tinta.

El trabajo de escritor, más allá de lo que la gente cree, es un trabajo de tiempo completo, debe comprometerse y compenetrarse con su trabajo, no hay tema frugal, ni superfluo; la mirada del escritor no es la del hombre común, la pasión, la fantasía, la metáfora deben ser las que guíen su pluma, para poner en el papel una idea, un sueño, una epifanía, es su mano la que tiene que traducir una visión al idioma de hombre mortal.

Cualquier circunstancia puede ser el germen posible de una historia inmortal, creo fervientemente que el lector debe vivir la historia mientras recorre con sus ojos las páginas, para eso es necesario estar informado, explotar la riqueza del idioma y escribir con el corazón,  pero esto supone un camino de soledad, desazón, desesperación, es una peregrinación hacia una tierra prometida que no aparece nunca, y a veces grandeza y quizás algún día  se descubra artista, o tal vez sus lectores lo descubran sin que  te des cuenta, de cualquier forma es el camino que le deseo y ojalá su obra sea imprescindible, necesaria, que haga que valga la pena lo sufrido hasta el último minuto.


Consigna LN 2 Seleccione a su criterio párrafos en Madame Bovary (G. Flaubert) y Eugene Grandet (H. de Balzac) y transcríbalos. Según definiciones convencionales, ambos autores pertenecen a la escuela realista.

Justifique por qué los consideró realistas, una de las claves es la inferencia del narrador frente al hecho narrado.

Básese en el concepto de R. Barthes acerca de la falsedad de lo real en la escritura literaria. (Máx. ½ pág. por cada texto).


MADAME BOVARY

Serían las once de la noche cuando nos despertó  la repentina llegada de un caballo a nuestra puerta, sentí la puerta de Anastasia abrirse y sus pasos lentos en el pasillo, me la imagino bajando lentamente la escalera, mirando escalón por escalón por el terror de caer en las escaleras, luego de unos instantes, volví a escuchar los pasos de Anastasia llegar hasta la puerta de mi dormitorio,  abrió la puerta con  una mezcla de temor y pudor para darle paso a un hombre que me extendió una carta. La carta, cerrada con un pequeño sello azulado, suplicaba  al Doctor Bovary que fuera  a la granja de Les Berteaux para tratar una fractura de pierna. Un camino de 6 leguas aproximadamente, pasando por Longueville y Saint Victor. Alrededor de las cuatro de la mañana emprendimos el viaje. Todavía era de noche, todavía con sueño, bien abrigado, el paso cansino del caballo y el movimiento monótono de la montura, invitaban a dormitar todavía un rato más. Los primeros rayos del sol se insinuaban en el horizonte un paisaje tornasolado, que resaltaba las ramas desnudas de los manzanos. El campo era extenso, salpicado por grupos de árboles en torno a las granjas. Cada tanto abría los ojos para ver el camino y nuevamente caía en la duermevela en donde se confunde la realidad con el sueño, se veía a si mismo como estudiante, luego casado, atravesando una sala de operaciones. El recuerdo del olor de las cataplasmas, se mezclaba con el olor del rocío.

Un niño, de 8 a 10 años aproximadamente, que se encontraba sentado a la vera del camino, con una maraña de pelos rojizos a modo de peinado, de ojos vivaces, se puso de pie al vernos y preguntó —¿es usted el médico?—, y ante la respuesta se calzó rápidamente los suecos y comenzó a correr delante nuestro.

-¿Es usted el médico? -preguntó el chico.

Y a la respuesta de Carlos, cogió los zuecos en la mano y echó a correr delante.


JUSTIFICACIÓN 

Por lo que interpreté de la lectura (Madame Bovary, el único que alcance a leer), Relata la realidad fielmente, tratando de no tener intervenciones personales, pero creando ciertas emociones, que son el resultado de la traducción de la realidad a la escritura.

 


Eugenia Grandet 

A MARÍA 

Siendo el retrato de usted el mejor adorno de ésta obra, yo deseo que su nombre sea aquí como la rama de boj bendita que, cogida de cualquier árbol, pero santificada por la religión y conservada siempre verde por manos piadosas, sirve para proteger la casa.

DE BALZAC.

En algunas ciudades se encuentran casas que parecen detenidas en el tiempo, como una grisácea cicatriz, una serpenteante calle divide la sombría  arquitectura del pueblo, prolijamente empedrada, algunas matas aisladas de pasto asoman entre los adoquines, denotando el escaso tránsito; en ambas márgenes de este rio de piedra, se alzan algunas casas abandonadas a los elementos, se divisan algunas paredes blanquecinas con profundas heridas, que dejan expuestos los ladrillos, dinteles desvencijados, que en otros tiempos habrían causado la  admiración de los transeúntes, existen coronado las fachadas,  una alternancia de tejados en distintos estadios de descomposición, desde techos a los que les falta alguna teja, alfajías que se van rindiendo al paso del tiempo y comienzan a ceder ante el peso, adornados algunos, con un espeso musgo, único color vivo entre la paleta de tonalidades grisáceas. Se puede divisar alguna figura humana en los alfeizares, que le agregan algo de vida al cuadro.  Algunas celosías permanentemente entreabiertas dejan entrever amplios salones vacíos. En los jardines se puede ver algunos árboles, rosales secos y matas de pasto.


Justificación

Si bien  la escritura de Balzac se ajusta al género de realismo, guardan cierto paralelismo con  Flaubert, este tipo de realismo trata de representar fielmente la realidad, pero una realidad atada a la estética, a la relación de la personalidad  de los personajes, un falso realismo que nos introduce en la subjetividad del autor.

 


Consigna LN 9 Escriba un monólogo interior en el que el control del discurso esté a cargo del personaje principal.

LA PRIMAVERA

La primavera había llagado, se notaba en el color  del pasto en el  aroma de  las flores; amanecía más temprano y alcanzaba a llegar a casa con luz de día. Otra jornada de hospital, en el que tantos años  de mi vida habían pasado, años de angustia, de soledad de incertidumbre; quizás fueran necesarios esos años de desesperación creciente para encontrarme conmigo mismo.

Ella fue para mí  como una primavera personal, durante muchos años trabajamos en el mismo lugar y ahora nos pertenecíamos,  estos meses que pasamos juntos fueron maravillosos, pero a pesar de este tiempo vivido algo me inquietaba y me molestaba, siempre tuve la duda, ese temor inconsciente e irracional de despertar de este sueño antes de la primavera y ver con cierta sorpresa y dolor que solo había sido eso, un sueño. La primavera había llegado

Se hacía la tarde, el día había transcurrido monótono entre ambulancias y pacientes y merecía un descanso,  al finalizar mi turno me dirigí a la sala de estar, en donde nos reuníamos todos los que no teníamos nada que hacer. La habitación era pequeña, de paredes blancas y sin ventanas, se ingresaba por una abertura que estaba  ubicada frente a una puerta que nunca se abría; había dos sillones de tres cuerpos en cuerina negra, amplios y mullidos donde solíamos sentarnos para conversar o simplemente en silencio, sentir el transcurso de las horas, dejar que se nos escape la vida.

Decidí tomar impulso y levantarme del sillón, hacia bastante tiempo que estaba sentado,  me costó incorporarme  sentía las piernas entumecidas y mi voluntad también, mis compañeros estaban compenetrados en una encendida discusión política, que a mi entender no tenía finalidad alguna. Me acomodé la ropa, que ya estaba bastante arrugada a juzgar por la hora, metí las manos en los bolsillos, en parte porque no sabía qué hacer con ellas, y empecé a caminar por el largo corredor hacia la puerta.

La guardia del hospital estaba distribuida en una amplia superficie, en distintos ambientes más pequeños tabicados por paneles al frente con puertas corredizas para brindar la intimidad necesaria al pudor y separados entre ellos por paredes, revestidas de azulejos azules, recuerdo de mejores épocas que supo tener el hospital. Dentro de esos pequeños ambientes había dos camillas desvencijadas y diferentes que servían para examinar a los pacientes de turno. En cada camilla  había personas recostadas, cada una con sus problemas y sus patologías, que iban quedando atrás en la medida que caminaba.

Mientras avanzaba hacia la puerta, sentía que me movía en un tiempo diferente, ellos permanecían estáticos en sus camillas y yo me movía rápidamente dejando atrás todo un pasado de mediocridad, dolor y monotonía, que iba quedando  cada vez más lejos en la medida que avanzaba hacia la puerta, que parecía una gigantesca piedra  libre para todos mis compañeros, cuya utilidad era poner fin a este mortecino juego.

Transpuse la puerta y salí a la calle, las últimas luces de un tibio y rojizo sol, iluminaban el frente del antiguo hospital, dibujando caprichosas formas sobre las  arruinadas paredes. El decadente calor de un sol agonizante inundó mi cuerpo y me sentí menos solo que otras veces. Como es común en todas las primaveras, un manto de grisáceas nubes cubrían el cielo, y una tibia brisa me bañaba el rostro.

Cómo me hubiera gustado pasar juntos la primavera; sentía que era un símbolo, un mojón mágico, de manera que si pasábamos juntos la primavera, ya nada nos separaría jamás.

Contemplé el cielo, las nubes avanzaban a gran velocidad, cubriendo los pequeños parches azules que aún se veían y la luna, como un inmenso disco plateado, se insinuaba entre los agujeros de un roído cielo.

La temperatura descendió unos grados y la brisa era más fría, y un tenue olor a tierra mojada llegaba con la brisa; y cerré los ojos. Cerré los ojos a la realidad, cerré los ojos a mañana. Recuerdos de otras épocas venían a mi memoria, una tarde de lluvia en mi niñez, un partido de fútbol en el barro, sentir el repiqueteo del agua en el parabrisas y el techo del auto, mientras la humedad del asfalto se filtraba por la ventanilla entreabierta; una poesía olvidada, un amor que fue posible, el aroma de su pelo, la suavidad de su piel.

La oscuridad va ganando la calle, y el olor a lluvia aumenta, la brisa se convierte en viento que se mete por las mangas de mi camisa, un escalofrió me estremece, siento frio y pienso: —así debe ser la muerte—. Con los ojos cerrados aun, me tomo todo el viento helado y el aroma de la lluvia que llena mis pulmones y llega hasta mi corazón.

Se escucha el viento soplar fuerte, la calle está envuelta en un manto de silencio, solamente interrumpido por los pasos rápidos de alguien que busca refugio de un chaparrón seguro, y por el ruido de los objetos que el viento arrastra caprichosamente. Quizás este viento temperamental no solo arrastre  tierra y papeles solamente; también arrastre promesas sin cumplir, ilusiones rotas, esperanzas viejas y sueños que nunca se convierten en realidad.

No me atreví a abrir los ojos, y pensé si hubiéramos pasado la primavera, las cosas serían distintas, serían mejores; pero la magia no existe. No sé en qué momento una gota me mojó la cara y  corrió por mi mejilla, para convertirse en torrente luego. Y lloré, como lloran los chicos, como los que tienen una pena, como los que se resignan al destino, como los que pierden algo, como los que pierden la primavera; y abrí los ojos, y contemple ese espectáculo. Y ya todo mojado, entré al hospital; la primavera había llegado.

 


Copyright©Carlos Mori

Agosto, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.