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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I La Narración

Consigna LN 4 Tome los ejemplos más abajo citados (tiempo del relato y tiempo de la cosa contada), redacte dos textos (máx. cada uno de ellos: ½ pág.). Uno de los textos deberá ser el tiempo del relato y el otro, la cosa contada.


Ejemplos:

TIEMPO DEL RELATO: “[…] Esta será la moralidad de esta aventura que me permito contar porque se repite actualmente en todos los salones de París.” (Estudio de mujer, LA COMEDIA HUMANA, H. de Balzac) 

TIEMPO DE LA COSA CONTADA: “La marquesa de Listomère bailó, hace un mes aproximadamente, con un joven tan modesto como aturdido, lleno de cualidades…” (Estudio de mujer, LA COMEDIA HUMANA, H. de Balzac)

 

 

 

Trabajo del tallerista

TIEMPO DEL RELATO

Esto fue lo que ocurrió; no hubo más. Voy a contarles porqué la Tierra se quedó sin mamíferos.

No podría decir que sin vida, porque los reinos vegetal y mineral aún se desparraman por toda su superficie; los mares son ricos en peces, corales, flora submarina, y hasta amebas y unicelulares se reproducen por millones. La tierra volvió a ser fértil, incontaminada, productora de especímenes gigantescos y diminutos cuya extensión fue cubriendo cada centímetro visible. Esta es la verdadera historia, un relato de belleza, amor, y horror que paso a contarles.


TIEMPO DE LA COSA CONTADA

Fue en 2096 cuando los primeros síntomas comenzaron a percibirse aún hasta por el más descuidado de los seres pensantes. Cuando, ese martes, Jordan llamó a la reunión de la ONU, sabía lo que podía esperarse de los que concurrieran, pero también sabía lo que debía tratarse y, sobre todo, autorizarse en esa jornada histórica.

Sería el primer tratamiento serio y concreto para intentar frenar, -o por lo menos retardar-, el proceso de extinción que ya se venía presentando desde hace 30 años y que nadie quería “oficializar” por intereses mezquinos y meramente económicos.

[…]

Pero justamente por esa falta de “contaminación mamífera” ya no hay mucho dióxido de carbono en la atmósfera, y esta falta de materia prima fue perjudicando el proceso de fotosíntesis y la sangre verde tuvo que comenzar a adaptarse para sobrevivir. Hace cuatro siglos que la savia tiene un color gris, plomizo, siendo más espesa y menos circulante. Las raíces se entrelazan intentando absorber de ejemplares contiguos algún líquido renovador de energía o tal vez algún elemento mejorador de la esencia propia. Esto sólo consigue dañar los procesos naturales y los ejemplares con más fuerza y capacidad de absorción drenan el jugo vital de los más débiles, degradando su calidad de vida y finalmente matándolos sin miramientos. Es común ver grandes ejemplares rodeados de… la nada. Extraña situación, pues es así como los mamíferos comenzaron su última etapa. Fue común ver cómo los transfusionarios estaban ocupados  las 24 horas transfiriendo sangre de aquellos más aptos y con escasos recursos económicos, a los más pudientes que buscaban 10 años extras de vida. Todo fue inútil, los seres humanos y luego el resto de los mamíferos…

 


Consigna LN 5 Evoque algún recuerdo, utilice el recurso de analepsis, y redacte una narración base. (1/2 página)

“Raquel Ovejero te dije que te sientes y te quedes quieta”. Ese nombre; inmediatamente viene a mi mente el recuerdo, el primer enamoramiento fuerte, la primera declaración de “amor”. ¿Cuándo fue?

Tendría 12 años, 1973 tal vez; no importaba dónde fuéramos de vacaciones; siempre debía concluir en Villa Dolores, en Valle Viejo – Catamarca. La casa inmensa de mi tía Esther brindaba todo lo necesario para una semana, -o dos si no salíamos a ningún lado-, para disfrutar de las parras con uvas gigantes, dulces de membrillo, duraznos, tunas, todo del fondo inmenso de la casa.

Al frente vivía ella. Pecosa, de cabello levemente rojizo, ojos verdes…, la más bella de las mujeres del Mundo. Durante las tres últimas vacaciones nos miramos cada día sin decirnos nada. Su hermano mayor (y mayor que yo también), se cruzaba muchas veces a lo de mi tía; tenía una increíble capacidad de introducir un fósforo prendido en su boca y sacarlo apagado. Pero con Raquel, nunca ni una palabra. Ese verano me animé; caminamos por la calle principal y le pregunté si quería ser mi novia. Me dijo que ya me contestaría.

Esa noche fue de insomnio total; recién a la noche siguiente, ella salió a caminar con su prima; también bonita, pero no como ella. Yo tomé mi bicicleta y las alcancé, caminamos contando cosas chistosas, haciéndonos los desentendidos. En un momento, una amiga de Raquel la detiene y comienza a hablarle. Su prima me aparta unos metros y me dice que la mujer de mis sueños aceptaba. No puedo describir lo que sentí; esa noche fue una de las más hermosas. Hablamos hasta la 1 de la mañana. Nos despedimos con un beso. Al día siguiente nos encontramos dos o tres veces y parecía que el tiempo no pasaba. Sin embargo, ese domingo ya nos volvíamos. Mientras mi familia armaba las valijas, yo me fui a la plaza que quedaba justo al frente de ambas casas. Por la puerta lateral se la veía; nos mirábamos. Ella escribía algo, pero luego arrancaba la hoja, la hacía un bollo y la tiraba al piso. Yo con el corazón por explotar con sólo mirarnos.

Ninguno de los dos hizo el primer movimiento; llegó la hora de partir y me fui de esa plaza con un nudo en la garganta que no me dejaba pasar la saliva. Nunca nos despedimos, nunca dejamos de mirarnos.

 


Consigna LN6 Escriba un relato en que la narración base sea breve y la analepsis extensa. (1/2 pagina)

Mis párpados comienzan a levantarse indicando que ya es momento de enfrentar lo que en mi interior siento como el mayor de los horrores. Giro hacia la pared donde tengo un espejo para verme de cuerpo entero y me espanto; ya no tengo ojos, ni boca, ni frente. De lo que fueron mis hombros nace una hoja.

Todo comenzó hace ¿cuánto? Me encontraba intentando escribir sobre mi escritorio cuando por la ventana ingresó una hoja traída por la leve brisa de un día de primavera. Desde el principio capturó mi atención. Primero, se quedó justo en el centro de la ventana, bailando circularmente en el mismo lugar. Sus movimientos no fueron al azar y, luego de unos segundos,  inevitablemente los relacioné con la melodía de “Melodía desencadenada”. Justo cuando terminé de recorrer mentalmente  la canción, el exacto equilibrio entre movimientos de aire, presión, etc., (que la Física podría justificar científicamente), hizo que quedara estática por un par de segundos. El marco de madera lustrada y la extrema nitidez del paisaje de fondo hicieron de esa imagen un cuadro de la más alta calidad artística.

Luego, sólo se dirigió hacia mi escritorio depositándose suavemente al lado de una de mis manos. Por sus formas similares, fue inevitable compararlas morfológicamente. Y así comenzó todo.

Desde esa siesta primaveral estuve observando esa hoja tan particular, dejando mi mano inmóvil, como queriendo evitar que se asustara y huyera. Luego de horas de embelesamiento y, al tener la Tablet al alcance de mi mano libre, gracias al sistema touchscreen pude ingresar a Internet y prestar atención en todos los detalles que mano y hoja comparten, comenzando una exhaustiva búsqueda sobre todo lo relacionado a las hojas en general y a la que tenía sobre mi escritorio en particular.

Mi mano inmóvil comenzó a verse cada vez más parecida a ese espécimen del mundo vegetal. Las oscuras vertientes que trasladan nuestro líquido vital se pierden entre la tupida maleza de vellos, nudos, pliegues, rugosidades, uñas, etc. Igual que la hoja cuya superficie es un mapa de nervaduras. Esta es de un platanus orientalis, penta-palmatífida, y palmatinervadas,  donde cada semilimbo asemeja uno de los dedos de mi mano.

No puedo explicar el porqué de mi ensimismamiento en esa dupla mano-hoja que con el paso de las horas se fue convirtiendo en hoja-mano.

ELLA fue ¿cobrando vida? Sentí que me observaba, estudiaba mis movimientos, inspiraba el aroma que emanaba mi cuerpo a través de mi mano cada vez más inmóvil, cada vez más rígida, cada vez más sin vida…

 


Consigna LN 7 Escriba un relato en que la narración base sea extensa y la prolepsis breve. (1/2 página)

Salió al exterior sintiendo la diferencia entre la calidez de su morada y el tenue frío que se iba extinguiendo a medida que se acercaba el mediodía; sabiendo que serían sus últimos momentos, lo hizo de manera tímida, lenta, suave, calmada. Cuando su silueta quedó expuesta a la atracción terrestre, su forma se alargó un poco mientras se deslizaba, pero con una mínima parte de su cuerpo sujeta al punto de inicio; como si no pudiera soltarse, como si no se hubiera decidido del todo. Luego de dudar, dejó que la gravedad hiciera su trabajo.

Comenzó a deslizarse por esa estepa suave y tersa en la que sin una senda marcada, seguía, sin embargo, el mismo recorrido que anteriores congéneres, (que dicho sea de paso, no fueron muchos). Luego de superar el promontorio óseo y ya en caída libre, tomó una forma de semiesfera con la base de su cuerpo aplanado y formando una especie de domo perfectamente cóncavo en su centro debido a la resistencia del aire. Sabía que al terminar el recorrido, no recobraría su forma original pues al estrellarse contra lo que sería su última morada, formaría un charco con su volumen desmembrado debido a la violencia del impacto.

Su presencia, completamente inesperada para quien la viera, no le impidió resumir, como una película en cámara rápida, su vida cómoda y simple en ese mar de tranquilidad en el que pasaba su existencia. Un estado en el que si bien cada individuo era distinto, todos eran uno yaciendo plácidamente en lo que podría llamarse un estanque calmo y sin turbulencias. Para la humanidad, su existencia sólo se volvía real al poder verse, y aunque la suya sería una vida efímera, siempre estaba el consuelo de esperar que el final fuera rodeado de pares y reconformando ese estado de unicidad entre todos. Pero no tendría esa suerte. Tanto su trayecto como su final serían simples y en completa soledad. ¿Por qué debía ser así?

 Era evidente la extraordinaria densidad de su esencia por todo lo que representaba ya que su sola presencia era casi un “milagro”; algo que muchos consideraban que sería imposible de observar en esa persona y que, de hecho, nadie vería.

 


Consigna LN 8 Escriba un relato combinando analepsis y prolepsis. (1 página)

Para los expertos, son animales temibles. Desde pequeños poseen inteligencia, lucidez, planificación, conocimiento del mundo humano. Hasta que son adultos poseen menos fuerza pero mayor vitalidad, y en grupos pueden derrotar al atleta mejor preparado del mundo.

En Internet conseguí todo lo necesario para enfrentarlos. Aprendí que su psicología es sumamente compleja; es difícil entender lo que les ocurre, o lo que desean hacer. Sin embargo, ellos pueden tomarnos el tiempo rápida y fácilmente; y una vez que se instalan en un lugar se desarrollan sin parar. Estuve estudiando mucho para enfrentar a lo que me espera en casa.

Cada uno de sus asaltos fue inesperado; en mi cama, de madrugada, justo cuando más dormido estaba. Evité, hasta ahora, lo que sería una muerte impiadosa pues, duermo alerta y con una manta al lado. Pero no es suficiente; lo mejor que conseguí fue envolver ese cuerpo informe, pero sus gritos agudos, la oscuridad, y el sopor propio del que recién despierta permitieron que huya y no pueda terminar mi tarea.

 Evidentemente, conoce a la perfección mis horarios y ritmo biológico. Sus dos cerebros pueden descansar alternativamente y espiarme todo el día. Hace dos semanas que no me ataca; estudios científicos muy serios en la materia dicen que pueden elaborar planes maravillosamente diseñados, y tomarse el tiempo que quieran para llevarlo a cabo. Hoy, tuve presente todo el día a ese ser bicéfalo. Estudié; me preparé mentalmente para la confrontación. Apenas llegue, iré directamente a su encuentro y esta vez yo tomaré la iniciativa sin darle tiempo a nada.

Cierro la puerta con sumo cuidado. Se advierte un inusitado silencio que presagia la tragedia. Arriba, un perceptible arrastrarse apresurado me da la pauta que ya sabe que estoy aquí y se puso en posición de combate; imagino su contorno: una cabeza más alta, cuatro patas, una cabeza más baja otras cuatro patas, todo en línea formando un trencito guerrero en tensión constante, listo para arremeter y atacar. Comienzo a subir los escalones; uno, otro, me detengo y agudizo el oído…; se está preparando para saltar. Subo cinco escalones y escucho… nada. Tres escalones… Mi cerebro está alerta; ya no habrá sorpresa, pero tampoco podrá escapar. Debo evitar que me rocíe con algún líquido paralizante; me pongo las antiparras, los guantes y el barbijo que compré; esta vez… ¡Un momento! Estoy descuidando el piso. Bajo mi mirada y ahí está; hilos casi invisibles que se entrecruzan formando una telaraña compacta. No me esperaba tan temprano, y los últimos reflejos del sol que se filtran por la ventana delatan  los finos trazos de la trampa frustrada. Quedan cuatro escalones; apoyo mi espalda contra la pared y respiro lentamente por la boca para no hacer ruido. Un escalón… silencio. Dos; las primeras gotas de transpiración empiezan a formarse en mi cuero cabelludo, ruedan por mi frente siguen el recorrido obligado por el armazón de las antiparras y se deslizan suavemente por mis sienes y el límite de mi barba hasta el cuello. Tres; se empañan las antiparras. La tensión es insoportable. Mi rodilla izquierda se flexiona elevando el pie al tiempo en que mis manos se convierten en garras; la pierna comienza a descender; es a vida o muerte; queda sólo el último, ese maldito escalón en el que todo puede pasar y en el que todo pasará;  contengo la respiración y… un leve desplazamiento de aire me da el tiempo justo para que mi cabeza gire hacia arriba en cámara lenta y vea la red que me envuelve y tira al piso revolcándome con la telaraña del piso e inmovilizándome.

Los gritos y zapateos dan cuenta de mi “terrorífica captura”  y que mis dos hijas me vencieran  otra vez. Esto seguramente habrá de recordarse en los próximos años inevitablemente en las reuniones familiares con mis nietos presentes. Niños: seres extraordinarios capaces de transformar una simple casa, en un Hogar al que se anhela volver cada vez que salimos.

 


Consigna LN 9 Escriba un monólogo interior en el que el control del discurso esté a cargo del personaje principal. (Máx. ½ pág.)

Una luz roja y una sirena me indican que la planta energética del vehículo dejó de funcionar, y al cabo de cinco segundos, todo es silencio y oscuridad en el panel de comandos. Tomo el volante, y, aprovechando la inercia, consigo estacionar convenientemente. Reviso los controles y nada indica el porqué del fallo. Además, sólo tiene diez días y no es uno de los reciclados.

Salgo fastidiado y miro alrededor. Estoy por llamar con mi visofón al auxilio cuando la veo; justo al frente. Ella; una súbita alegría invade mi cuerpo. Comienzo a recorrer con mi mirada sus curvas, su color pálido, las dos “cúpulas” que acentúan su frente ampuloso, la delicada línea de su contorno que resalta el estilo señorial que aún hoy conserva. Comienzo a revivir una serie de sensaciones: el primer impacto visual que me dejó sin habla cuando niño; los sueños llenos de aventuras y osadías; los temores propios de la edad; el deseo de buscar, con su complicidad, el primer beso, la primera caricia; las noches húmedas de adolescentes lucubraciones; la excitación constante de verla y sentir cerca la posibilidad  de un primer encuentra carnal que me hiciera sentir todo un hombre. En todas estas situaciones, Ella estaba presente ¿cómo vivirlas sin Ella?

La casa embrujada de una infancia casi olvidada. Tomo conciencia que nunca entré. Temor, miedo, prejuicios. Sonrío, y, entre contento y extrañamente niño, traspaso el portón de hierro forjado que apenas se apoya sobre lo que alguna vez fuera un arco magnífico. Llego a la entrada principal y no puedo evitar la tentación de bajar ese picaporte torneado que no ofrece resistencia. Ingreso a la supuesta sala de recepción y veo el cielo; paredes totalmente destruidas; del techo sólo quedan vestigios de yeso y trozos de hierros doblados. Pero a mi derecha veo esa puerta doble de madera lustrada que refleja los últimos rayos de sol.      Acorto distancias, poso mis manos sobre la madera, y un frío intenso congela mi aliento. Hago correr los paneles hacia los costados e ingreso a lo que supongo es la biblioteca. No doy crédito a lo que veo. Es otro mundo, otra casa, otra sala, otro tiempo.

Una pieza completamente limpia y ordenada; objetos de oro, plata y bronce se alternan, dándole un matiz difícil de definir; paredes atiborradas de libros, el hogar encendido y en el centro un gran sillón donde alguien se encuentra releyendo, pausadamente, lo que acaba de escribir. Llego hasta el hogar, acerco mis manos y percibo el calor. Es real. Giro y me vuelvo hacia el otro habitante de esa extraña sala. A medida que avanzo, mi sombra desciende lentamente desde el techo. Es inútil toda precaución; el personaje ni siquiera se percata de mi existencia. Está vestido con un ropaje antiguo. El largo de su cuerpo da la impresión de un hombre alto, aún para la época actual; sus hombros y brazos anchos implican un cuerpo atlético; su rostro, aunque joven, se ve demasiado maduro para sus años; el dolor envejece más que el calendario. En una de las paredes hay un retrato de cuerpo entero; una imagen imponente del gran conquistador. Me ubico por atrás de su hombro derecho y leo:

“Ibatín, 15 de febrero de 1570.”. Un escalofrío recorre mi espalda.

 


Consigna LN 10 Escriba un nuevo texto en el que el narrador reproduce enunciados ajenos. (Máx. ½ pág.)

—¿Qué te dije del celular? —dijo la madre.

—Bueno. —Contestó la niña intentando calmarla.

—Ahora repetime de nuevo la lista de lo matemáticas. —Levantó la voz la madre.

La niña comenzó a recitar de memoria todos los útiles, tipos de hoja, etc. que completarían las hermosas cartuchera y mochila que iba a estrenar el lunes. —Ah, y también necesito una nueva lupa porque “Pirincho” la mordió toda entera.

La madre, visiblemente alterada contesta: —Vos y tu Pirincho; ya me tiene harta con todo lo que muerde y destruye.

—Pero, ma, es cachorrito y es juguetón, ya le pasará.

—Sí, sí; siempre es igual. En unos meses vos y tus hermanos se olvidarán de “Pirincho”, y la que tendrá que arreglar todos sus desastres seré yo.

—No, ma; yo te voy a ayudar. ¿No lo hago siempre? —y poniendo su mejor carita de ángel como si nunca hubiera hecho una travesura agregó— Por lo menos eso le dices a mis hermanos.

—Sí claro. —Dijo su madre como diciéndole ¿quién te va a creer?— Y siguieron recorriendo las librerías del primer piso ya más calmadas.

 

 


Copyright©Seudónimo de su autor: Agosto

Agosto, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.