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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)  

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".


Anselmo solía frecuentar la pulpería luego del largo viaje que lo traía  al menos una vez al mes por encargo  de sus patrones. Cansado y maldormido, desensillaba el alazán que corría a la mayor velocidad que se hubiera visto. Y era lo que él necesitaba, porque para atravesar la bravura de esas pampas y llegar a tiempo nada mejor que su potro.

Las carretas que llevaban las frutas ya habían  llegado y ese día él cruzó el arroyo con calma, la mañana aún dormía sobre los adoquines secos y desérticos del paraje. Desmontó y comenzó a dar pasos lentos, sabía que aún no encontraría a nadie.

Pensaba en que llevaba tantos años haciendo lo mismo que el hastío se había apoderado de él, quizá hasta sin haberlo notado. Ya no soñaba con otro futuro, ni anhelaba los tiempos de juventud.

El perro que estaba siempre en el frente de la pulpería le ladró desde lejos. El seguía con su caballo cruzando las piedras y los pajonales aguardando ser  recibido.  Vio la única ventana abierta de la taberna y supo entonces que estaría Fermín.

Ya comenzaba aponerse el día y sentía el calor abrazador del verano.  Entró,  pidió una ginebra y unos biscochos entre tanto Fermín le preparaba el sobre. Notó que un gesto muy adusto lo acompañaba esta vez, como si ya no quisiera recibirlo, o mejor dicho, como si  no le importara tener que rendir todos los meses esa entrega, ya que él también era un empleado.

Se sentaron juntos y Fermín sirvió otras copas más, la charla fluía mientras seguían bebiendo. Pasaron largo rato tratando de conciliar algunos asuntos pendientes. Anselmo le dijo que estaba cansado de toda esa rutina y que ya había decidido no volver por el Arroyo Medrano en los inviernos.

Las mesas gastadas y rústicas empezaron a calentarse por el ardor de la jornada. Ellos siguieron hablando, algo más relajados. La última de las carretas con duraznos  estaba retornando. La ventana, la única de la pulpería Las palomitas comenzaba a recibir el sol plomizo de la tarde.

 


Consigna F 4 Escriba un texto en el que el enunciado sea polifónico. (Máximo 1 pág)


FRONTERAS 

Levanté la línea de fronteras mucho más allá de las rudimentarias zanjas, todo fue tan precario que entonces me propuse el plan más ofensivo, pero también el que mi estrategia conocía como más efectivo. Las tierras volverían a estar en nuestras manos, porque los tiempos en el Estado empezaban a cambiar. En esta avanzada con el teniente nos encontraríamos en Choele Choel y después  el otro mando navegaría hasta el Río Negro. Sometimos las primeras franjas y así comenzó nuestro paso, feroz e implacable.

Nuestros ancestros nos sostienen y así vamos a conjurar la sangre del huinca arrogante. Lo veo venir al general, desde tan lejos y avasallando tras su paso nuestras tierras, que nos convoca a la guerra. Nos reunimos en un gran círculo en el medio de la estepa fría y salimos a darles batalla. Esta vez no le será fácil  levantar la espada y el fusil. La ronda patriarcal cercó su marcha, veo cómo el miedo aprieta sus rostros cuando los oprime nuestra presencia.

Siguen resistiendo, y para colmo de males el general está del otro lado, más allá de la frontera  y aquí se acaban nuestras  fusilerías; mis hombres poco conocedores de este terreno caen improvisados más por el miedo a ellos, que por otra causa.  No sé si podré alcanzarlo, está tan lejos su pelea que no lo podemos ver. Aquí el humo y las lanzas nos envuelven en un sitio tan irreconocible como temeroso.

El cacique no se va a rendir, entonces Ud. teniente avance mas allá, siga firme con su caballería, tome todas las armas, están a su disposición; este territorio será su propia conquista. Con mis hombres acabaremos al resto, ahora solo necesito de su entereza y de su convicción para aniquilarlos. Confíe teniente: esta guerra está ganada.

Levantamos todas las tolderías y cobijamos nuestras mujeres... ¡que se escuchen nuestros gritos!... ¡que la tierra gima! Aquí estamos sus verdaderos herederos, los que no la abandonamos, quienes siempre la tuvimos. Las lanzas y los arcos que se disparan... y  ¡de aquí  no saldremos!

Siguiendo sus órdenes, les digo a mis soldados que ahora es nuestro tiempo, que la patria nos exige esta conquista. Entonces cargan todos los armamentos y pertrechos , y solo  nos aguarda este instante de gloria;  más allá de la frontera nos reuniremos con el ejército del general. Sabemos que su  plan no fallará.

Las zanjas anteriores  fueron cubiertas por el humo y las lanzas. Ahora la balacera nos empieza a aniquilar, nuestro gemir se aplaca por el paso gigante y monstruoso de los uniformes al que le llaman patria. Como siempre, el huinca prepotente le fue cambiando el nombre. Pero nosotros no, nosotros le pertenecemos a ella, sé que peleamos por cosas tan distintas, que fueron  ellos los que olvidaron la tierra.

 


Consigna F 5  Escriba un enunciado en el que el narrador utilice la segunda persona e incorpore los siguientes personajes y acontecimientos: un obituario, una hija que se ha fugado de su casa, vive en una pensión y le escribe a sus padres reprochándoles los injustos castigos de que ha sido víctima cuando adolescente. (Máx. 1 pág.) Recuerde que generalmente el género epistolar o el diario es el más apropiado.


Buenos Aires, 4 de noviembre 2003 

Mamá y Papá:


Seguramente, y  a la  altura  de todo lo ocurrido, no les llamará la atención,  recibir esta carta. ¡Tantos años sin vernos! Claro que lo deben recordar, porque fue en el entierro de la abuela Justina. Pero como todo, en estas tierras ocurre a paso tan lento, es que recién en estos días me llamó el Dr. Gastaldi por el tema de la sucesión.

Sé del gran interés de ustedes en terminar todo este tramiterío ya  la casa de la abuela es lo que siempre quisieron o ¿me equivoco? Por supuesto, sin muertes no hay sucesión posible. Me enteré que hace dos años falleció el tío Mario, pobrecito, allá solo hachando en una selva perdida, sin familia que lo contuviera y para colmo de su desgracia tampoco tuvo hijos.

Saben... siempre los recuerdo a pesar de esta larga incomunicación. A vos, mamá, porque evoco tus malos tratos conmigo desde niña, cuando se me caía la vinchita,  me volvías a atar el pelo con esa furia tan elocuente que me daba terror y si después perdía una hoja del cuaderno, venían los sopapos. Ni hablar de cuando en el pueblo empezaban las peñas y los bailecitos, te volvías loca de solo pensar en que además de limpiar la casa y tus quehaceres tan sagrados tenías que hacerme un vestido o comprarme algún atuendo.

Y a vos, papá, pareciendo distinto terminaste haciendo lo mismo. Fuiste  tan ausente, que a mí me pegaba de la misma manera.  Y lo que hacías era por órdenes de ella. Cuando había empezado a noviar con Aldo, eras vos el que me iba a buscar a todos lados sin dejarme respirar, claro, hasta el día en que el padre de él te paro bien en seco a la entrada del club. Sé que te habó tan bien de mí que te fuiste casi huyendo.

Pero como Dios es justo, tuve a la abuela que siempre estaba ahí para mimarme, ¡cómo corría conmigo jugando a las escondidas!,  después esas tortitas tan ricas que me preparaba para la merienda y los cuentos que me contaba antes de dormir. Ella se había puesto muy contenta cuando le presenté a Aldo.

Nunca dudé en que irme a la pensión fuera lo más acertado, después de todo me facilitaron la relación con él.  Aprendí a hacer de todo para ganarme  la vida con dignidad.  Y con él todo fue más fácil; crecimos juntos y hoy tenemos nuestra familia. ¡Vieron que no era cosa de un momento ni algo pasajero!

Pero  quiero  que se queden  tranquilos, porque cuando llegue la citación voy a concurrir al juzgado,  la memoria de la abuela lo merece todo. Le dije a Gastaldi que me avise con tiempo,  tengo que sacar el pasaje y dejar todo arreglado aquí en casa. Los chicos van al jardín y Aldo trabaja todo el día.  El viaje es largo y tendré que disponer de unos días.

¡Ah! me olvidaba decirles que el Dr. Gastaldi me asesoró en todos los derechos y además me contó que la abuela había hecho un testamento especial para mí. Pasó mucho tiempo, es cierto, pero la verdad es que recuerdo con tanto cariño a la abuela y a su casa que no nos disgustaría mudarnos para allá.

Aldo les manda saludos y yo espero verlos pronto.


Mariana.

 


Copyright©Alicia Jadrosich  

Diciembre, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.