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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento y su estructura

Consigna C 1 Reescribir A la deriva en primera persona (desde el punto de vista de cualquier personaje) y observar cómo se altera la historia. Justificar. (Máx. 1 pág.)


Acá en este muelle sombrío y rancio no llega nadie, ni siquiera para pedir auxilio. Cada tanto pasa una barca con gente desconocida que echa a andar fuertes sus remos, porque el río corre cuesta abajo,  y los que no lo conocen temen perder el rumbo.

Y no es raro que sea así, porque después el río se encapricha, se llena de curvas y estrechamientos que hacen casi imposible frenar en este paraje, salvo en la quietud veraniega. Recuerdo décadas atrás cuando había mucha pero mucha gente que trabajaba en el aserradero y que  el último en irse fue Paulino, mi querido compadre... ¿qué será de la vida de él?

Sé que desde que se construyó el otro puerto, allá por la costa del Uruguay, nadie frecuenta estos pagos. Que desde la muerte de Don Dougald, ya ni su familia viene a ver la casa, y el aserradero quedó en la penumbra. Yo igual desecho los matorrales todos los días, no sea cosa que por ahí  caiga alguno de sus parientes y venga a poner todo esto en marcha.

Ahora ya está atardeciendo, y es bien de día, porque el verano nos regala eso, me puse a cortar los leños más grandes, la semana entrante se los van a llevar para el otro pueblito, a unos treinta kilómetros,  allá en Paqui-Yaré.

En medio de esta calma y soledad en la que vivo desde hace tiempo, veo pasar una gastada canoa, el hombre apenas si estaba agarrado de uno de sus remos. Parecía desvanecido abordo de ella, se acerca y lo veo: una botella de caña vacía en la mano izquierda. Abrí  los ojos bien grandes porque era mi compadre,  entonces le grité... ¡Paulino! ¡Paulino!

De inmediato solté todo y me empecé a acercar. El despertó con mis gritos y trató de pegar su canoa hacia los juncos. Apenas un tímido apretón de manos nos alcanzó para ese encuentro tan casual como pasajero. Me dijo que iba directo a Paqui-Yaré que tenía que buscar unas medicinas en la salita porque su pierna se había hinchado y no sabía bien a causa de qué.  Y también me contó que Dorotea todavía vivía, a pesar de lo  frágil de su salud.

Estaba apurado, y la verdad  es que lo vi algo pálido y con las manos frías, lo quise acompañar pero quiso seguir solo. Se despidió con una sonrisa, tomó los remos y siguió la marcha río abajo. Recuerdo que siempre le gustó irse para Yaré, porque ese era un pueblo grande, según él decía y además ahí  la había conocido a ella.

Unos pocos minutos y se perdió en la estrechez de la confluencia mayor del  Guazú, pero, claro, se ve que venía navegando varias horas desde Mocoretá, por eso  había tomado frío. Yo seguí con lo mío, puse los últimos leños en la pila, el sol ya estaba rojizo y el agua también. Me puse contento al verlo, no sé si volvería a pasar o quizá regresara por la parte más angosta del arroyo de los Peños. También me quedé tranquilo, porque si algo conocía Paulino, era el río. Seguro que él jamás perdería  el rumbo.


JUSTIFICAR:

*La reescritura en primera persona fue tomada desde el personaje del compadre Alves quien es el narrador de la historia

*Solo se preservaron tres de los nombres del cuento original.

*Obviamente se alteró la historia porque quien narra sabe mucho menos que el narrador del cuento de Quiroga. Su enfoque está en el registro de su pequeño mundo o medio que es su realidad y el final tiene que ver con lo que él conoce de Paulino.

 


Copyright©Alicia Jadrosich

Septiembre, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor

 

Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.