Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo III Decir y mostrar 

Consigna D 2 Recorte una historieta de algún periódico, revista o internet (de una o más viñetas) con texto o sin él. Redacte un texto narrativo breve (1/2 página) en el que se cuente una historia, evite decir todo. (La historieta será el disparador, no es necesario respetarla).


Taller literario La Argamasa El famoso Hilgash después que despertó de la siesta decidió ponerle fin a los rumores que circundaban en Urry. Ya agotado de escuchar  las múltiples voces que asolaban la ciudad tomó una decisión. A su manera trató de mantenerla en el mejor de los secretos.

 Pero le aguardaba aún  el último de los desafíos que le había retado la vida. El sabía que debía vencer y entonces la historia de los hombres, o mejor dicho de los héroes, sería  diferente. Todas sus fuerzas y toda la energía de su linaje lo acompañaban. El sueño heroico abrazaba sus pasos, pero a la vez el temor -muy oculto- brotaba desde su piel; debía alcanzar aquello que ningún hombre pudo lograr.

Su siempre fiel compañero Enei le advirtió de los posibles peligros, pero Hilgash iba contra toda palabra, sobrellevando aún llevando el peso de un silencio casi inmortal.

La mañana en que despertó muy temprano, recorrió Urry, le gustaba ver la ciudadela en quietud. Desde las lejanías advirtió que el montículo era tan grande y tan lleno de vacíos que comenzó a berrear, como si un ejército lo acompañara. Las voces se contradecían y había lenguas tan extrañas como inciertas. No pudo comprender lo que había sucedido y a pesar de todo eso avanzó.

El atalaya era tan desmedido como elevado, entonces se paró en la roca más alta y aturdido por todo, lanzó su hacha bifaz. Como si fuera una implosión, comenzó a ver las nubes espesas, cargadas de humo, de gentes corriendo...  y luego el silencio que aguardaba develar lo insondable.

 


Consigna D 5 Escriba un texto en el que defina un personaje, respetando la brevedad, la concisión y la economía de palabras que advirtió en el fragmento de Los hermanos Karamasov. (1/2 pág.)  

Los naipes estaban en la mesa, era la última partida y el coronel Reims la pierde. Toma su copa de ginebra y se vuelve a servir, como si fuera la despedida. Se va temprano porque en la mañana sus hombres deben alistarse. Piensa en que debe dejar todo, porque el trabajo de un soldado es siempre el mismo y él no defraudaría a nadie.

La casa y sus hijos ya quedaron tan lejos que se conforma con una foto tan vieja y gastada que le dificulta  reconocer los rostros. Cree que algún día podrá volver, al menos con un mejor pasar para ellos. Tampoco sabe nada de ella ni de la casa... podrían haberla rematado luego de sus últimos perjuicios. Los tragos fueron su mayor vulnerabilidad.

Ahora  deben enfrentar una posición diferente, fuera de los entornos de la cuidad, los tanques enemigos avanzan sin que ellos puedan detenerlos. El sargento le advierte que sería más honrosa una retirada y plantear una nueva estrategia. Reims saca su petaca del bolsillo, alardea con rapidez y arenga a sus soldados para el embate. El sargento levanta la bandera y  da la voz de avance.

Los adversarios arremetieron, fueron por las casas y todo recinto, el entorno de la ciudad sufrió la embestida. El coronel saca otro trago y lo bebe hasta el final. Sus hombres caen abatidos, otros pocos se dispersan e intentan dar su vida  por la gloria. Él avanza, gastado y desmoronado... sabe con certeza que es la última jugada.

 


Consigna D 13 Redacte un texto en el que describa un personaje, incorporando las siguientes palabras y expresiones: hirsuto/a, avejentado/a, olvidado/a, claridad de pensamientos, llena el alma de adioses, rasgado/a por la angustia, ciego/a de esperanzas. (Máximo ½ pág.)

El andar de Lucio lo decía todo. Era un hombre rasgado por la angustia, aún cuando trataba de ocultar su dolor tocándose en forma instintiva  su bigote hirsuto.

Y así se lo veía, avejentado y algo olvidado de todo, hasta de su propia vida. Salvo, cuando en los atardeceres decidía salir a caminar por los senderos de la alameda; a veces daba la sensación de perderse en medio de ella,  pero también era su juego frente a la vida, porque después  regresaba con una sonrisa, como si algo nuevo se le incorporara.

Aunque su alma estaba llena de adioses, Lucio vivía feliz en la granja, criando animales.  Nadie como él para trabajar y sacarla adelante. Nunca contó lo que había vivido con su hijo, pero como todo, en un pueblo, esas cosas  trascienden.

Su semblanza era la de un hombre medido y reservado, que a la vez dejaba advertir en el silencio una sutil esperanza. El paso de los años se reflejaba en su cuerpo y particularmente en las marcas del rostro. A pesar de sus desolaciones, siempre mantuvo una claridad de pensamiento, tan grata que daba gusto hablar con él.

Nunca voy a olvidar la mañana en que supo lo de su hijo; cuando llegó la policía, el se estremeció,  apretó con tanta fuerza sus manos contra el rostro que parecía haberse perdido. Fue la primera vez que lo vi en un total desasosiego.

Y después de aquel día, pasó largo tiempo en el que nadie lo volvió a ver, ni si quiera salir  por los campos de la alameda.

Entonces decidí visitarlo, vi que había perdido algo de peso y estaba más pálido que de costumbre. Pareció cobrar ánimo y me cebó unos mates con galletas. Hablamos como siempre,  porque sus historias a mí me apasionaban.

Esa tarde, creo que entendí muchas más cosas, pude ver cada mirada suya y a la vez entender sus convicciones. Como siempre, Lucio hablaba y cuando se entusiasmaba, se tocaba el bigote. Me dijo que pronto volvería a su rutina porque extrañaba el campo y a sus animales. El apretón de manos en ese adiós me mostró su  ciega esperanza.

 


Consigna D 15  Describa el objeto que verá más abajo con la mayor economía de palabras. (Máx. ½ pág.)

Taller literario La Argamasa Sacó el reloj del interior de su chaqueta porque creía que iba a demorarse. Observó la hora y  apuró la marcha. Las calles dilataban su paso,  pero Jeremy debía ser el primero en llegar.

Comenzó a lloviznar y el avanzaba con la mayor ligereza posible. Alguien intentó ofrecerle una comida al paso y continuó con más rapidez. Vuelve a mirar presuroso el cronopio que le había regalado su abuelo... ¡cuántos recuerdos! El paraguas apenas alcanzaba a cubrir parte de su cuerpo; sufre pensando en que debe tener la mayor pulcritud para la subasta.

Marchó con tanta ligereza que logró llegar a tiempo. Pasaron algunos minutos y la gente comenzaba a ubicarse en el salón. Era la tarde del mes en que se realizaba la venta mayor, aún de las cosas mas impensadas. Tomó el martillo y comenzó como en todas sus rutinas de menor a mayor con el valor de las ofertas.

La fuerte lluvia hizo demorar a los compradores, los que a pesar de todo seguían llegando. Jeremy guardaba la pieza más valiosa, pensaba que quizá, podía prescindir de ella a pesar de los recuerdos. Hubo tantas ofertas como demandas, con lo cual sintió el placer del éxito.

El remate estaba llegando a su fin; la gente salía satisfecha por las adquisiciones. Cuando todo terminó, ultimó los detalles del cierre. Vio que un hombre algo mayor, apoyado con firmeza en su bastón comenzó a acercarse. Con un dejo de nostalgia le dijo que buscaba un cronopio y que hasta el momento no había podido hallarlo en ningún lugar.

Jeremy lo miró algo sorprendido, pero no dudó, sacó del interior de la chaqueta el reloj del abuelo y lo puso sobre su mano.  La sonrisa del hombre le hizo entender la razón de aquella  tarde.

 


Copyright©Alicia Jadrosich 

Agosto, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor

 


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.