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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

TEC Módulo VI. La trama

Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".


Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas”.

El carretero clavó sus pisadas en la tierra, arrolló la cintura de sus bombachas polvorientas y descargó a manos llenas los duraznos. Cuando el balde de madera estuvo colmado, lo llevó hasta la parte trasera del rancho y lo dejó delante de la puerta cerrada del depósito. 

—La fruta se echa a perder al rayo del sol refunfuñó el carretero, al borde de las náuseas, cuando levantó el balde fermentado de la semana anterior. 

—A los borrachos no les importa —retrucó el pulpero desde la ventana.

Acá el único mamado sos vos. 

No te pongas arisco. Sentate y tomá un trago, yo te invito.

El carretero sobrepasó la ventana sin responderle y se puso a accionar con ímpetu la palanca de la bomba de agua. El pulpero corrió hasta la puerta, para no perderlo de vista. El agua tardó en salir unas cuantas palancadas y cuando lo hizo, fue apenas en forma de hilos que se colaron por el entretejido de  una tela de araña espesa que tapaba la boca de salida. Después entró a la Pulpería atropellándolo. Revolvió botellas en la estantería bajo el mostrador y desbordó una copa con ginebra añeja. El pulpero intentó en vano arrebatarle la botella.

No concibo el despilfarro. Dejá esa botella donde estaba, acá el que sirve soy yo —le profirió, envalentonado. 

El carretero lo miró desafiante y se sirvió otra copa igual. Mientras el dueño del rancho observaba resignado su perfil aguileño, él bebía impasible y con un comentario hosco lo sacó de su estado de hipnosis:

Dentro de poco ya no tendrás con qué pagarme. No voy a traerte más duraznos entonces, ¿escuchaste? —le dijo señalándolo con el dedo índice Andá buscándote otro amigo.

No los tengo. En este pueblo nadie puede verme. No te vayasle imploró.

El carretero no toleraba la falta de dignidad que ese hombre tenía por sí mismo y estuvo a punto de darle una cachetada, pero sabía que no iba a dolerle. Miró el local vacío. ¿Desde cuándo no vienen clientes? —le indagó. 

El Pulpero se alzó de hombros.

Yo ya me cansé de este pueblo. No queda nadie… ¡pulpero obstinado! —dijo, y golpeó con el puño sobre la mesa¡maldigo el día en que te me apareciste! Te cuento lo que voy a hacer: voy a subir a esa vieja carreta y me voy a ir con los duraznos a otra parte. Si te la aguantás solo, quedate. Pero te digo dos cosas: la primera, que este pueblo ya no existe; y la segunda… ¡dejá!, seguís sin entender. Cerrá el boliche. Te ordeno que subas a mi carreta: te llevo conmigo.

 


Copyright©Marina

Agosto, 2017. Todos los derechos reservados por el autor