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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII. Focalización

Consigna F 4 Escriba un texto en el que el enunciado sea polifónico (Máximo 1 pág.)


PROHIBIDA

Cuando la tía Blanca ponga una foto real al portarretratos que compró, tengo que hacerme de esa otra imagen impresa en papel ordinario que trajo de fábrica. Me agrada la fotografía que le tomaron en el campo a aquella chica con el vestido de florcitas verdes y celestes, y el cabello suelto abrigando la mitad de su espalda. Porque era una tarde fresca, así imagino la brisa que ondula el lazo de su cintura y me acaricia los párpados. Ella no puede verme porque estoy a más de un metro de distancia a sus espaldas y porque el silbido del viento en sus oídos enmascara mi presencia. Me quedo quieto, porque no quiero perturbar esa imagen perfecta. Tan inmóvil está, que me preocupa, y siendo su madre, debería detectar si necesita algún tipo de ayuda. Se pone melancólico a veces y desconozco el porqué. ¿tendré que llevarlo a una consulta? Si Blanca tuviera hijos me entendería.

Si fuera mi hijo le daría más aire. Claudia le está encima todo el tiempo. Sería más saludable para él criarse con alguien como yo. ¡Ay, si yo tuviera un hijo! Pero así lo dispuso el de arriba: a Blanca no le damos un hijo, le damos un sobrino y con eso debe conformarse. 

Lo mejor que puedo hacer es no interrumpirlo cuando está en ese tipo de trance: ¿le pasará algo? Dejá de maquinar, mamá, “¿desde cuándo estás ahí parada?”, le digo sin poder ocultar el fastidio. “¿Servimos el té, Claudia?”, le pregunta Blanca para sacarla de la situación incómoda. Las voy a ayudar, a ver si cambiamos un poco la cara, ¿sí madrecita querida? ¿Que si estoy de novio? Ya les gustaría saberlo, para acosarme con preguntas indiscretas. “Por ahora, nada serio”, les contesto indignado. Huyo hacia el comedor llevando la bandeja con las tazas, la tetera, el azúcar y el platito con amarettis. Recuerdo la imagen de la foto que en el comedor se materializa en la estatuilla blanca que danza grácilmente en ronda con otras figuras sin importancia alrededor de la lámpara de mesa. Me gustaría ser el joven mozo que la toma de la mano, ¿de qué material está hecha?, parece de mármol, de mármol blanco, apoyo mi índice y pulgar sobre ambas manitas, ¡cómo me gustaría separarlas!, ¡qué frías están sus manos!, en la foto no son frías, claro, porque ahí están de color y acá son blancas, blancas y de mármol. Qué lámpara exquisita. 

“¿Ves, Blanca, lo que te digo?, ¿por qué se emboba con esa lámpara?”, pregunta mamá. “Debe pensar en alguien que le gusta, a su edad no sería extraño, lo raro sería que no pensara en eso”, responde impunemente. ¡Qué rabia me da que hablen delante de mí como si no estuviera presente! Pero no, no estoy loco, mamá. "¿Uno o dos terrones?", me pregunta Blanca. Claro, ahora sí me incluye en el diálogo. Mejor no tomo té, le agradezco y le pido permiso para escudriñar su biblioteca. “No le des importancia, tomemos el té nosotras y después te muestro la ropa, si te queda, te la llevás, ¡eh!, porque vos sí que mantuviste la figura, ¡pensar que antes usábamos el mismo talle!”, y bla, bla, bla, Blanca no para de hablar. Sigo escuchándola por un buen rato, hasta que decido poner fin a la visita. Desde el pasillo espío la habitación antes de entrar, la figura de mi madre se oculta y reaparece entre las prendas, al igual que el brazo de Blanca, que entra y sale del placard lanzando telas, y algunas van con la percha puesta, es un peligro estar allí. Vuela una camisa por un lado, una falda por otro, y en el aire una tela me resulta familiar. Mamá la viste pero algo no encaja, en ella se desluce, y no es como yo pensaba que le iba a quedar.

Los vestidos le sientan bien a las mujeres, pero ese parece hecho para una sola..., repentinamente  un fuego me sube desde el estómago y pone a hervir mis mejillas. Corro hasta la cocina y baño de agua fría toda mi cara, pero sigue roja y ardiente. El vestido de florcitas verdes y celestes no, no debería pertenecerle a ella.

 


Copyright©Marina  

Julio, 2017. Todos los derechos reservados por el autor