Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo I La narración

Consigna LN 1 Ud. es un escritor consagrado; un amigo/a, o un discípulo/a, o un hijo/a le pide consejos acerca de cómo debe ser la escritura literaria. Escriba un texto epistolar en el que explique sus convicciones e intuiciones.  Recuerde que es Ud. quien previamente debe tener la representación mental y saberla trasmitir a su destinatario. Tome como ejemplo la carta de R. M. Rilke. (Máximo 1 pág.)

 


Sepa Ud., mi querido Antonine, que he llevado un largo recorrido hasta terminar instalándome aquí,  en este pueblo perdido de nuestra tierra, el lugar que menos esperaba. Hay toda una generación que aún aguarda el curso final de mis letras.

Siempre entendí, aunque no avalé,  su prisa en emular la estilística de mis trabajos. ¿Acaso consideraba una innovación el confrontar doxa con epísteme?  La historia, -mi querido muchacho- nos ha dejado profundas huellas en este campo, sería infructuoso enumerarlas.  ¡Las letras son las que encierran la verdad en una palabra y no la ambigüedad del pensamiento humano!

Debe conocer que aún cada frase que quiera utilizar ya ha sido dicha por otras y tantas personas en contextos tan diversos... incluso se descubrirá repitiendo aquellos enunciados que juró nunca volver a reproducir, más aún cuando los hubiere oído en su prematura niñez.

Es entonces cuando le digo,  que aquí,  frente a mi  imposibilidad de continuar de la manera en que anhelo profundizar mis estudios, me veo forzado a hacer un alto. Mi mano también ha sido afectada por este mal que los médicos  todavía desconocen.

Mientras tanto, si el día me lo permite, olvido la pesadumbre diaria y vuelvo sobre mi recorrido. ¡He sentido tanto placer en la creación de mis páginas!… como todos Uds. al leerlas y pedirme más. Lo mío siempre ha sido ir más allá, más allá de las sombras, de los mitos y de las  letras mismas. Y  sepa Ud. que a pesar de las críticas de las cuales no se privan mis adversarios, que no me condeno al evocar  los caminos recorridos.

Aunque mis días se agotan, la pluma me aguarda y me inspira y sé que eso es lo que Ud. busca Antonine. El lector debe completar su doxa tan querida con su propia imaginación, no lo olvide joven discípulo; aún  le aguarda un largo recorrido.

Esta mañana amaneció fría y oscura, muy propia de los inviernos pueblerinos del sur.  En mi cama, casi inmóvil, oí las voces que susurraban en mis oídos, la pluma que me reencuentra en las huellas más pueriles de mi vida y el papel que se mancha de nuevas tintas.

 

 

Consigna LN 3 Transcriba los párrafos que eligió y luego redacte dos textos literarios imitando el estilo de uno y otro autor (máx ½ pag. cada texto)

 


“Sin embargo, Carlos era un parisiense, inducido por las costumbres de París, por la propia Anita, a calcularlo todo; era ya viejo bajo la máscara de la juventud. Había recibido la espantosa educación de aquel mundo en que, se cometen, en una sola noche, más crímenes de pensamiento y de obra que los que castigan los tribunales en un año, de aquel mundo en que el chiste asesina las más hermosas ideas, en que sólo pasa por fuerte el que ve claro, y en que ver claro consiste en no creer en nada, ni en los sentimientos, ni en las personas, ni siquiera en los acontecimientos, puesto que hasta los acontecimientos llegan a falsificarse. Allí, para ver claro, es necesario sopesar cada mañana la bolsa de un amigo, saber colocarse, políticamente, por encima de todo lo que pasa, guardarse interinamente de admirar nada, ni obra de arte ni una buena acción, y atribuir todo un móvil interesado.”

Eugene Grandet, de Honoré de Balzac



Imitación:

Julio no era más que un vagabundo errante, perdido cada noche en un pueblo de moribundos y ausentes. Su mundo fue tan pequeño como aquel que lo vio nacer, carente de ambiciones de sueños y  de deseos.

Llevaba más de veinte años resignado a ser menestoroso, vestido en harapos y con una ligera carga sobre sus hombros. No recordaba a su familia, porque quizá nunca la tuvo o al menos eso  creyó, era su realidad. Durante  el día caminaba y recorría diferentes lugares para intentar saciarse.

Buscaba un nuevo sitio para esa noche tan fría, así llegó por primera vez a una esquina que desconocía. Era la estación,  y allí se cobijó bajo un techo más amplio. Sus manos crujían al sonido del viento, tan fuerte, que apenas pudo desplegar su bolsa. La frazada gastada y agujereada parecía apenas rozarle el cuerpo sin que lograra abrigarlo.

Infructuosamente intentó dormir, estaba  hambriento y con unas acotadas gotas rancias de whisky. El frío y la nevisca sacudían al hombre cada vez más. Vio aproximarse a tres hombres que  bajaban de una vieja camioneta. El siguió allí, solo y quieto,   tirado sobre su colchoneta.

Apenas unos minutos y llegaron varios vagabundos, hombres y mujeres. Curiosa escena a sus ojos, parecía que todo esto fuera habitual y allí se encontraban cada noche para calmar el hambre.

 

Los tres hombres comienzan a darles alimentos, y ellos alegran su noche. El humo de la sopa atrae casi con desesperación su apetito. Pero piensa que por sobre todo debe guardar su mundo, su pequeño y errante mundo, sin ensueños ni pretensiones.

 


Y entonces, en la carretera que extendía sin terminar su larga cinta de polvo,  por los caminos hondos donde los árboles se curvaban en bóveda,  en los senderos cuyos trigos le llegaban hasta las rodillas,  con el sol sobre sus hombros y el aire matinal en las aletas de la nariz, el corazón lleno de las delicias de la noche,  el ánimo tranquilo, la carne satisfecha, iba rumiando su felicidad, como los que siguen saboreando, después de la comida, el gusto de las trufas que digieren. 

(Primera Parte - Capítulo V)

Un hombre, al menos, es libre; puede recorrer las pasiones y los países, atravesar los obstáculos, gustar los placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado.  

Fuerte y flexible a la vez, tiene en contra de sí la flojez de la carne con las dependencias de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los vientos; siempre hay algún deseo que arrastra, pero alguna conveniencia social que retiene. 

(Segunda Parte - Capítulo III)

El amor, creía ella, debía llegar de pronto, con grandes destellos y fulguraciones, huracán de los cielos que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. No sabía que, en las terrazas de las casas, la lluvia hace lagos cuando los canales están obstruidos.  

(Segunda Parte - Capítulo IV)


Madame Bovary, de Gustave Flaubert  

 

Imitación:

Todas las tardes después de que la señorita Emy le diera su clase de piano, Camille se quedaba  largo rato tocando  y repasando la ópera que más le gustaba; mientras lo hacía,  ponía en escena los personajes que ya conocía, más que a su propia familia. Se deleitaba entre el toque figurativo con los acordes y arpegios. Conocía tan bien a su padre  que sabía que nunca aprobaría su desesperada pasión por la música.

Parecía resignarse con docilidad a su vida. Frente a su padre, actuaba con una  aparente sonrisa de benignidad y con algunos  ademanes misericordiosos, que simulaban ser tan creíbles como la misma luz del alba. Repetía las mismas respuestas y los gestos que sabía, serían aceptados como parte de un ritual costumbrista y vano.

La señorita Emy le había propuesto participar en el concurso regional de Lyon. Camille vivió todas las ilusiones juntas y más que eso, sentía que el mundo podría recuperar los más nobles instintos,  las más puras sensaciones que emanan del sonido. Pensaba y diagramaba la escena de cómo le diría a su padre, durante más de una semana se encerró en su habitación y ensayó más de mil de maneras posibles.

En el desayuno, sentados en el parque, con el aire matinal que trae la primavera  y hace mover  con lentitud las hojas, se sentía lista para decirlo. Recordaba los consejos de la señorita Emy, la dedicación de sus clases, se veía en el escenario, rodeada de aplausos y congratulaciones.

Su padre tomó la palabra, le habló de las maravillas de sus negocios, de sus merecidos éxitos en el mundo de las finanzas. Le dijo que se preparara porque en unos días tendrían que partir a Inglaterra. Camille calló, no pudo pronunciar ninguna palabra, solo un gesto forzado de inquietud  se apoderó de ella. Se encerró en su cuarto y preparó cuidadosamente una valija, tomó sus partituras, eligió sus mejores ropas,  el boleto del tren y se preparó para el viaje.

 


Copyright©Alicia Jadrosich 

Junio, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor