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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII. El punto de vista o focalización

Consigna F 6 Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientespersonajes: Paulina; hijo de Paulina (aproximadamente 35 años); Juan, el almacenero del barrio. (Máx. 1 pág.)


Desde la mesa de la esquina bajo la única (y muy pequeña) ventana del bar, escuché entrar a una muy enojada señora. “¡Juan!, si mi hijo está acá…”. Pero mujer…”, dijo socarronamente don Juan, “no le parece que está grandecito el hombre para….” Pero la mujer lo interrumpió abruptamente: “¡justamente! Ya es hora de sentar cabeza y dejar estas… Mejor no sigo, si lo ve…”. “Sí, si, no se preocupe” Y en tono entre burlesco y cómplice balbuceó: ”ejem… 35”. La mujer no dijo palabra, pero su mirada lo expresó todo.

 

En aquel oscuro y escondido rincón me sentí invisible, y de acuerdo a lo que pasó luego, si es que realmente sucedió, lo era.

 

El portazo que dio doña Paulina al salir provocó un leve temblor. La puerta en lugar de cerrarse rebotó y una luz indefinible colmó el mostrador dejando en penumbras, aún más, el rincón donde me encontraba: tenue pero brillante, clara pero amarillenta, fuerte pero sin nitidez, como decía: “una luminosidad indefinible”. 

 

Con una calma extraordinaria don Juan dijo: “Muchacho, tu madre…”. “No se preocupe don Juan, algún día ella entenderá”. Pero la voz de quien contestaba era de un muchacho no mayor de 15 años… 

 

Sin lograr salir del asombro en el que me encontraba, quedé perplejo, más, al observar que ya no estaba en el bar. Donde otrora estaban los vasos y las botellas ahora abundaban objetos… arcos, flechas, inmensas y coloridas mantas, jarrones de barro también de vívidos colores, sacos de harina, barriles de agua-miel, canastos de mimbre desbordantes de semillas de girasol, de trigo, de menta, monturas y espuelas de todo tipo, música… música que provenía desde el jardín, ¿jardín?. ¡No! Detrás del gran ventanal, (¿ventanal?), un inmenso prado, una laguna de aguas tan cristalinas que podía verse, aún desde mi rincón, el devenir de miles de peces de brillantes colores, una gran variedad de verdes y floridos árboles colmados de frutos, y gente, mucha gente, cantando extrañas pero bellas melodías, danzando con movimientos tan indescifrables como armónicos y coordinados.

 

El joven que apareció a la par de la penumbra que devino con el portazo de Doña Paulina, cantaba al compás de un instrumento afinadísimo pero que no llegué a reconocer. 

 

Don Juan, ahora devenido en el señor del almacén de ramos generales de un pueblo ¿fantasma?, anunció con un tono de incontenible felicidad: “¡¡¡ya es horaaaaaaa!!! Y como dando continuidad a la sonoridad de su voz, grave y fuerte, infinidad de acordes resonaron en el aire anunciando la llegada de la novia. Paulino, ataviado como cacique araucano la recibió orgulloso, y gozoso dijo unas palabras que no pude comprender, pero que clara e indudablemente significaban que aceptaba a la bella dama como su noble esposa y reina. 

 

Un repentino y fuerte portazo me llevó nuevamente al bar. Un nuevo temblor al compás de una, ya conocida, voz amarga, chillona y sombría me hizo dar un salto en la silla: ”Yo sabía que estabas acá, Paulino.

 

Copyright©Fabiana Sereno. Abril, 2015

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