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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 9 Escriba un enunciado en el que el narrador haga una mirada estereoscópica. (Máx. 1 pág.)


EL MACHO

El aprendizaje de ratero tiene esta ventaja:

darle sangre fría a uno, que es lo más necesario para el oficio.

Además, la práctica del peligro contribuye a formarnos hábitos de prudencia.

Roberto Arlt. 

 

—¿Cómo dijiste que se llamaba el quía en cuestión? —Preguntó uno de los que estaba en el bar “Las Carmelitas”. Se lo preguntó al dueño que estaba detrás de la barra. Y este le contestó:

—Juan Ramón Ibáñez.

—Ese mismo es del que te hablo.

—¿Se fugó con la guita decís?, —le pregunté y miré de reojo al resto de la muchachada— el tipo se la afanó de la tienda donde laburaba ¿no?

—Más o menos así —dijo otro— pero se la llevó legal.

—El tipo quiso cambiar de vida y se la jugó, —agregó el mozo— estaba cansado y se reinventó la vida.

—El tipo es vivo —retomó el relato el primero que habló— encontró el billete y se mandó a mudar. La mina, la que se lo olvidó en el saco que llevó para cambiar, lo denunció, creo.

—Sí —dijo otra vez el otro— es lo que digo, perfectamente legal. Parece que la mina había ido tres veces a la tienda, siempre con la excusa de que tenía que cambiar el saco por una u otra cuestión. Primero porque no le había gustado el color. Después no le daba con el talle. Y la tercera, esa excusa es la que no sabemos.

—Sí que la sabemos —dije con sarcasmo.

Naaa —enfatizó el primer hablante— eso es puro chismerío.

 —Yo les voy a contar la verdad —dijo uno que estaba parado en la barra. Unos a otros nos quedamos mirándonos,  pues nunca habíamos visto a ese tipo por estos parajes. Y empezó a hablar— Juan Ramón Ibáñez es el tipo más vivo que ustedes conozcan. El chavón estaba encajetado con esa mina y tenía un arreglo de lo más resuelto. Eran amantes desde hacía mucho tiempo y de un día para el otro, de golpe y porrazo la que te dije gana el primer premio del gordo de navidad. El quía, como ustedes lo llaman, este Ibáñez, le promete el oro y el moro. ¡Ja!, El moro, porque el oro lo tenía ella. Llegó una mañana a la tienda y le mostró el billete y  le dijo, mirá, Juancho, mirá lo que tengo y el que te dije se desesperó de ver a la mina en el laburo, ¿me entendés? Se enloqueció, la agarró del brazo y se la llevó a uno de los cambiadores y ahí, el tipo entiende todo; su hembra había ganado la lotería. Enseguida se le prendió la lamparita a Ibáñez y le propuso que se rajen juntos, pero al principio la mina no le confió y se llevó el billete. Pero endespué, ella vuelve como a los pocos días y se lo trae porque tenía miedo que su marido se lo encuentre. Acá se lleva una prenda, la que trae otro día solicitando recambio y aprovecha para hablar con su macho.

 —¿Y dónde está la viveza? —pregunto uno.

 —En que el tipo se fue con su amante y cargado de guita. —Dijo otro.

 —No, señores —volvió a los comentarios el tipo de la barra— la viveza está en que este Juan Ramón Ibáñez dejó plantada a la ganadora y se rajó con su esposa y toda la guita del gordo. Sí, créanmelo. Ibáñez, al tercer día llega tarde a la tienda y ve que su amante está hablando con el jefe y otra empleada, están revisando unos sacos que ella había intercambiado. Se ve que la mina se arrepiente y reclama lo suyo como algo olvidado. Ahí no más, el quía antes de entrar se pega la media vuelta, pasa por la agencia para cobrar la guita, levanta a su mujer y se toman el palo.

 —¿Y este muñeco, de dónde salió? —Pregunté. Y el muñeco antes de marcharse se dio media vuelta para decirnos:

 —Soy el marido de la hembra de Ibáñez. Los vengo siguiendo desde hace tiempo, los quería agarrar infraganti.

 —Bueno, —dije ni bien el muñeco en cuestión cruzó el umbral de la puerta y se guareció debajo del suplemento deportivo abierto al cielo tempestuoso— conocimos a un tipo vivo.

 —Sí, —dijo uno— a un tipo vivo y a un macho como ninguno.

 —¿A un macho? ¿Qué tiene ese de macho? —Agregó otro.

 —Y… que hay que ser macho para contarla.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.  

Julio, 2016 Todos los derechos reservados.