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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 7 Escriba un enunciado en el que el narrador omnisciente narre desde lo psicológico. (Máx. 1 pág.)


LA ÚLTIMA PRIMAVERA

La muerte invade

De vez en cuando el sueño

Y hace sus cálculos.

Haikú de Mario Benedetti 

 

El sol se abrió paso a través de las traslúcidas cortinas. Él se levantó y caminó hacia la ventana. Las risas de sus nietas colmaron de juventud la habitación. Las vio, tal cual las había imaginado: estaban cabalgando.

Habrán llegado por la mañana temprano, pensó.

En otra época, las mañanas también comenzaban temprano para él.

Deben de haber venido a buscarme, se dijo sin dejar de mirarlas. Pero no estaba dentro de sus planes terminar sus días lejos de todo aquello que lo convirtió en lo que es ahora: un ser del interior.

Prefirió quedarse allí contemplando el bello paisaje agreste que contrastaba con sus amores, antes de bajar a recibir la energía de sus abrazos. Prefería observar a las personas desde la distancia, desde una perspectiva que le permitiera entender su verdadero comportamiento. Creía que todos tenían una conducta restringida frente a los demás, y que en solitario se mostraban tal como eran.

Aún somnoliento, fue al cuarto de baño y se detuvo frente al espejo. Sus cabellos blancos ya no crecían, los ojos hundidos y vidriosos se habían marchitado como flores en otoño y sus manos estaban inquietas. Le costó reconocerse tras la senil mirada de un hombre pobre.

Volvió sobre sus pasos para contemplar nuevamente a las mujeres. La imagen trajo el recuerdo de su esposa, igual a su hija; dedicada enteramente a los suyos. Fue hasta su escritorio y tomó unas notas mientras recordaba con dolor cómo había permitido que se marchara sola. Cada noche antes de dormir, cada mañana al despertar venían a su recuerdo las últimas palabras de ella.

No me dejes sola, recordó.

La he dejado ir, escribió.

La había tomado entre sus brazos. Incapaz de expresar palabra alguna, la acompañó hasta perder lentamente la tibieza de su cuerpo. Perplejo, no dejó de abrazarla hasta que la buscaron para despedir sus restos.

No tuvo el valor para ir al funeral, solo después de mucho tiempo se permitió visitarla. Llevarle flores y un poema, aquel que embebido en llanto suplica por la indulgencia.

Perdón por haberte dejado sola.

Perdón por no tener el valor

De acompañarte.

Perdón.

Tomó una hoja en blanco, la observó con perplejidad y como si estuviera escrito lo comprendió.

Pasó del trance al desasosiego y de este a la ira.  Encendió un cigarrillo y tosió hasta quedar sin aliento. Volvió a pitar el tabaco. Escupió el mal trago de su vida y se recostó en su vieja cama, la misma que compartió con ella más de cuarenta años. El clamor de las niñas le permitió crear la imagen en movimiento de mariposas en primavera. Aun así sintió el vacío, pues el amor de su vida era el que le permitía vivir. Las flores ya no brotaban con vitalidad, el carmesí ahora gris y el cantar de los pájaros un eco detrás del infinito horizonte.

Con su amada se había ido su universo y ahora no restaba más que cerrar los ojos y reencontrarse con ella.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.  

Julio, 2016 Todos los derechos reservados.