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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI La trama

Consigna T 6 A partir de los datos del desenlace que se transcribe, organizar una trama y escribir dos relatos. (Máximo 1 pág. cada uno).


Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle.

Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo.


Informe del cielo y del infierno, de Silvina Ocampo 

 

 

EL CANASTO DE MIMBRE


Josefina ojeaba a su hermano mayor escondida detrás de la taza con leche y haciendo ruido al sorber. Él la miraba de manera incisiva, como un cazador a su presa.

—¡Vamos! —dijo la madre, y arrancó a la nena de la mesa—, basta de pavear que se hace tarde. ¡Pero, no terminaste tu leche!

—Es  que, es que, Darío —intentó responder Josefina, pero su madre la interrumpió.

—Vos, atorrante, dejá de fastidiar a tu hermana, ¿querés?

El muchachito, estirando hacia abajo el párpado inferior con el dedo índice, le mostraba a su hermana la apertura sanguinolenta de su ojo. Josefina respiró aliviada, al observar que en el fondo de su taza todavía quedaba algo de leche.

—Lo de la taza de leche —le dijo Micaela a Josefina en el recreo de la escuela— no es nada, porque por ahí te vas al cielo. Peor es lo que le pasó a mi mamá un día, cuando iba abrir la puerta de nuestra casa con una llave rota. Se dio cuenta enseguida y soltó la llave que si no, requete derechito al infierno se iba.

—Ufff —clamó Josefina— ¿En serio?

—Que sí te digo. Por un papel de diario si lo terminás de leer de un tirón o si vaciás una taza de leche, te morís y te vas al cielo. Si tratás de abrir una puerta con una llave rota o querés meterte en un canasto de mimbre, también te morís, pero te vas al infierno.

La pobrecita de Josefina, como un anima en pena, le suplicó a la señorita de cuarto grado que le avise a su mamá para que venga a buscarla.

—¡A vos te parece tener que renegar por una pavada! —le decía la mamá a Josefina mientras la arrastraba por la calle—  ¿Quién te mete a vos esas ideas en la cabeza, me querés decir?

Josefina, angustiada, hacía un esfuerzo sobrehumano por seguir el ritmo de su madre y no tropezar en el intento, hasta que al fin tuvo descanso cuando pararon para charlar con la vecina.

La nena, sostenida aún con firmeza por la madre, quedó cautivada por los gatos de la doña de al lado. Eran tres y jugaban saltando sobre un canasto.

Un súbito soplo dejó a la nena con la boca abierta. Uno de los gatos saltó dentro del canasto y no volvió a salir, mientras los otros, enajenados miraban desde afuera. Los ojos vidriosos de josefina estaban puestos en el canasto de mimbre, hasta que desapareció de su vista tras ser arrastrada por su madre.

 


AL AVERNO


¿Otra vez volvió a pasar? Es increíble que a estas alturas de la existencia del hombre tengamos que enmendar errores del pasado. Ya sé, ya sé, pero yo no puedo hacer nada al respecto. Es usted quien tiene las llaves y también la confianza con él. Sí sí, pero no lo voy a estar molestando por eso a esta hora. Pedro, discúlpeme, pero no puedo mandarlo de vuelta, ¿se acuerda lo que pasó en el sesenta y seis cuando creíamos que había sido un error y lo devolvimos? Sí, no me hagás acordar, qué despelote se armó, todos pensaron que fue un milagro de ese, y después, lo canonizaron, ¿cuándo van aprender? Si eso hubiera pasado hoy, no sabés el lío que tendríamos, se hubiera propagado como un virus por las redes sociales. Por eso, entonces, ¿qué hacemos? Metelo en el limbo hasta que se me ocurra algo. Pero, Pedro, en el Limbo se va a purificar. Pará, a estas alturas deberías saber que el Limbo es un invento de los que se portan mal y piensan que nosotros tenemos esa especie de purgatorio como una oportunidad para redimirse, y no es así, lo que hiciste mal, no lo vas arreglar acá. ¿Y entonces?, no entiendo, ¿para qué tenemos algo que inventaron esos y no nos sirve? Cómo que no sirve, Angelito querido, sirve para meter a estos papanatas que se nos vienen encima sin ser llamados, ¿hace cuánto que cayó? Treinta minutos. Entonces mándalo de vuelta. Pero, Pedro. Ya sé, ya sé, qué querés que haga, ¿vos le viste el prontuario? el tipo nos cayó de regalo y no está para perdonarlo, murió en pecado y le toca el Averno. ¿Cómo viajó? Vació de un sorbo la taza de leche. Me imaginé, apurado como todo el mundo, por un papel de diario es difícil, ya nadie los lee por completo, es para morirse, bueno, fijáte qué podés hacer, que caiga por una jaula de mimbre o algo que lo mande derecho con Lucifer. Sí, Pedro. Lo mantengo al tanto.

¿Y, Angelito, cómo te fue? Ya está. Nadie se enteró de que había estado muerto porque cuando cayó después de tomar la leche estaba solo. ¿Y qué hiciste? De un soplo lo resucité, se levantó apurado y como no encontraba la llave de su casa, le puse en el camino una que estaba rota. ¿Y qué pasó? Al cerrar la puerta le cayó un rayo encima.

 

 

Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.  

Junio, 2016 Todos los derechos reservados.