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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI  La trama

Consigna T 5 A partir de los datos del inicio que se transcribe, organice una trama y escriba un relato. (Máximo 1 pág.).


El coronel volvió a abrirse paso, sin mirar a nadie, aturdido por los aplausos y los gritos, y salió a la calle con el gallo bajo el brazo.

Todo el pueblo -la gente de abajo- salió a verlo pasar seguido por los niños de la escuela. Un negro gigantesco trepado en una mesa y con una culebra enrollada en el cuello vendía medicinas sin licencia en una esquina de la plaza. De regreso del puerto un grupo numeroso se había detenido a escuchar su pregón.

Pero cuando pasó el coronel con el gallo la atención se desplazó hacia él. Nunca había sido tan largo el camino de su casa.


El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez. 

 

 

TELARAÑAS


El brillo de la luna se colaba por la ventana y desdibujaba aquellos horrendos pliegues en la pared. Ezequías sudaba tanto que las sábanas se pegaban a su piel. Tenía unos cuarenta, pero los más jóvenes del pueblo, le daban no menos de sesenta. Y no por sabio, sino por el aspecto ajado de su piel. Ezequías se sentó en la cama para pensar, al tiempo que la sombra de la araña en aquellos fuelles se vio desfigurada en forma y tamaño tal, que asustaron al hombre. Qué le pasa a mi coronel, le preguntó su mujer, enredada en la humedad de los trapos. No me digas así, ya te dije que no me gusta. En el pueblo le decían “el coronel” porque había estado en la milicia, y también porque en una noche de juerga, ya pasado de copas, contaba que tenía bajo su mando a todo un pelotón, cuando no era más que un cabo. Un cabo de segunda, pensó.

 Se levantó por fin en lo avanzado de la madrugada y se detuvo frente al gallo. Ayer te hiciste cagón por mí, le dijo. El animal, bajo el párpado cristalino mostró un ojo dilatado, la cabeza torcida, buscándolo, y con la cresta blanda y plegada por la vigilia, lo miraba — se podría decir— dándole la razón. Todo el pueblo se burló de vos, continuó el coronel Ezequías, te vieron salir, así, acobardado bajo mi brazo. El cogote desplumado del ave se mostró en toda su horripilante extensión, cuando inclinó la cabeza en la búsqueda por entender las palabras de su custodio. Mañana, dijo, mañana voy a buscar al retador. Sí, agregó, le vas a dar una paliza a ese Malaquías, y el pueblo entero te va a ovacionar. El pueblo entero va hablar por siempre de la paliza que le dio el gallo del coronel, al más atrevido y malvado de los gallos de riña que existió en este pueblo. Sí, dijo, con el pecho inflado.

Cuando despertó, el sol brillaba en lo alto, recordó la conversación que sostuvo con el ave, en la paliza y en la ovación. Pensó que a partir de la disputa de esta noche, cuando se convierta en el dueño del gallo vencedor, sería justo que lo nombren coronel.

 Fue donde se encontraba su mujer y la encontró cocinando. Cómo está mi coronel, otra vez con fiebre anoche, le preguntó ella. Ya te dije, mujer, que sueño con telarañas. Ella se descostilló de risa mientras él, afligido, no entendía. Es como en El coronel no tiene quien le escriba1, dijo ella. El coronel sueña con telarañas, continuó, y está preparando a un gallo para pelear y salir de la miseria. Ajá, y decime vos, el gallo gana y el tipo ese se hace rico. No lo sé, la narración termina antes de que el gallo pelee. Pero qué clase de historia es esa que no tiene final. Es un final abierto, mi coronel, y lo bueno es que nosotros no vamos a sufrir por hambre como aquellos personajes. Ah no, y cómo vamos hacer, preguntó con curiosidad, al tiempo que la mujer destapaba la olla y un aroma a puchero de gallina inundaba el lugar.


1 El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.  

Junio, 2016 Todos los derechos reservados.