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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI La trama

Consigna T 2 Escriba tres textos breves con los temas más abajo transcriptos. Cíñase exclusivamente al conflicto, no aborde otras instancias narrativas.

(Máximo ½ página cada uno)


1. El personaje y su oposición a la sociedad de su tiempo.

2. El personaje consigo mismo.

3. El personaje contra su entorno familiar.


1. El personaje y su oposición a la sociedad de su tiempo


EL NOTICIERO DE LAS ONCE


Don Floriano arranca las sábanas de su cama, las fundas y toda prenda que le pueda ser útil. Las une unas con otras, luego ata uno de los extremos a la reja del balcón, y suelta el resto. Con  entusiasmo observa cómo, dos pisos más abajo, la otra punta roza la vereda. Acto seguido apoya la púa de su viejo tocadiscos en el vinilo, que ya giraba ansioso por hacer sonar su opus 64 de Chopin.

 Así, Don Floriano estaba dispuesto a comenzar la nonagésima parte de su vida, mientras su familia, enfrascada dentro de esos artefactos modernos e inteligentes, queda atrapada en la maraña de las redes sociales.

Un grito ahogado proviene desde la habitación del viejo. La familia acude de inmediato  para descubrir a la mayor de sus hijas con medio cuerpo fuera del balcón. Abajo, la gente se amontona alrededor de la sábana mirando hacia arriba. Los noticieros caen de a uno, policía y bomberos cortan la calle, y en la vereda de enfrente, un viejo en pijamas sale en las noticias de las once.

— ¿Es cierto, abuelo, que su familia lo tenía encerrado a la fuerza y por eso tuvo que escapar?— Sondeó uno de los periodistas.

 Don Floriano, en vivo para todo el país, y agitando el enhiesto dedo índice, respondió:

—No m´hijito, ni siquiera se dieron cuenta de que crucé en pijamas delante del brillo de sus aparatos —se ríe Don Floriano— allá están, ¿ve?

 La familia toda saluda al país desde el balcón, en el noticiero de las once.



2. El personaje consigo mismo.


LEGÍTIMA DEFENSA


La primera vez que mató a un hombre fue bajo circunstancias desafortunadas, y a pesar de que fue en legítima defensa, de ninguna manera consideró entregarse a la policía. Hoy, diez años después, el cadáver descubierto y el miedo que lo consume. Está en los noticieros cuando desayuna con su familia, en la tapa de los diarios que ojea mientras espera el subte, en los comentarios de la oficina, y en su conciencia.

Marca el número privado de su analista y éste no responde. Deambula por la ciudad sin rumbo mientras los sonidos típicos de la urbe lo persiguen, hasta que el celular por fin vibra en su pantalón. El psicoanalista lo está esperando. Él sabrá indicarle el camino. Él lo acompañó estos diez años. Lo necesita. No es un asesino. Sólo tiene que reordenar las ideas, esperar a que las aguas se calmen y volver a la rutina. Es lo mejor. No es un asesino. El psicoanalista lo conducirá hacia la decisión correcta.

“¡Fernández! No tiene de qué preocuparse. El paso del tiempo borra las huellas. Puros huesos. Nada más”.

Reconoce una buena idea cuando la tiene: El analista es el único que sabe y, además, es su salvación.

No es un asesino. Pero podría convertirse en uno.

 


3. El personaje contra su entorno familiar.


 HINLOOSEN


El silencio sordo flotaba en la mesa. Los cubiertos entre sí producían un eco casi mortuorio. Helmut buscaba tema de conversación, pero cada vez que lo intentaba, su madre se ocupaba en atender a su padre, que babeaba con la cabeza de lado, sin responder a los movimientos impertinentes, que de vez en cuando y de manera involuntaria, estremecían parte de su cuerpo.

  ¡Ahora no, Helmut! ¿No me ves ocupada?

 Lo encontró peor que la última vez. Antes, por lo menos podía identificar en su cara esa mueca de menosprecio. Hoy, sus ojos se pierden en vaya a saber qué pensamientos. Si aún lo odiaba, prefería saberlo. Su madre, todo lo contrario; mostraba claramente síntomas de repugnancia. Lo podía notar en la rigidez de su mandíbula, en sus labios fruncidos y en el material vidrioso de sus ojos, que seguramente se cristalizaron en estos últimos años.

 Helmut tomó su mochila y desde la puerta dijo:

 —Pudiste venir conmigo. Él hubiera estado bien en un centro de atención. ¿No ves que ni responde frente a un estímulo emocional? Mamá, hinloosen1.

 La madre, con furia le arroja tenedor y cuchillo. Pero su hijo alcanzó a cerrar la puerta.


1En alemán, dejar ir.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.  

Junio, 2016 Todos los derechos reservados.