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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura

Consigna C 2 Escribir una historia en tono irónico, en tercera persona, desde el punto de vista de un animal doméstico, por ejemplo, un gato, un perro, un canario. (Máx. 1 pág.)

 


LA TOBIANA


Próximo a querer clarear, el incipiente sol de verano se anunciaba detrás de la lomada entrerriana. El resoplido de la caballada, impaciente, se confundía con las torcazas que amanecían y los búhos que abandonaban la noche.

El primero en salir todas las mañanas era el alazán del patrón, Deogracias. Uno de los menchos lo atendía y lo dejaba manso, cosa que el hacendado Don Celso pueda recorrer su fortuna sojera sin que el animal se le retuerza. El alazán sabía que por ser el potro del patrón tenía ciertos privilegios, mientras que el resto del tropel debía dedicarse a las tareas duras del campo, tales como el arreado del ganado o la caza del ñandú, donde terminaban ensangrentados hasta los más impecables tordillos blancos, incluso hasta el bayo del capataz de la estancia.

Esa calurosa mañana de enero, Deogracias estaba caliente y más impaciente que de costumbre. Se cruzarían con el patroncito de la estancia “Los Mirasoles”, quien montaba una yegua que respondía al nombre de Gitana. Una tobiana que lo tenía a mal traer.

Mientras los estancieros cruzaban palabra, el penco rojizo resoplaba consternado frente a la potra que pastaba sin prestarle atención. El estanciero de “Los Mirasoles” se inquietó un tanto por la actitud del caballo de Don Celso. Y este, muy prendido del animal, infirió que estaba frente a un macho que bien podría servir a la tobiana.  El estanciero se ofendió por semejante impertinencia, y dijo que jamás en su “maldita vida”, así pues lo enfatizó, dejaría que un alazán se cruce con una manchada tobiana de pura sangre, como lo era su hembra.

La relación se había tornado trunca y Deogracias, entre relincho y corcoveo, osó montar a la potranca. El estanciero le acertó un rebencazo y el potro, mañero y caliente, se alzó tan repentinamente que dejó a Don Celso tumbado entre cardos y ortigas. Se abalanzó nuevamente sobre la hembra, su hembra, pero el resultado fue de lo más desgraciado; Deogracias trabó mal sus patas traseras y cayó con mala suerte al espinal. Un dolor agudo y punzante en el espolón lo hizo estremecer. Pero más aún al ver a su yegua montada por el estanciero de “Los Mirasoles”. Y al patroncito, que con una expresión indecisa en su rostro, mezcla lastimosa de amargura y rabia, preparaba la pistola para dar muerte a Deogracias.

Desde entonces, entre relincho y resoplo, se murmura entre los corrales aquella fortuita historia: la historia del alazán que  pereció de forma prematura por culpa de una yegua y su macho racista. Y jamás un potro en aquella estancia, volvió a ser montado por Don Celso, sus hijos, y los hijos de sus hijos.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki.

Mayo, 2016 Todos los derechos reservados.