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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII. El punto de vista o focalización
Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".
Ya en el interior se acomodó en el centro del mostrador e inmediatamente hizo un gesto llamando al posadero. La poca luz que entraba por la ventana, el polvo que parecía levitar en el aire, la alargada sombra de los faroles y el humo expelido por los fumadores daban al lugar un aspecto lúgubre y asfixiante, pero a la vez ameno y amigable.
Dos vueltas de payada amenizaron la espera y lo motivaron a participar. No recordaba la última vez pero sentía que podía hacerlo como en sus mejores tiempos, cuando era él a quien debía enfrentar el ganador de la topada para llevarse el título. Llamó nuevamente al posadero quien estaba sirviendo chicha al mozo parado a su izquierda y una bebida humeante al mozo a su derecha. Ambos jóvenes estaban “calentando” sus gargantas  a la espera de su turno para debutar en la contienda y se lamentaban. “No es lo mismo sin el gran final”.
Miró alrededor y se preguntó quién sería el gran payador que cerraría la jornada. Ninguno de los presentes parecía serlo. Se imaginó enfrentándolo en una larga ronda que llegaría a su fin con el primer canto del gallo, momento en el que sería declarado ganador indiscutido una vez más. Pero el hombre, el actual Gran Imbatible, se hacía esperar lo mismo que el posadero con su pedido.
Pasó el tiempo entre payada y payada mezcladas con gestos y ademanes que ni el posadero ni su ayudante parecían ver. ni oír. Cansado y sediento le pidió a otro mozo, que también se preparaba para la partida, que pidiera un whisky por él, pero no le contestó ni lo miró aunque un gesto de su rostro le dio a entender que claramente le haría el favor, pero no lo hizo.
Ofuscado y sin entender qué pasaba, salió en busca de aire claro y fresco. Pero en la puerta de la pulpería todo se veía más turbio, más oscuro, más denso. Los sonidos del interior llegaban confusos, los acordes distorsionados, las voces superpuestas, los aplausos como golpes en su espalda. Una luz lejana lo encandiló y lo empujó a ingresar nuevamente. Entonces, al leer una vez más el cartel escrito a mano:“ Pulpería Las palomitas". vio que también decía en letra roja y más pequeña: “Hoy homenaje al Gran Imbatible a 5 años de …” . Dio media vuelta, espantado y confundido por la certeza, y con su mano derecha sobre su vientre sangrante rumbeó tambaleante hacia aquella luz blanca que ya no le encandilaba sino que lo invitaba a avanzar.
Cinco años antes, un facón afilado y certero puso fin a la payada antes del canto del primer gallo cuando el ganador de la jornada no aceptó ser vencido por él, un “viejo” llamado “El Gran Imbatible “.

Copyright©Fabiana Sereno. Abril, 2015
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