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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo III Decir y mostrar 

Consigna D 4 Escriba un texto en el que describa el paisaje de la foto. (Máx. ½ pág.)

 

Taller literario La Argamasa

 

 

Fuente: Google

(Termas de Pamukkale, al sudoeste de Turquía)

 

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CASTILLOS DE ALGODÓN


“¿Ve aquella ceja señor? ¿La ve?” Por más que lo intentara la vista no me daba, así es que le dije que sí al paisano para conformarlo, y que se vaya con la dicha de haber ayudado. Miré a mis dos compañeros de viaje que aún venían unos trescientos metros más abajo, empujando sus bicicletas con el cuerpo reventado. Detrás y sobre una camilla improvisada y arrastrada sobre el ripio, nos perseguía el cuerpo moribundo de nuestro amigo.

Al llegar al último escalón  de la colina divisamos, al fin, la ceja de la montaña más alta. Detrás de aquel promontorio que dominaba el valle se erguía, como si fuera un copo de nieve, el castillo de algodón. Dicen que en aquella fortaleza blanca hay fuentes de aguas termales, con propiedades curativas y hasta milagrosas, otorgadas por los dioses griegos. Hacia allá vamos, con la esperanza de salvar a nuestro afiebrado camarada. A paso de hombre y después de un día de peregrinación el panorama iba tomando forma ante nosotros. Cautivados por aquel blanco deslumbrante nos miramos las caras, nuestras caras con ojos desalineados, enrojecidos. La jeta agrietada y la piel marchita. Descendimos por aquellas terrazas en forma de medialuna hasta llegar a la primera fuente termal, cuestión de sumergir a nuestro hermano en la esencia del dios de la medicina. Mientras él respiraba jadeante y con la boca abierta, los demás nos quedamos contemplando aquella maravilla: Resultó ser que se perdían a nuestra visual incontables castillos de algodón que se formaban debajo de una gran cascada blanca, la cual arrojaba sus vertientes con sales curativas sobre un cántaro central, racionando de esta manera esa leche bendita, en infinitas ánforas donde uno bien podría bautizarse. Con el agua hasta la cintura giré media vuelta para ver a mi amigo, que flotaba de costado, en silencio. Había dejado de boquear.

 


Copyright©Miguel Ángel Schernetzki. Marzo, 2015

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