Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VIII El personaje 

Consigna P 8 Una vez concluida la Consigna 7, contar la misma historia en primera persona (Penélope), monólogo interior.

 

 

Está llegando y debe querer que lo recuerde igual que hace diez años cuando se fue y nos dejó. ¿Pero quién se cree que es? Se lo había dicho. Que no se vaya. Que la vida sin él iba a ser muy cruel y muy dura. Que nadie nos iba a cuidar como él lo hacía. Nunca olvidaré cuando me rogó que le acepte su partida como si a nosotros todo nos iba a dar lo mismo.

Todos estos años tuve que aceptar los maltratos de estos malditos que se  aprovecharon de las debilidades de una mujer sola y tenía que coger con cada uno de ellos por un pedazo de pan. Por un mísero pedazo de pan. Porque quedarse varada fuera del palacio, era la muerte. La muerte. La maldita muerte para todos los benditos dioses. Una muerte librada a la delicada suerte de las enfermedades de la plebe. Y yo tenía que cuidar a mis adorados hijos. Y cada día que me acosté con otro pensé en cada uno de ellos, en verlos crecer sanos y tratando de evitar el sufrimiento de tu partida, Odiseo. 

Ay, Odiseo, ahora estás llegando. Me avisaron que aquél es tu barco. ¿Y pensás que voy a rendirme a tus pies? ¿Pensás que vas a contarme tus hazañas y yo mirarte con la sumisión de una esclava que te escucha y te cree como si contemplara este mar sereno? Me importa nada todo lo que hiciste en Troya. Lo que tantos me han querido contar, y yo les dije que se retiren con la cordialidad de alguien que no quiere hablar de un familiar muerto. Si cuando más te necesité para que me ayudes con nuestros pequeños, no estabas. Si cuando Eumeo y Cromio dijeron “papá”, no estabas. Si cuando tus otros hijos empezaron a luchar no tenían quien les enseñe, porque tú no estabas. Y lloraba cada día que ellos se iban con el miedo de que no vuelvan, con ese despiadado miedo de que nunca más pueda acariciar sus cuerpos. Porque cada día era una noche larga y yo me acostaba con cualquiera que se me cruzaba y me seducía con las palabras del pan en mi mesa.

Por eso, cuando hoy te vea no sé si voy a reconocerte. No sé quién serás. No sé si te amaré, si te rechazaré, si te daré vuelta la cara, o si me tiraré a tus brazos. No puedo saberlo. No tengo cómo saberlo. El corazón tendrá mi última palabra o, quizás, el inicio de interminables caricias por nuestros cuerpos después de una vida dentro de la vida. Sí, eso. Mi vida sin vos fue una vida dentro de mi vida. ¿Te extrañaré amor? ¿O te rechazaré amor? Seré la misma mujer que dejaste, o ya no me aceptarás porque he sido tantas mujeres con cada uno de mis pretendientes.  Tu corazón tendrá la última palabra. Nuestros corazones se enfrentarán y nos os lo dirán. Por ahora, sé que no sé quien serás. Esperaré hasta que llegues a mis brazos y te presentes nuevamente ante mí, Odiseo. Ahí, los dos sabremos quién es el otro. ¿Si aún somos el otro? Ahí, sabremos a quién tendremos enfrente. ¿Si seremos tú y yo? Los que hace diez años nos dimos el último beso. El último beso en esa vida dentro de mi vida. Esperaré a verte. Ahora descansaré por última vez sola. Sola. Salvajemente sola.

 

 


Copyright©Diego Salzman.  Marzo, 2016

Todos los derechos reservados