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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VIII El personaje

Consigna P 7 A partir de la lectura del microrrelato El amor es crédulo, de Marco Denevi, escriba otro en primera persona protagonista, desde el punto de vista de Odiseo y otro, desde el punto de vista de Milena.Use en el primero el estilo indirecto, en el segundo, directo. (Máx. ½ pág.)

 


De regreso en Itaca, Odiseo cuenta sus aventuras desde que salió de Troya incendiada. Sólo obtiene sonrisas irónicas. La misma Penélope, su mujer, le dice en un tono indulgente: “Está bien, está bien. Ahora haz descansar tu imaginación y trata de dormir un poco”. Odiseo, enfurruñado, se levanta y se va a caminar por los jardines. Milena lo sigue, lo alcanza, le toma una mano: “Cuéntame, señor. Cuéntame lo que te pasó con las sirenas”. Sin detenerse, él la aparta con un ademán brutal: “Déjame en paz”. Como ignora que ella lo ama, ignora que ella le cree.


Estilo indirecto

Recién llegado de Itaca, Odiseo se encontró con Penélope, su mujer. Le empezó a contar que había visto “el mundo”, que había visto incendiada a Troya. Que había demostrado su genialidad al construir el caballo de madera para entrar en Troya. Su mujer no le creía y le dijo que se vaya a dormir y que siga utilizando esa imaginación en sus guerreros y fantásticos sueños. Odiseo pensaba que para Penélope no habían pasado esos diez años eternos. Que no había sentido su ausencia. Pensaba que para ella la partida había sido ayer. Le dijo que sí y se fue enojado a despejarse con la bella e incansable vista de los jardines. De repente, apareció Milena y le tomó una mano. Le pedía a Odiseo que le cuente su encuentro con las sirenas. Con la brutalidad de una bestia, le dijo que lo deje en paz. Entonces, Milena se quedó acostada con la vista en la partida del hombre que amaba, desconsolada, destrozada, casi llorando con esa piel de oveja que la caracterizaba.

 


Estilo directo

Odiseo miraba las flores del jardín sin contemplar la belleza que tienen esas creaciones de los dioses. Sin oler el perfume que embriaga a los corazones más valientes y menos sensibles. Sin la compañía de una mujer con quien la vista de una flor se alimenta del remedio sublime e inmortal del amor. Sin nadie. Solo. Enojado por la indiferencia de Penélope. De repente, Milena le tomó dulcemente su mano, casi sin tocarlo, y le dijo:?¡Oh, mi guerrero! ¡Mi bravo guerrero! Hazme la única a la que le cuentes tus magníficas hazañas y también tu encuentro con aquellas entrañables, extrañas y hermosas sirenas!?¡Déjame en paz! No estoy para escuchar a nadie?. Odiseo la dejó tirada. Milena se acostó en el suelo con la vista nublada en los mares turbulentos de la tristeza. Odiseo no sabía que Milena lo amaba y que le hubiese creído las mil y una historias que le hubiese podido contar para alimentar el ego de sus victorias.

 

 

Copyright©Diego Salzman.  Marzo, 2016

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