Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VIII El personaje 

Consigna P 1 A partir de los datos que se proporcionan a continuación, escriba un relato breve. (Máx. ½ pág.)


Nombre (a elección) y apellido (opcional), nació en la Argentina, el 16 de mayo de 1889, sexo masculino.

Darle un color de piel y cabello; forma de sus ojos y nariz; estatura.

Una actividad ruda en el campo.

No tiene familia, sólo amigos, uno de ellos lo traiciona.

Posee dificultades para caminar (por ejemplo, una cicatriz muy pronunciada en la ingle).

 

 

Nahuel Ara se había quedado solo. Sin nadie. Un enfrentamiento entre indios y policías lo había dejado huérfano cuando habitaba en un paraje toba, pero conservó sus tradiciones y sus principios. 

También esa riña le dejó para siempre una cicatriz en la ingle, que si bien no fue mortal, le impedía caminar con normalidad, y lo hacía casi como un cojito. 

Cuando tenía ocho años su agresor le clavó un puñal en la zona y luego asesinó a sus progenitores con su inocente presencia. Desde ese día, nació desde la firmeza de sus piernas hacia su sufrida cabeza el conocimiento de la furia y de la venganza como su respuesta ante las injusticias.

Jugando bajo los rayos del sol como lo hacen los niños y, además, su clara descendencia india, le fueron formando esa piel oscura, de color chocolate que brillaba a la luz amarilla de la estrella madre. Sus ojos achinados miraban con desacato por encima de su pequeña nariz, que se perdía en su rostro, y con el resentimiento propio de aquellos que son relajados, burlados y ultrajados por sus antepasados. Todo era pequeño en su cuerpo, salvo la larga cabellera que le llegaba hasta las caderas como un orgullo que llevaba en honor a su familia aborigen.

Empezó a trabajar en el año 1919 como hachero, como no podía ser de otra manera en esa zona del noroeste santafesino. Es que la estancia era el único empleador a mano para miles y miles de desempleados que buscaban trabajo. En la empresa con Juan Vergara y Leonardo Colombi fue estrechando lazos de una eterna amistad, y era con quienes tomaba unos tragos en la pulpería después de las arduas jornadas laborales. 

Cierto día ocurrió una revuelta ante los capataces por el aumento desmedido de precios de los alimentos que los hacheros compraban en la despensa de la empresa. Los hacheros se unieron en un hecho inédito para la época para pedir por un aumento de sueldo. Como no podía ser de otra manera en esos años, la represión no se hizo esperar. Miles de policías vinieron de la capital santafesina para apoyar en el escarmiento a los obreros para evitar la consigna que “si unos piden, otros también”. Nahuel volvió a ver a policías armados, recordándole lo peor de sus años de la infancia. 

Al otro día, el capataz pasó a controlar que cada uno tenga sus hachas para trabajar. Nahuel no las tenía. Juan se acercó al capataz y le informó ´lo que había pasado. Juan fue uno de los que siguió trabajando los dos días que duró la huelga y estaba cansado de hacer el trabajo de los demás.

Fue así que el capataz les ordenó a todos que caminen hacia el quebrachal. Cuando llegaron, ahí estaban las herramientas de Nahuel. Luego, el encargado empezó con su alocución de que le iba a quitar parte de su salario como sanción por su olvido y otro porcentaje por revoltoso. Además, le iba a aplicar unos latigazos en la zona de su cicatriz para que nunca se olvide del desliz. El indio no se resistió y procesó con la naturalidad de alguien que vivió siempre al amparo de castigos y penurias.

Inmediatamente, el encargado les dijo «Empiecen a trabajar, hay mucha madera por cortar y no hay tiempo para perder».

Nahuel se levantó del suelo. Tomó el hacha con la furia de todos los días y se la revoleó al capataz desde unos ocho metros de distancia ante el silencio atónito de sus compañeros, separándole la cabeza del cuerpo. Y les dijo a todos: «Aquí les dejo las herramientas. Vayan y díganle a los dueños que también lo maté».

 

 


Copyright©Diego Salzman.  Febrero, 2016

Todos los derechos reservados