Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 8 Escriba un enunciado en el que el narrador tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo. (Máx. 1 pág.)

 

 

EL ÉXODO


Mañana empezaremos el éxodo. Ni al Mayor le voy a decir. Estoy muy cansado y sin fuerzas ni ganas para discutir con mi ladero. Demasiados dolores de cabeza tengo con los excelentísimos Señores del Cabildo. A veces pienso que quieren entregar el Norte. Y sí, con sus fundamentos y opiniones parece que sólo piensan en el oro y tienen la cabeza sumergida profundamente en los negocios que podrían concentrar administrando el puerto propio y la Aduana como centro de la metrópoli. Pero yo no. La patria no es una empresa, ni son privilegios para unos pocos, ni tampoco arreglos de éstos con los extranjeros que vienen a obtener cuanta ventaja pueden. La patria es un pueblo ilustrado defendiendo sus intereses y sus derechos.

Por todo ello, no quiero que a mi tropa le aparezca el miedo por creer que somos unos cobardes que entregaremos el Norte o que no podemos ser libres y tener un gobierno propio. O peor, que piensen que estamos perdiendo. Ya es una decisión pensada. Muy pensada. La vengo elaborando hace días, pero entiendo que a nadie le gustará que nuestro Ejército, acostumbrado a asombrar al enemigo por sus proezas y su valor, emprenda una retirada entregando sus casas al enemigo y, mucho peor, su ciudad. Pero en el arte de la guerra, a veces, es mejor dar un paso hacia atrás para después caminar con la frente alta hacia adelante y con el sonido eterno de los tambores de la victoria.

Si todo sale bien nos agruparemos en el Sur, recuperaremos a los heridos y los emboscaremos más abajo con el espíritu de la Revolución más vigente que nunca. Eso sí, antes de partir, enarbolaremos la bandera en lo alto. Quiero que mi batallón de soldados no pierda nunca esa fuerza necesaria e invencible que tiene para seguir sosteniendo la Revolución en cada rincón de estas tierras. Sé que esta lucha será larga. Pero no hay que abandonarla. Antes prefiero morirme. Sí, prefiero dejar mi corazón en el campo de batalla y todos mis ahorros utilizarlos para el fin revolucionario, que elegir estar allá en el Cabildo de Buenos Aires, sereno, dando órdenes y recibiendo las bondades y las mujeres de la tranquilidad de las tertulias. Como si aquí todo fuera tan fácil, y cumplir órdenes de los que allá mandan es un deber y no tiene imponderables. Acá, es donde está el verdadero y profundo pueblo, ese que necesita el auxilio del gobierno para defender lo nuestro, lo propio, lo que quieren quitarnos. Los realistas sí que tienen un mandato por obedecer y lo cumplen a rajatabla. Ellos nos destruyen; no tienen miramientos ni dudas cuando pueden matarnos. Ellos saben que si nos debilitan aquí y en todos los frentes cardinales terminarán quedándose con el Interior y, después, con Buenos Aires. Es inevitable. Ni eso pueden entender los que miran con desdén al pueblo desde su ombligo centralista.

Ya se está haciendo tarde. Estoy cansado. Debo dormir. Tengo que dormir. ¿Qué será de nuestro cielo celeste y blanco? ¿Seguirá iluminando nuestro camino o se pondrá oscuro como cuando empiezan a caer los nuestros en una guerra? Mañana será una travesía muy larga y tendré que persuadir a Eustoquio. No le gustará retroceder. Mi Mayor siempre quiere ir al frente. Tendrá que entenderlo. ¡Aunque es una mula, madre mía! Es un gran estratega y un gran  luchador en la guerra. A eso no lo dudo y lo quiero siempre a mi lado, pero mi corazón me dice que debo cuidar a los míos. Y debemos bajar al Sur. Llamaremos casa por casa y salvaremos las vidas de todos ellos. No quiero que muera uno solo ni que ninguna familia quede a la deriva sin el cuidado necesario. Tengo todo pensado.  Muy pensado. Me lo repito una y otra vez, porque esta decisión me costó tomarla, y ahora me siento seguro de que es el paso inevitable que hay que dar. El único que nos permitirá defender la tierra de los realistas. Después, les quemaremos todos los lugares donde puedan aprovisionarse de comida, de agua y de fuego; se la haremos difícil para su supervivencia. El clima se encargará del resto. Estoy seguro que no tienen la ropa necesaria para pasar las noches frías del otoño y sus caballos morirán de frío. La noche en el Norte es temeraria. Así, seremos nosotros: temerarios con el enemigo. Los vamos a destruir. Sí, hasta que se vayan de nuestra tierra. Y se vuelvan a España. Duérmete Manuel. Ya has hecho demasiado por tu gente. Mañana será un día celeste y blanco. Lo presiento. Estoy seguro.  Sí, nuestra Independencia está cerca. Lucharemos hasta la victoria. Y para cada uno de nosotros esa será la gloria. Vencer al enemigo es la gloria. Ser libres es vivir. Ser independientes es nuestro único horizonte y nuestra única lucha y a la que nunca renunciaremos. Nunca.

 


Copyright©Diego Salzman.  Febrero, 2016

Todos los derechos reservados