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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, su estructura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura 

Consigna C 1 Reescribir A la deriva en primera persona (desde el punto de vista de cualquier personaje) y observar cómo se altera la historia. Justificar. (Máx. 1 pág.)

 

—¡Ay! Algo me mordió. ¡Ahí estás, maldita!... te enroscás, desgraciada. ¡No le vas a ganar a mi machete! —un golpe certero… —Movete ahora, si podés. —¡Una Yararacusú! —Me llegó a morder bien, la endiablada. Acá está la marca de sus colmillos. — ¡Ay! ¡Cómo duele! El pie me revienta. Me hago un torniquete con el pañuelo y me voy de corrida al rancho. La garganta se me despelleja.

—¡Dorotea! ¡Dame caña! —está caliente y sin gusto. —¡Te pedí caña, no agua! ¡Dame caña! ¡Mujer, no siento lo que bebo! Esto se pone feo. La carne desborda el pañuelo y no está bien que eso pase. El dolor me golpea como un látigo. Tengo que llegar a la canoa. No quiero morir.

Antes de cinco horas llegaré a Tacurú-Pucú. Un poco de fuerza y ya llego a la corriente, a partir de ahí me ayudará el río. Ya llego, ya casi llego. Vamos, que no se duerman mis manos ahora. Ya llegué, qué alivio soltar la pala. Podré ahora ocuparme de mi pierna; está dura como piedra, solo queda abrir el pantalón con el cuchillo y ¡ay! qué dolor terrible, no podré llegar jamás yo solo a Tacurú-Pucú. Voy a pedir ayuda a mi compadre, no puede negarme el favor, no podría albergar tanto resentimiento. Ya solo atracar ha sido suficiente sacrificio, lo va a notar, no puede dejarme tendido ahora. —¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor!— No responde, no puedo perder tiempo,  volveré a la canoa… de nuevo ya estoy en la corriente, me lleva rápido a la hoya. El sol se escondió, no tengo más que recostarme y soportar este fuerte escalofrío. Un momento, ¿estoy despierto? me siento mejor, apenas me duele la pierna, ya no siento sed ni ahogo. Con seguridad, el veneno comienza a irse. Ya estoy casi bien, aunque todavía me cuesta mover la mano, pero ya podré. Calculo que antes de tres horas estaré en Tacurú-Pucú. ¡Qué agradable bienestar! Qué suave somnolencia. —¿Vivirá aún mi compadre Gaona en Tacurú-Pucú? ¿Acaso veré también al ex-patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje? ¿Llegaré pronto? ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que ví a Dougald? ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Sí, seguramente.

Qué extraño, de pronto siento tanto frío, ¿qué será? Y la respiración también está fría.

—Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo conocí en Puerto Deseado un viernes santo… ¿Viernes? Sí, o jueves… Un jueves.—

[Silencio de muerte]

 

 

Justificación

Elegí reescribir “A la deriva” desde el punto de vista del personaje principal. Noto en este instante, que no mencioné su nombre en el texto, pero la omisión de este detalle no provocó un cambio sustancial en el relato.

Al narrar en primera persona desde el protagonista del cuento, elegí además, no alterar el orden cronológico de los acontecimientos. Para evitar la analepsis, empleé el recurso del monólogo interior y el diálogo sin interlocutor, con excepción de las palabras que dirige a su esposa. Con ello, el lector fue enterándose de los hechos al tiempo que le iban sucediendo al personaje narrador.


 


Copyright©Marina

Mayo, 2017. Todos los derechos reservados por el autor