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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Secuencias

Toma 1.

Estoy ansiosa, hoy es como mi primer día, espero que todo vaya de maravillas. Salgo apurada de casa, hace frío, por suerte me puse el tapado azul. Cuando llego a la rambla se están ultimando los detalles, todos en sus puestos, preparados para la acción. Me pongo los lentes oscuros y empiezo a caminar de un lado a otro, al cabo de unos minutos los veo, el grupo de ancianos, cumpliendo su caminata diaria, se acerca a paso ligero. En esta época del año la rambla se ve desolada, sólo ellos y yo, y el ruido inconfundible de las olas al romperse. Meto mis manos en los bolsillos y sigo moviéndome, intentando parecer impaciente. Miro la hora de vez en cuando. Justo cuando los ancianos están a unos pocos metros de mí, aparece él, el hombre canoso, enfundado en su sobretodo negro, y con una actitud que intimida. Levanta el cuello de su abrigo y baja las escalinatas a toda velocidad, se para a mi lado, pasa un brazo por sobre mis hombros, saca la otra mano del bolsillo y clava en mis costillas la 32 negra. No me deja reaccionar, mi expresión se transforma, por el rabillo del ojo alcanzo a distinguir la mirada horrorizada de los ancianos. El hombre del sobretodo negro me obliga a subir las escalinatas casi corriendo, un instante después desaparecemos dentro del auto negro y de vidrios oscuros que nos espera en la calle.

 

Toma 2.
Detrás del lobo marino se asoma tímidamente el camarógrafo con su cámara al hombro. Los ancianos siguen paralizados mirando la secuencia. Incertidumbre, confusión. Bajo las escalinatas ya sin los lentes oscuros y con una sonrisa. El hombre del sobretodo negro me acompaña. Los ancianos no saben si sonreir o salir corriendo. Me acerco a ellos, los saludo. Me reconocen, se relajan. "Saluden a la cámara". Risas.

 

Toma 3.
Mi sonrisa se transforma en una mueca de horror. Me desvanezco. Al abrir los ojos distingo a un señor entrado en años, con ropa deportiva, apretado a mí en el asiento trasero de un auto. Siento un frío metálico que se clava en mis costillas. Alcanzo a ver detrás de los vidrios oscuros cómo pasan las farolas de las luces a toda velocidad. Mis ojos vuelven a cerrarse. El auto negro se pierde en la tarde fría de abril.


A. P.