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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Secretos manoseados

Al mirarme al espejo, nuevamente me veo huyendo, escapándome de aquella situación.


Repaso una y otra vez la escena como atontada: Ramiro, allí; tieso, a los pies de la cama, como mirándome entre los hilos morados de su propia sangre aún tibia. En jirones,  tomadas de su mano izquierda, las sábanas colgaban de la cama, manchadas, salpicadas. En la otra mano, sostenía algo con mucha fuerza. En el piso, dos toallas, un atado de cigarrillos empezado, un cuaderno abierto, el cenicero volcado y varias colillas desparramadas manchadas de lápiz labial, algunos papeles  escritos a mano y un sobre abierto, con el sello postal.

 

Casi no recuerdo qué estaba haciendo yo allí, ¿a qué fui? Lo intento, me esfuerzo por recordar y solo consigo repasar mil veces el mismo cuadro: Ramiro, el cuarto, el revuelo, y yo huyendo, alejándome por el callejón.


Tampoco puedo retener dónde quedó la foto, aquella foto que tanto le disgustó encontrar entre mis cosas.  ¿De dónde salió esa foto? ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Revisó mis cosas?


Si me hubiese preguntado… Si tan solo me hubiera dejado explicárselo… Pero revisó mis cosas. Hurgó desconfiado en mi cartera. Manoseó mis secretos sin pensar.


Y me entristezco sin poder unir esos momentos cruciales en mi memoria. Solo me veo nítidamente corriendo por el callejón.


Laura