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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

SANTA MADRE

Pensemos algo rápido, Juanita, el doctor está por llegar de la reunión del Rotary y yo me retrasé en la Iglesia. ¿Qué se le ocurre que le puede servir para cenar? Algo sencillito, sin salsas ni picantes, ya sabe que el doctor está con una dieta estricta por sus problemas intestinales.
¿Me preparó el jugo de zanahoria? Excelente, querida, qué bueno que es contar con usted… y la mesa ¿ya está puesto el mantel y la vajilla?, bien, siempre tan práctica y organizada, usted…
No sé en qué momento lo haré pero realmente “debo” reunirme con el padre Alfonso, necesito que me aconseje sobre esta relación nueva de Juan Ignacio. ¿Usted qué piensa? No, deje, deje, ya sabemos todos que cualquier cosa que hagan los chicos, para usted está bien… no puede discernir entre lo bueno y lo malo… no se preocupe, es una cuestión de educación, los que tenemos otra preparación separamos mejor lo correcto de lo incorrecto.

¿Cómo puede ser que me esté pasando esto? El primogénito de una de las familias más reconocidas de esta ciudad, le dimos la mejor educación, las mejores personas para relacionarse, las mejores oportunidades para posicionarse en su trabajo… y este chico viene a presentarme como novia a la hija del encargado del edificio. ¡La hija del encargado! Reconozco que no es lo mismo ser el encargado de un edificio como este, ubicado en plena Avenida Alvear que ser el encargado de un edificio en cualquier otro barrio, pero no deja de ser una chica de pocos recursos… por lo que contó mientras tomábamos el té, siempre escuela pública, poca vida religiosa, vida social nula, por lo menos en relación con la gente a la que nosotros frecuentamos.
De todas formas, supongo que se le va a pasar. Estos metejones de los jóvenes con gente de pocos recursos suelen suceder en las mejores familias, ¿no? Usted me tiene que ayudar, Juanita: Juan Ignacio siempre la escuchó más que a mí, sabe Dios por qué, siendo yo la madre y usted la señora que limpia… debe tener algo en los genes que lo hace encariñarse con el populacho… cariñosamente se lo digo, usted sabe que yo la aprecio mucho.
¿Vino la del sexto a pagar la cochera? ¿Todavía no? Ay, qué stress me causa esto de administrar diez cocheras diseminadas por la ciudad… la gente se queja de todo, siempre tienen una excusa para retrasarse en el pago. Le tengo que decir al doctor que se empiece a encargar él, yo me amargo la vida con esta tarea, mire ya me está empezando a doler la espalda de sólo pensar que mañana la voy a tener que llamar para reclamarle que cancele la deuda. Hágame acordar que me saque un turno en la masajista, esta rutina me va a arruinar la salud.
Bueno, volviendo al tema de Juan Ignacio. Ya nos pasó algo parecido con Martín, ¿se acuerda? Pero con la ayuda de sus hermanas, que gracias a la Virgen son dos santas, tan colaboradoras y dóciles y siguiendo los consejos del padre Alfonso, logramos sacarle esas ideas “zurditas” de la cabeza. Y digo zurditas porque ponerse de novio con una de las chicas que trabajaba en la clínica con él no era el problema. Una enfermera tampoco es alguien sin instrucción, un poco falto de clase quizás pero por lo menos era preparada. Pero esa chica, Carolina se llamaba… venía de un barrio pobre, de esos a los que uno a veces va para hacer caridad pero que cuando sale agradece al Cielo, haber nacido en la otra parte de la ciudad, claro. Y lo que era peor: ¡me discutía todo! Estaba parada en el papel ridículo de la militante política, de esas que creen en la igualdad de oportunidades, en la distribución equitativa de la riqueza y demás utopías, ¿vio? Cosas que en la vida real no se dan.
La peor pelea la tuvimos cuando llevaban casi dos años de noviazgo, cuando yo la invité a participar de la colecta anual de Cáritas y me dijo, muy descarada, que ella no creía en la caridad: “La caridad se practica desde arriba hacia abajo, lo realmente importante es ser solidario y tender a buscar la igualdad”, mire, me acuerdo exactas las palabras. Y encima se metió a criticar a la Iglesia, justo la institución que yo más apoyo y defiendo. Por aquellos días había surgido ese escándalo del titular de Cáritas que se había ido de vacaciones al Caribe con una amiga y había sido escrachado por todos los medios. Yo nunca creí esa historia, estaba armada por los diarios afines a este Gobierno izquierdista y corrupto, que lo único que hace es defenestrar a la Iglesia y a la gente de bien como nosotros. Pero, claro, a Carolina le vino como anillo al dedo… me dejó así de chiquitita en la discusión.
Esa noche, no me la olvido más, al doctor le agarró un preinfarto y terminamos todos en el Sagrado Corazón haciendo chequeos y estudios y a partir de allí apareció un problema de salud atrás de otro. Por suerte, el padre Alfonso, que es un iluminado, me dijo: “es el momento indicado para que hable con Martín y que este chico entienda que esta mujer puso en riesgo la vida de su padre y que a usted aún no le ha pasado nada malo porque es más fuerte de lo que todos pensamos”. Yo no me animaba a decirle nada. Usted sabe que Martincito tiene un carácter muy fuerte, realmente creí que no iba a hacerme caso y que sólo me alejaría de él. Así que le pedí ayuda a las chicas, menos mal que Dios me dio dos princesas tan comprensivas y colaboradoras, por el bien de la familia se animan a cualquier cosa, mire.
Entre las dos lo agarraron a Martín a la hora del té y entre masitas y scones lograron que reviera su postura. Se ve que él no estaba tan enganchado con esta Carolina porque enseguida entendió que lo mejor era cortar con esa relación. Y también se ve que la buena cuna y la buena educación recibida no han sido en vano. A los pocos días, la dejó, pobrecita. Digo “pobrecita” porque, a pesar de ser muy bonita, con ese carácter y ese origen va a ser muy difícil que consiga otro novio de las características de alguno de mis hijos.
Mire que lo persiguió, ¿eh? Llamaba por teléfono a cualquier hora, se aparecía en la puerta de casa, le escribía e-mails. Yo, en nombre de la santa tarea que había asumido, como buena madre que soy, me tomé el trabajo de copiarle la clave del correo electrónico y unos cuantos e-mails logré interceptar. Sin embargo no hizo falta que trabaje mucho sobre eso, las chicas deben haber hablado muy clarito con él porque nunca más cedió a la tentación. Son igualitas a mí, lo único que nos importa es mantener a la familia unida y por el buen camino.
Y ahora, se repite la historia. ¡Ay, Juanita! ¡Cuántos disgustos me dan estos chicos! Mañana, sin falta, cuando Usted salga para el supermercado me voy a ver al padre, a ver qué me aconseja. No se olvide de robarse algunas bolsitas transparentes de la verdulería del super, las vamos a usar de separadores para el freezer, así no gastamos tanto… esta inflación nos va a matar, menos mal que el doctor consiguió un buen contador que le está “dibujando” las declaraciones juradas, no hay que darle ni un peso de más al Estado, si total se lo roban. Que paguen impuestos los que usan la escuela pública y los hospitales públicos, ¿por qué tenemos que pagar nosotros si tenemos todos estos servicios por otro lado? Es una vergüenza la forma de manejarse de este Presidente.
Bueno, como le iba diciendo, mañana sin falta me voy para la Iglesia. El padre va a saber decirme qué hacer. No puedo permitir que el mayor dilapide su vida junto a la hija de un empleado que lo más importante que hace es mantener el ascensor funcionando y limpiar la vereda. ¿Se imagina si esto prospera y se llegan a casar? ¡Qué horror! ¿Cómo explico a mis compañeras de gimnasio semejante unión? De ninguna manera… de sólo pensar en una cena navideña sentada junto al portero y su mujer, se me crispan los nervios.
Estoy escuchando la puerta del ascensor, debe ser el doctor que llega de su reunión. ¿Está la cena lista? No quiero que se altere por nada, no se le ocurra decir ni una palabra sobre esta historia de Juan Ignacio que ya lo tiene bastante alterado el tema. Déjelo todo en mis manos, Juanita, alguna solución se nos va a ocurrir.


Victoria Nasisi