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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Retrato

—Hola, buenas tardes, estamos buscando un portarretratos, ¿tendrá, usted, uno como para poner el retrato de una tía? No conseguimos enmarcarla correctamente. Todos los marcos se han roto.


—Bueno, verá, —dijo amablemente el vendedor— no es cosa fácil. No cualquier marco va para cualquier tía, perdón, foto —nos aclaró sonriéndole a mi hija —Si me contara algo usted de ella… ¿Es alta? ¿Es joven? ¿Es gorda?— a la vez que moldeaba con sus manos una árida y gruesa masa de arcilla.

 

Algo asombrada, voy a confesar, percibí que la imagen de mi tía explotó en mi cabeza y se apoderó en un instante de todos mis sentidos. Me invadieron sus formas, sus sonidos y, sobre todo, los sabores de su exquisita comida.


—No era pianista, no, pero sus manos creaban sinfonías de aromas y sabores en su cocina. Viera,  Ud., la cara de mi hija cuando supo que esa muñeca de torta ¡se podía comer!


—Bueno, vamos deduciendo ya su tamaño entonces— dijo algo socarronamente. Limpió ligeramente sus manos, y arrastrando los pies fue hacia las estanterías —déjeme ver… sí, sí, ¿este redondo le parece bien?— buscando complicidad en mi hija.


— ¡Qué va! ¡Si es una saraca! Cómo habrá hecho no sabemos, pero no se parece en eso a sus hermanas, las dos tan redonditas.
—¡Ah!, tiene hermanas. Tal vez quiera llevar uno para ponerlas a todas juntas. ¿Cuántas son?


Y de inmediato se me escapó una risotada. “Má, las tías, ¿juntas?”, soltó a la vez mi hija. Y claro, sería como una maldita condena.
—Son tres. Pero por el cariño que se han profesado siempre, estimo que preferirán deambular la eternidad por separado— mientras le ayudamos en la búsqueda.


—Má, ese de allá, el violeta, ¿puede ir?— Pero no. Me pareció que ese tono no armonizaba con el falso colorido de sus rulos. Además lo vi un poco jovial y pensé que no era el indicado para alguien que contemplaba con tonos ocres el último tramo de su vida.


Aunque, tal vez sería apropiado ¿no? Hoy la vida la lleva a años de distancia de aquellos otros, tan ajetreados y ruidosos, tan alegres y vertiginosos, pero los ha tenido. “Dicen que tu tía anda con un tipo. ¿A vos te parece? ¡Cómo nos hace quedar!”, dijo una tarde mi madre, rompiendo el juramento hecho hacía no más de una hora a su otra hermana.


—Vea, Ud., no llevaré ninguno. No encuentro el apropiado. Regresaré con la foto y trataremos entonces de enmarcarla, si es que ha llegado ya su tiempo de reposo.


Laura