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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Querido diario

19/10/12
Alrededor de las 12:30, con mi sobre en mano, y una indisimulada sonrisa de escritora novel me encaminé hacia el subte para llegar a Constitución y desde allí, a Lomas de Zamora.

Unos días atrás había visto por internet que en el teatro municipal de esa localidad, se estaba llevando a cabo un concurso de escritores de relatos y cuentos, en homenaje a Julio Cortázar. Elegí un trabajo del taller literario que estoy haciendo y que cumplía con todos los requisitos, lo emperifollamos con la profe, lo dejamos ‘redondito’.
¡Quién me viera y quién me ve! Yo yendo a presentar mi ‘obra’ en un Concurso Literario, ¡ja!
Puse mucha pasión en la elección del sobre, es así que pedí la llave del armario, en el que guardan los insumos de librería (en la oficina, claro), y estuve un largo rato intentando seleccionar el más apropiado: que no estuviera ajado… que fuera lo suficientemente grande y de un material resistente… y claro, era para poner dentro ‘mi relato’, y eso no era poca cosa.
Y hacía allá me encaminaba. Cierto es que nunca voy para esos lados, así que desde el inicio del viaje lo disfruté como un turista.
Desde la ventanilla del tren, pude ver la inmensidad del conurbano bonaerense y sus millones de habitantes que insistían en ingresar o salir del tren cada vez que este se detenía.
Todo me llamaba la atención. Todo me resultaba maravilloso.

Llegamos a Lomas y descendí presurosa, apretando mi sobre, como un “hijo” dilecto.
Mi orientación no era la correcta. Minutos después me percaté que había cruzado la estación en el sentido equivocado. Consulté a un transeúnte por la dirección que tenía escrita en un papelito. Me indicó muy amablemente: ‘no señora, es del otro lado’. Así que hacia allá corrí, siempre con mi sobre bien apretadito. Tenía que llegar antes de las 14:00 hs., porque en ese lugar atienden de 9 a 14, detalle no menor a esta altura. Eran las 13:45.
Volví a mirar la dirección para no perderme otra vez, y descubrí que la distancia no era un par de cuadras, sino como 7 u 8.
Para colmo, comenzaba a llover. Yo tenía paraguas, pero cada vez que lo abría, e intentaba sortear el paso entre los cientos de personas que al mismo tiempo pretendían ir para el mismo lado, (sin contar a los que regresaban de sus tareas cotidianas, que también querían caminar por el mismo lugar)… decidí que lo mejor era apurarme y tratar de no mojar mi sobre.
Mi sobre, pobre, tan primoroso que estaba, ahora lucía marcas de los apretujones y comenzaba el inevitable proceso de humectación natural.
Crucé varias calles, doblé un par de veces…. corrí como enloquecida a la vez que pispeaba de reojo mi pequeño reloj, (demasiado pequeño, cuando pueda me voy a comprar uno más grande y con número ¡bien grandes! “Bueno, si gano este concurso, lo haré con el dinero que me van a dar”, fantaseaba).
Finalmente llegué al Teatro Municipal de Lomas de Zamora, ya eran las 14 hs y el personal aún no se había retirado. Podía verlos detrás del mostrador. Entré, sacudí mi sobre, intenté plancharlo con mis manos, y alzando la vista les sonreí ampliamente a las dos señoras que me miraban tiesas y con cara de pocos amigos.
–Vengo por el concurso literario para presentar este sobre…
Mientras una me lo arrebataba de la mano, y completaba mi frase ‘sí, sí, el concurso Julio Cortázar’,  la otra sacó de inmediato un cuaderno de tapas duras rayado, igualito al que usan los chicos en la escuela primaria, escribió rápido 2 renglones con algo así como: “Recibo un sobre para el concurso, bla, bla, bla”, y me pidió muy amablemente:
–Firme acá por favor.
Para no hacerles perder más tiempo, solté el paraguas (que cayó al piso) y firmé el solemne cuaderno de recepción).
Intenté consultarles acerca del material que estaba dentro del sobre, y si debía cerrarlo o no, pero cuando me incorporé del piso, luego de recoger el paraguas que había soltado para liberar mi mano derecha para firmar, noté que las señoras ya habían llegado a la puerta del teatro, habían apagado las luces de la recepción y comprendí no solamente que estaba todo correctamente presentado, sino que debía imitarlas, así me lo hizo saber  de inmediato el señor de seguridad.
Bien, ahora sí, ya sin tanto apuro, debía desandar el camino hacia la estación, y rogar que mis jefes no hayan notado mi ausencia. Eso sí, ya nadie me sacaba la sonrisa que se había dibujado en mi cara.
Qué lástima que ya no fumo, me hubiera encendido un cigarrillo.

20/10/12
Anoche soñé con el concurso.
¡Qué hermoso sueño! La entrega de premios se hacía en un teatro increíble (que no era el Teatro Municipal de Lomas), y cuando anunciaron la obra ganadora, reconocí el título de mi relato y salté como enloquecida en la butaca,  al mismo tiempo las luces me enfocaban encegueciéndome. Mi imagen se podía ver en las enormes pantallas que había en todo el teatro.
Inmediatamente me condujeron hacia el escenario, donde el mismísimo Julio Cortázar me esperaba para entregarme el premio, era una copa enorme de oro, y la gráfica de un cheque por U$S 1.000.000. ¡Sí! ¡Un millón de dólares! No podía creerlo, pero la sonrisa de Julio y la de todos en el escenario lo confirmaban.
Me susurró algo al oído. No pude comprender bien lo que me decía… entonces me desperté.
Ya no conseguí volver a dormir, así que disfruté evocando cada detalle del sueño.
Eso sí, algo me inquietaba. No sabía bien cuándo se iba a dar a conocer el nombre de la obra ganadora, así que, en un horario razonable, llamaría al teatro para consultar.

25/10/12
No consigo comunicarme con el teatro desde hace varios días.
Revisé todas las bases y no dice cuándo se van a dar a conocer los ganadores. Y, al parecer, no está bien apuntado el número de teléfono.
Cada vez que llamo me atiende una señora que no comprende que lo que quiero es comunicarme con el Teatro Municipal de Lomas de Zamora, y me insulta con desconsideración. La última vez me amenazó con denunciarme con la policía.
No volví a llamar, por las dudas.

10/11/12
Hoy, aprovechando que es sábado y que el día está lindísimo, decidí ir nuevamente hasta Lomas de Zamora, específicamente al Teatro Municipal, para averiguar el tema del concurso, me tiene preocupada no saber cómo me habrá ido.
Decidí tomármelo con calma y emprender el viajecito que tanto me había gustado hacer.
Claro, desde mi casa el camino es más largo, pero nada es imposible.
Tomé un colectivo hasta la estación Villa del Parque, de ahí el tren a Retiro, luego el subte a Constitución y ahora sí, el tren a Lomas.
Esta vez, crucé hacia el lado correcto de la estación, y recordando cada vereda, me dirigí sin dudar hacia el teatro.
Una pena, hoy es sábado y acá no atiende nadie. Y bueno, “agua y ajo”, recordé que la expresión es un dicho popular que quiere decir algo así como ¡aguantarse y a joderse!
“Disfrutemos del paseo, entonces.”, me arengué.
Antes de irme, tomé nota del teléfono correcto para no volver a molestar a la desconsiderada señora.

12/11/12
Hoy llamé al teatro, y esta vez sí pude comunicarme. El señor que me atendió no sabía de ningún concurso. Pero me pidió muy amablemente que llamara al día siguiente.

13/11/12
Nuevamente pude comunicarme con el teatro. ¡Aleluya! Esta vez creí reconocer la voz de una de las señoras que me recibió mi sobre. Pero no sabía de ningún concurso y me pidió que llamara al día siguiente.

14/11/12
Otra vez me comuniqué con el teatro y esta vez perdí la paciencia. ¿Cómo me van a tratar así? A mí, que como escritora novel debiera tener algún trato un tanto más considerado.
Me pidieron el nombre de la obra, mi nombre, mi documento y luego de una larga media hora que me tuvieron al teléfono, me comunicaron que había sido descalificada por identificarme como la autora de la obra. ¡No lo podía creer! De inmediato largué todo en la oficina y me fui disparada hacia allá.
Llegué desencajada. Ingresé al hall a los gritos e inmediatamente dos hombres de seguridad me retuvieron. Pude reconocer a las dos señoras que habían recibido originalmente mi sobre, que se reían entre ellas. Sin poder contenerme les arrojé la cartera, que era lo único que tenía en la mano, con tanta mala suerte que le di a una lámpara y esta a su vez se le cayó en la cabeza a una de las señoras, desmayándola instantáneamente, quien cayó al piso golpeándose la cabeza con un ruido seco que no podré olvidar mientras viva. Hubo corridas, llamadas a la ambulancia, a la policía…
En fin, acá estoy, detenida en la comisaría de Lomas de Zamora.


N. del E.: En los años siguientes y antes de obtener el premio Nobel de literatura, la autora de tan vasta obra literaria, pasó algunos años en la cárcel, condenada por la muerte accidental de una de las recepcionistas del teatro al cual hace referencia en este diario íntimo, encontrado en una subasta pública en París. Se supo que ese concurso quedó desierto y que la obra premiada debía ser la suya, pero por incompetencia del personal del teatro, quedó descalificada.

Laura


Copyright Laura. Noviembre 2012