Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

PUNTADAS E HILVANES PARA EL DOLOR

Hacia allá, después de seis días y sus noches, el hombre llega a Zobeida, ciudad blanca, luminosa, colgada de la montaña sobre un mar centellante. Kilómetros y kilómetros recorridos en busca de alguien que pudiera remendar su corazón. Hilos de colores hermosos que nacen de la misma naturaleza, hilos de una seda tan pura y suave que se deslizan tan magistralmente de lado a lado cerrando las heridas más difíciles.
La tierra de Zobeida recibe tal cantidad de luz que todo lo que crece y se desarrolla en sus entrañas adquiere un colorido y un brillo exagerados. Se dice que el sol y la luna hicieron un pacto para brillar siempre y nunca eclipsarse; cuando ella entra en sus fases menguantes, a través de sus rayos, el sol proyecta luz a las estrellas compensando y potenciando el esplendor de la luna.

Y fueron los grandes dioses cuando repartieron sus dones, sus alquimias y sus fantasías en las distintas ciudades del mundo, que eligieron a Zobeida para que la seda que produjeran sus gusanos fuese la más brillosa aprovechando la luminosidad del lugar. Y es Arcaida, la costurera, que recibe a la gente y ayuda con su arte de mezclar los hilos, coser heridas, suavizar dolores y mitigar el desamor. Es una tradición ancestral del lugar y nadie se pregunta el porqué. Nadie sabe de dónde vino, cuántos años tiene, si es vieja o si es joven, si es real o no. Todos saben que en su magia está el curar.
Camina el hombre lentamente y de pronto advierte que sólo ha recorrido calles desiertas. Sin embargo se ha sentido observado, como si todo el pueblo supiese de su malestar y secretamente lo acompañasen. Calles muy estrechas que suben y bajan con un suelo tapizado de un ripio que no deja de brillar. Paredes blancas y puertas de colores limpios.
Su ropa oscura, sucia y deshilachada contrasta con el lugar y mancha esa naturaleza tan celestial. El sol comienza a ceder; entra de costado proyectando su sombra muy larga y en diagonal. Las aves armónicamente despliegan su vuelo hacia sus nidos y dejan impreso su perfil sobre el mar. Ya falta poco. El cielo dibuja unas pocas nubes que muy despacio van cambiando de color. Mira para atrás y es el mismo mar, el mismo cielo, las mismas calles en un paisaje distinto.
El destino está muy cerca para cambiar su fatiga, su hastío, su tristeza, su alma rota, sus sentimientos ajados… Llega la última curva y a pocos escalones ve la puerta amarilla. Arcadia lo espera. Puntadas, hilvanes y costuras que suavizan el dolor.

Valeria Sáenz

Copyright©Valeria Sáenz, 2014
Todos los derechos reservados