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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Otra historia

“Es larga la carretera, cuando uno mira atrás
vas cruzando las fronteras sin darte cuenta quizás…”
(Charly García)


Titular diario El Día de la ciudad de La Plata, 28 de Noviembre de 1978: "Como si se la hubiera tragado la tierra". El comisario local confirma la noticia de la desaparición de la señorita Ángela Bermúdez, tras intensas búsquedas no se ha logrado dar con su paradero, su familia desespera.


Septiembre de 1978.
Era un digno día de la primavera en la ciudad de las diagonales, el solcito calentaba y los jóvenes iban desfilando hacia el parque Saavedra. Angelita cargó su bandolera y salió muy contenta de su casa tarareando una canción de Sui Generis. Otro 21 de septiembre para disfrutar con amigos y buena música, pensó.

Todos se encontraron en el parque; mate, guitarra y algunas otras yerbas circulaban por ahí.
Angelita escuchó una de sus canciones favoritas: "Detrás de las paredes, que ayer te han levantado, te ruego que respires todavía...",  inmediatamente buscó esa voz ronca y tierna a la vez que la hizo estremecer. Fue un instante mágico, cuando sus ojos se cruzaron con los de Juan, el parque desapareció y supo que su vida cambiaría para siempre. Dicen que el amor nace en primavera, y así fue, Angelita y Juan desde ese momento supieron que iban a transitar el resto de sus vidas juntos.
Hasta que un día, Angelita recibió una noticia de su padre, por esas cosas del destino debían mudarse a Trenque-Lauquen; su padre trabajaba en Entel y lo trasladaban con el cargo de jefe en aquella ciudad; Angelita casi se desmayó con la noticia, no quería y no podía separarse de Juan, ¡qué iba a hacer ahora!
Por la noche, mientras todos dormían en la casa, juntó algunas cosas en un bolso y se fue. Sus pantalones anchos y su camisa floreada se perdieron en la ciudad. Terminó en una pensión de mala muerte, muy lejos de su casa. Estaba desesperada, Juan había viajado a Buenos Aires y no regresaba hasta el lunes. Empezó a escribirle una carta con mano temblorosa, diciéndole que lo amaba, que no podría vivir sin él, que de ninguna manera se iba a ir a vivir a Trenquen-Lauquen, que antes que eso prefería la muerte. Al terminar la dobló bien chiquita y la escondió en un hueco que encontró en el ropero. Después el sueño pudo más, y aún vestida, se durmió hecha un bollito.
Juan, una mezcla de poeta, músico, amante de la libertad y las causas justas, y fanático de Sui Generis, paraba en el Hotel Almagro. Había viajado a Buenos Aires por unos días para probar suerte, le había llegado el rumor de que buscaban un guitarrista para una nueva banda de rock. Se sentó en la cama, rasgando una melodía en su guitarra, pero no pudo dejar de pensar en Angelita. Algo lo inquietaba, intuía que ella no estaba bien, por la tarde había pasado por un teléfono público y había llamado a la casa, allí le dijeron que Angelita no estaba. Dejó la guitarra a un costado y lápiz en mano se dispuso a escribirle una carta, "quizás porque no soy de la nobleza, puedo nombrarte mi reina y princesa y darte coronas de papel de cigarrillo...", así empezaba, al terminar la dobló y la guardó en un hueco que encontró en el ropero de la pieza.
Al día siguiente seguía sintiendo esa sensación rara, como si algo le estuviera pasando a Angelita, así que cargó su guitarra al hombro y caminó hasta la estación para regresar a La Plata. Ya en el tren se dio cuenta de que se había olvidado la carta en el hotel, eso no importaba, le escribiría otras. Eran las cinco de la tarde cuando llegó, no encontró a Angelita en ninguno de los lugares que frecuentaba, ya empezaba a desesperarse cuando dio con una de sus mejores amigas quien le contó lo sucedido. Atravesó la ciudad rumbo a la pensión y allí, por fin, la encontró.
El plan era sencillo, saldrían por la madrugada para que nadie los viera y tomarían el primer tren a cualquier lado, que los llevara muy lejos de allí. Y así fue, como dos fugitivos, sin más que un pequeño bolso y una guitarra, caminaron hasta perderse en la noche sin dejar rastros. El amanecer los encontró acurrucados en un vagón, por la ventanilla se veía como el sol se levantaba por encima de los campos.


Un día después el padre de Angelita dio parte a la policía por la desaparición de su hija, por suerte el comisario Giménez era su amigo y seguramente iba a ayudarlo. Tras las investigaciones, los agentes dieron con la pensión donde la joven había parado por aquellos días. La única pista: una carta. Que no decía mucho, pero decía todo, aparentemente Angelita, desesperada por la noticia de la mudanza a Trenquen-Lauquen, se había ido de su casa para no separarse de su novio. Algo era claro, la carta rezaba "antes que eso prefiero la muerte", el comisario empezó a barajar la hipótesis del suicidio, pero si se había suicidado, ¿dónde estaba el cuerpo?. En el revés de la nota había un número telefónico, al rastrearlo dieron con un hospital, allí tampoco había rastros de Angelita. Corrían tiempos violentos y raros por aquellos días, las desapariciones eran moneda corriente, no había mucho más que el comisario pudiera hacer por su amigo.


19 de septiembre de 2010.
Recorro el país en busca de historias, de paso en Buenos Aires hago noche en el Hotel Almagro. La habitación tiene aspecto de otros tiempos, en el viejo ropero cuyos estantes están forrados con papel de diario, encuentro una carta escondida, de Juan para Angelita, fechada en 1978.
21 de septiembre de 2010.
Hoy el destino me trajo hasta El Bolsón. Después de un vuelo tranquilo y un par de horas en micro, dejo mis cosas en el hotel y salgo en busca de historias. Cámara en mano camino por el valle, y una canción me hace detener: "Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad, guardaba todos mis sueños en castillos de cristal...", una voz ronca y tierna a la vez me hizo girar, ahí estaba él, cantando con su guitarra, y ella lo miraba con los ojos llenos de amor.

A. P.