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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Mosqueteras

La vimos entrar enfundada en un piloto espléndido. Llenó el espacio con su presencia exudando un aroma tan suyo. Como siempre, pidió disculpas por la tardanza y fiel a su costumbre de evitar cualquier contacto, nos saludó tirando un beso con la mano.


A las tres nos sorprendió el pulóver colorado que llevaba Teresa. Siempre de beige o de azul, era raro verla con algo de color tan vivo. Ninguna dijo nada. Nos pusimos a hablar como solíamos hacerlo, pero el ambiente era distinto. Yo que la tenía frente a mí, me di cuenta de que estaba maquillada. Me extrañó mucho, sólo lo hacía para algunas fiestas y además nunca lo necesitó. Noté también una pizca de desconcierto  tanto en Clara como en Paula.


Pepe se acercó con el pedido, el mismo de los últimos treinta años, y mientras nos servía lanzó con un exagerado acento español: “¡Pero qué guapa está usted, doña Teresa!”. En su boca, apareció una sonrisa que nunca le habíamos visto y, con una suavidad poco habitual, dijo: “Me enamoré”.

“No voy a morirme, pero no quiero vivir para volver a amar a ningún hombre”, nos había dicho la trágica tarde que supo que no se casaría con Santi. Ya no faltaba más un mes para la boda y habían destronado a la princesa. Estábamos en su cuarto sentadas en el piso: Clara embarazada, Paula se pintaba las uñas, yo con mi beba en brazos y Teresa orgullosamente aguantaba el llanto.


Nunca la vimos llorar, pero el dolor anidó en su corazón. Gestos apretados, miradas ciegas, caricias lejanas… y pasó a ser nuestra D’Artagnian. Cambió desamor por amor, dando, ofreciendo, brindando, acompañando. Muchas de las cosas que hemos logrado cada una en la vida hubieran sido mucho más difíciles de conseguir sin Teresa.


Nunca imaginamos que a los cincuenta Teresa iba a derribar sus corazas dejándose traspasar, que iba a volver a sentir… nunca imaginamos que nuestra D’Artagnian fuera a librar semejante batalla… nunca imaginamos que íbamos a festejar alguna vez un logro de ella para ella… ¡cuánta felicidad!

Valeria Sáenz


Copyright©Valeria Sáenz, 2013