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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Lo esencial no es invisible a los ojos

Todas sabemos que la vida nos divide en dos grupos bien definidos: las chicas fashion y las chicas grasas. La pertenencia a uno de estos grupos puede hacer de nuestra existencia un éxito o una ruina.
No dejar que nos ubiquen en el sitio de las grasas es el secreto. Si esto pasa, es muy difícil de revertir.

Lo más importante es saber comprar: no hacer caso a los consejos de revistas tales como “elegir lo clásico, lo que nunca pasa de moda”. Hay que ser concientes de que la moda pasa, va y viene, se acerca y se aleja, No existe nada que puedas usar temporada tras temporada sin quedar como atrasada. Informarse sobre las últimas tendencias, ver desfiles en televisión, hojear revistas de moda, todo sirve para saber qué es lo que se usa y salir a mirar vidrieras y elegir el nuevo guardarropa, sin dudar. Seguir el último grito de la moda, no importa que al principio parezca sonar como un alarido.
Animarse, atreverse, ser fashion es un verdadero desafío que debemos lograr.
No olvidar los accesorios. Carteras que combinen con zapatos. Sandalias para el verano, botas para el invierno.  Tener en cuenta que todo se transforma temporada tras temporada: bufandas, collares, sombreros, pulseras tintineantes, anillos, aros, echarpes… Si el tip de este invierno son las bufandas, hacer que la abuela se ponga a tejer una de cada color puede ser una buena idea. Si lo que se usan son los collares y pulseras, conseguir algún amigo hippie que nos los venda a precios razonables. Usar todos los recursos a mano.
Y los dos accesorios fundamentales, con los que todas contamos pero que muchas veces no sabemos aprovechar: cara y cabello.
Ir a la peluquería no falla. Un buen corte, cambiar el color cada tanto, planchita, pelo ondulado, suelto o recogido… son todas variantes que hay que explotar. Y aprovechar para que en ese sacrosanto lugar nos hagan todo: manos, pies, limpieza de cutis, clases de maquillaje, masajes relajantes, todo suma a la hora de convertirnos en verdaderos íconos de la belleza y de la moda. No creer nunca que una es una víctima, los beneficios de verse bien son infinitos. No olvidar jamás que los hombres no miran nuestros pensamientos pero sí nuestro cuerpo, nuestra cara, nuestro pelo.
Y por último, tomar la “gran decisión”: sonreír o mantener el eterno mohín de nena malcriada. Las dos posibilidades se corresponden con la imagen de chica fashion, sólo hay que estudiar con detenimiento qué se acerca más a nuestra verdadera naturaleza así no resulta tan costoso mantener la fachada. Y así, lejos del estigma de ser una grasa, podremos salir a comernos el mundo.


Victoria Nasisi