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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

La valija roja

Valeria
Y sí. Yo soy la hermana mayor, tengo que dar el ejemplo. Lucas no tiene ni idea de lo que está pasando, todavía es chiquito. Mejor para él, así no sufre. No es que yo sufra mucho porque se vaya de casa, creo que sin las constantes peleas vamos a vivir mejor. Ver todos los días los ojos enrojecidos de mami y la cara de enojado de papá me tiene harta. Además, a mí mucho no me quiere, siempre prefirió a Martina y habló mal de mí: “ésta se la pasa escondida atrás de un libro, nunca quiere jugar, se las da de inteligente, como la madre”, dice.
No sé qué hacer, realmente. Hace media hora que estoy despierta, dando vueltas en la cama y con ganas de hacer pis. La verdad, la verdad… no me quiero levantar y ver el momento en que se marche con su enorme valija roja a cuestas. ¿Cuánto tiempo necesitará para juntar sus cosas? ¿Qué estará haciendo mami, sola, en el comedor?
Bueno, no aguanto más. Martina está despierta hace rato y llora sin parar. Voy a tener que ir al baño y volver a consolarla, aunque muy bien no sé qué decirle… no puedo contarle que esto es un alivio, va a pensar que soy una egoísta insensible.
Espero no cruzarme a ninguno de los dos en el trayecto al baño. Al final, tengo doce años y tengo que hacerme cargo de todo: de consolar a mi hermana, de entretener al más chico, de no herir a mamá que está tan susceptible que se larga a llorar por cualquier cosa y de evitar la mirada entre triste y furiosa de papá, que parece no tener capacidad de plantearnos lo que pasa con palabras. Mucho menos con afecto. Espero que se apure, que esta pesadilla termine de una vez.

Nacho
Ya sé que todo es mi culpa. Desde los veinte años estoy viviendo una vida equivocada, que no me corresponde. Mi primer error fue creer que una princesa morocha y de ojos como estrellas, con ideas hippies y con estudios podía enamorarse de mí. Ella dice que sí estuvo enamorada pero que, el tiempo y mis constantes desaciertos hicieron que ese amor muera. No le creo, me debe haber usado para sacarse de la cabeza algún noviecito “cogotudo” o para escaparse de la vida asfixiante de la casa de los viejos amargos que tiene como padres.
Bueno, Nacho, el cuentito de hadas terminó. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Casamiento, fiesta, tres hijos, casa, perro… la vida perfecta. Todo a la mierda.
Nunca nos llevamos muy bien que digamos: ella tan nariz parada, con su música, sus libros, sus clases, sus alumnos, sus amigas tan cultas y amables; yo, un simple y tosco camionero que lo más erudito que he hecho en mi vida es leer la sección de deportes del diario. “Erudito”, mandé, mirá vos, ya estoy tirando palabras de profesor…
Es cierto que me jugué todo. El bar ese es una perdición, tendrían que prohibirlo. Me siento a jugar a las cartas y empiezo apostando unos pesos y no puedo parar… parece una enfermedad, no me controlo. Perdí, muchas noches seguidas y lo oculté todo el tiempo que pude. Hasta que cayeron a cobrar: no nos quedó nada, dilapidé ahorros, casa y auto. Y por más que le expliqué mil veces que lo hice para mejorar nuestro nivel de vida y que las cosas no me salieron como las planifiqué, la muy perra no quiso creerme. Así fue que empezó a hablar de separación, del fin del amor y de la mar en coche.
Acá estoy, domingo de asado y fútbol en familia y yo armando la valija para irme a algún hotelucho de mala muerte a vivir solo.
¡Qué triste me siento! La sigo queriendo pero no puedo hacer nada. No soy buen marido ni buen padre, estos tres pibes van a tener que crecer sin mí. Soy un hombre derrotado. En esta valija roja, como los corazones que antes me dibujaba, está lo único que me queda: ropa, fotos, deshonor y desconsuelo.

Martina
No puedo parar de llorar, ya me duele la nariz de tanto sonarme los mocos y la cabeza me estalla. Papi se está yendo de casa, no va a vivir más con nosotros y no sé cómo voy a hacer para seguir adelante.
Valeria se hace la dormida, me doy cuenta porque se está moviendo demasiado. Claro, a ella no le importa tanto, total es la preferida de mami y va a seguir viviendo con la que la apaña. Pero yo… pobre de mí… el que siempre me mimó y defendió de los ataques de estas dos brujas fue papá y se va para siempre.
¿Cómo les explico a mis compañeras de escuela? Que yo sepa, ninguna tiene a los padres separados… ¡qué vergüenza! Voy a intentar mentir y mantener en secreto esta situación la mayor parte del tiempo que pueda, no quiero que me miren como un bicho raro.
Lo escucho y se me parte el corazón. Está cerrando, con mucho ruido, la cremallera de la valija roja. Pensar que la compró hace como dos años para usarla el día que tuviéramos plata para irnos de vacaciones. Valija de mierda, la odio, no quiero ni verla.
Igual, más la odio a mamá, ¡eh! Ella fue la que tomó la decisión, papucho me lo dijo bien clarito cuando fuimos juntos a la verdulería. Yo sé que él la sigue queriendo pero hizo algunos líos, no sé muy bien de qué se tratan, y mamá no lo quiere perdonar. ¡Qué inflexible tiene el alma! No sólo nos deja sin papá sino que lo larga así, solito, sin más que esa odiosa valija, a buscarse un lugar para vivir. No la voy a perdonar nunca, nunca… si quiero puedo ser mucho más mala que ella y el dolor que me está causando no lo voy a superar tan fácil.

Lucas
¡Uh, se me escapó el pis otra vez! ¡Qué raro! Ya tengo cinco años, soy de la sala de los más grandes del jardín y me pasa esto… igual mami no se va a enojar: “es un accidente” me va a decir. Y me va a dar muchos besos para que yo no tenga vergüenza.
Las chicas duermen todavía… ah, no, Martina está llorando. Siempre llora, parece re chiquitita, ¿le dolerá algo? Le tengo que contar a mami así la lleva al doctor.
Me voy a apurar a levantarme porque es domingo y no tengo que ir al jardín. Seguro que me dejan salir a la vereda a jugar con Germán, mi mejor amigo de la cuadra, ¡qué divertido!
Lo escucho a papi haciendo ruido, a ver qué hace… desde mi cama se ve un poquito… ¡guau, qué emocionante, está metiendo ropa en la valija roja! ¿Se irá de vacaciones solo o nos llevará a todos? Seguro que se va solo, nosotros no podemos faltar a clases. Además no hay nadie que pueda venir todos los días a cuidar a Tuco. A las mascotas hay que protegerlas, no lo podemos abandonar así nomás para irnos de vacaciones.
Bueno, voy a correr a ver qué está haciendo y a pedirle que si se va de viaje me traiga algún regalo. Ojalá vaya a Estados Unidos, ahí están las mejores jugueterías del mundo… mmm..., tengo que pensar tranquilo que le voy a pedir.

Susana
Ya me tomé dos pavas de mate, tengo un agujero en el estómago. Y una angustia tan grande en el alma, tengo que encontrar la forma de calmarme para que los chicos me vean tranquila y no se pongan tristes. No va a resultar fácil contenerlos, sobre todo a Martina que está enojada conmigo y a Luquitas, tan chiquito, mi amor, no sé como explicarle lo que pasa.
Fracaso. Es la primera palabra que se me viene a la mente. Soñé toda la vida con enamorarme, casarme y armar una familia hermosa. Nunca se me pasó por la cabeza la separación, ¿dónde quedó el “hasta que la muerte nos separe”?
Nacho está enojadísimo y sé que no puedo esperar mucho de él. Ya me dejó bien clarito que no va a haber ni ayuda económica ni compañía en la toma de decisiones importantes, ni siquiera en aquellas relacionadas con los chicos. No entiendo cómo puede ser que dos personas que se quisieron tanto se transformen en enemigos. Lo único que le interesa es lastimarme, no le importa nada más.
¿No se da cuenta de que ya me lastimó? Dejarnos sin casa, sin auto, sin ahorros… ya sé que es una adicción lo que tiene, como si fuera alcohólico. Pero no lo puedo perdonar, arriesgar así toda nuestra vida… no puedo.
Quién sabe qué consecuencias psicológicas van a recaer sobre los chicos. Estoy cansada de escuchar a todo el mundo que dice lo mismo: “para ellos es mejor que se separen y no seguir escuchando peleas”. Es muy fácil decirlo, yo no puedo sacarme la maldita culpa de la cabeza, ya es obvio que Luqui se hace pis en la cama, con cinco años, por algo que le está haciendo mal.
Voy a tener que salir a buscar otro trabajo. Dar clases a la mañana y a la tarde no me va a alcanzar, somos cuatro a comer y no va a ser fácil. Espero conseguir alguna vacante en algún colegio, para trabajar de noche también. Encima eso, todo el día trabajando y poco tiempo para dedicarle a mis cachorros desamparados.
Ya está cerrando la valija. ¡Al fin! Espero que la agarre y salga de casa sin siquiera saludarme. No quiero escenas de llanto ni de gritos, ni una más en mi vida si esto fuera posible. ¿Por qué será que es mucho más duro ver llorar a un hombre? No lo soporto, que se vaya de una vez y después a juntar fuerzas para salir adelante.

Victoria Nasisi


Copyright Victoria Nasisi. Setiembre 2012