Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Instrucciones para no morir a la hora señalada

 -En primer lugar, deberán identificarse los principales personajes de este instructivo que son la Muerte y usted mismo.
-Es fundamental que le pierda miedo a su contendiente. Su tarea será observarla, medirla y analizar su próximo paso.
-Es recomendable iniciar con la Susodicha algún tipo de relación. Para ello, se sugiere encontrarle un apodo, por ejemplo: Flaca, Huesuda, Puntual, Madame o simplemente Amiga. Usted sabrá qué nombre será el más adecuado de acuerdo al estilo del vínculo.
-Para afianzar la relación entre ambos, es conveniente que entable una conversación con ella cada día. No para atraerla sino para mantenerla de aliada y seguirle pisada.
-Asuma que es una adversaria difícil a la que no se le conoce fracaso.
-Entienda que “la hora señalada” puede ser cualquier hora que le siga a ésta.

Adquisición de nuevos hábitos:
-Cada noche, antes de dormir, salude a la Susodicha y converse con ella. Coméntele sobre su actividad del día, siempre con entusiasmo (aún en los días difíciles). Muéstrese animoso.
-Al levantarse, inicie el día con el saludo ritual, que puede ser más o menos así: —Buen día Fulanita. ¿Cómo estuvo su noche? Seguro con mucha actividad.—. Y cuéntele todos los planes que tiene para el día (reales o no). Despídase de ella hasta la noche.
-Cada vez que se enferme o se sienta mal, vuelva a hablarle: —Hola, Fulanita. Ando medio medio, pero no es nada. Un par de días en cama y como nuevo. ¿Cómo va lo suyo? ¿Bien?—. Recuerde mostrar siempre la actitud de “voy a salir adelante”.
-Supongamos un escenario difícil: lo echó de casa su mujer, con lo puesto, no tiene dónde pasar la noche y encima se quedó sin trabajo. Está sentado en Plaza Once, en pleno julio, a las doce de la noche, mirando a su alrededor la ajena actividad de los pibes que viven ahí y se le acerca uno de ellos y usted piensa: “Este me punguea, tal vez me llegó la hora”. Complicado, ¿no? Bueno, así como está, llame mentalmente a la Susodicha y hable con ella. Coméntele la solución al problema (aunque sea inventada). Salga de usted mismo, incluso, mire a su alrededor, tal vez hasta pueda ayudar a alguien.
-Demuestre alegría, ganas de vivir, entusiasmo, amor, haga proyectos, reúna amigos, quítese de encima –amablemente- a la gente que no le aporta nada. Sea feliz por decisión, que a la Susodicha no hay nada que la mantenga más a raya.

Este instructivo fue realizado en base a la experiencia propia. No se imagina la cantidad de llamados, conversaciones y apodos que recibo por día. Si bien me distraen de la tarea (y mucho), sin duda es el aspecto más divertido de mi trabajo.

 

Marilú Ferro

Copyright Marilú Ferro. Julio 2013