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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

¡Fiesta!

La madre boca arriba con algo como la plasticola en su cara y dos rodajas de pepino en sus ojos. Algo azul, algo nuevo, algo usado, algo prestado… ¿por qué?... “Pavadas, hijita… y vos hoy quietita, esa boquita preciosa lo más cerrada posible… boda de la tía…mucho nervio por todos lados…así que ¡sshh!”… “Viejo, tu hija”.


Hombres aburridos frente al televisor, único lugar posible para ellos. Todo tan iluminado, ropa en perchas por todas partes. Aros, collares, brillos, pieles, guantes -¿para qué?-, corbatas, pañuelos. Telas suaves. Espejos.


Esto sí, esto no… mmm… quizás… ¡Ajá!... ¡Nooo, qué ocurrencia! ¡Horrible, fuera!... Muecas, poses, adelante, atrás, costado, un perfil, otro perfil…. Espalda erguida, panza para adentro, hombros derechos, cierres para arriba, cierres para abajo. Escotes generosos, brazos desnudos… transformación.


“Nena, aquí no… allá tampoco, vamos a tu rincón”. Un rulero, dos ruleros… una montaña de ruleros, “¡ja!, ¡ja!, igual a la señora Simpson”. Crema de color, primero y un pincel gordísimo para arriba, para abajo, en redondo por la cara. Párpados de colores, verde, azul, blanco y algo de brillo. “¡Qué lindo ma!, a mí también”.  “¡Viejoooo, tu hija!”.

La niña al rincón otra vez… un poco más cerca…  y un lápiz negro por los ojos, cepillito más negro, pestañas largas y más largas y más gruesas… Mmmm, ¡cuánta pasta roja en la boca!  Labio contra labio, mmmm…


Moños en el pelo, medias blancas tres cuartos con volados, vestido punto “smock” color rosa, zapatos tipo “Guillermina”. “Mami, ¿pasta roja?”. “Al rincón”. “¿Colores en los ojos?” “¡Viejoooo! Un abanico de vestidos tirados en la cama.


El padre y el tío elegantísimos, trajes oscuros, zapatos brillantes, cabellos con gel, algo acogotados y una flor en el ojal… Ella hermosa en su vestido larguísimo, finalmente verde, talle marcado, sandalias plateadas de taco altísimo, breteles casi invisibles, pulseras, collar y aros de piedras preciosas. Peinado recogido y brillantitos diseminados por la cabeza. ¡A la boda! Oscuridad.

 

Salida triunfal, gasas vaporosas, aromas suspendidos en el aire. Radiantes, espléndidos, como en una alfombra roja en cámara lenta hacia el coche. Motor en marcha, ¡listos! “Viejo, ¿y la nena?”
 

Valeria Sáenz

Copyright©Valeria Sáenz, 2013