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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Flores marchitas

Ahí llega. Bien vestido y seguro de sí mismo, como siempre. Ojalá le guste lo que me puse: ¿no habré exagerado con el vestido floreado y los zapatos rojos? Por cómo me observa el tipo que está sentado en la mesa de al lado, me queda bien… no deja de mirarme, hasta me hace sentir incómoda escondiéndose detrás del diario.

¡Qué nerviosa me hace sentir el sólo verlo! Y él, como si nada, me saluda con un beso en la mejilla (que me hace sonrojar) y pide un cortado. Charlamos, de la nada misma, del tiempo, del trabajo que dejamos pendiente en la oficina, compartimos alguna anécdota picaresca sobre nuestra secretaria. ¿Para qué me habrá citado en este bar? Algo importante debe querer decirme, de lo contrario, me lo hubiera dicho en el trabajo, ¿no?
Si supiera el tiempo que hace que estoy esperando este momento… bueno, el momento llegó, parece que a él también le pasa algo conmigo, que él también anhela verme, charlar, reír juntos, besarme… bueno, alguna de esas cosas que yo vengo imaginando y deseando desde hace rato.
Ahí se larga, se animó: “tengo algo importante que pedirte”, me dice. Y con su irresistible sonrisa y sus ojos oscuros me confiesa que le gusta mi compañera de oficina, que quiere salir con ella, que no se anima a decírselo, que necesita mi ayuda para organizar una primera salida grupal. Lo miro anonadada y casi sin poder respirar le digo claramente que sí. Termino mi café, me despido y salgo, casi corriendo, a tomarme el 39. Y dejo que las flores de mi vestido se mojen con lágrimas de desilusión.


Victoria Nasisi